martes, 24 de mayo de 2022

Las obras literarias son como los peces

Si las obras literarias fueran peces, tendríamos solo dos formas de estudiarlas: fuera del agua, sin vida, inmóviles; o en su propio medio, nadando a sus anchas en el amplio océano de los lectores.

Si las obras literarias fueran peces, tendríamos solo dos formas de estudiarlas: fuera del agua, sin vida, inmóviles; o en su propio medio, nadando a sus anchas en el amplio océano de los lectores.

@diegorojasajmad

Pudiera afirmar, aun a riesgo de pecar de esquemático, que a lo largo de la historia de la crítica literaria han existido dos formas de pensar la obra: una, que la entiende como objeto autárquico, cual mónada filosófica, ajena a la realidad, al contexto y a todo vaivén del mundo. Así, una obra literaria solo se comprende en relación con las otras y, fuera de ella y de ese subsistema de obras, no hay explicación posible.

Otra forma de reflexionar sobre la obra literaria es saberla parte de los procesos culturales de producción, distribución y consumo de las comunidades.

La crítica se ha debatido entre estos dos polos, en cuyo espectro pueden manifestarse diversos grados: entre ver su objeto de estudio disecado, inalterable, admirado por ojos de taxidermista; o vivo y cambiante, en su contexto natural, en manos y oídos de emisores y receptores. Podría decir, con Antonio Machado, que el crítico es como el hombre que desea estudiar peces y tiene dos opciones: o pescarlos y arrojarlos muertos sobre la arena para examinarlos mejor, en la inamovilidad, u observarlos vivos, en su fugitivo nado:

Hay dos modos de conciencia:

una es luz, y otra, paciencia.

Una estriba en alumbrar

un poquito el hondo mar;

otra, en hacer penitencia

con caña o red, y esperar

el pez, como pescador.

Dime tú: ¿Cuál es mejor?

¿Conciencia de visionario

que mira en el hondo acuario

peces vivos,

fugitivos,

que no se pueden pescar,

o esa maldita faena

de ir arrojando a la arena,

muertos, los peces del mar?”.

Hay críticos a quienes les basta con los rasgos estéticos para valorar y comprender a la obra, y solo con ello logran construir sorprendentes significaciones. Otros críticos hay, en cambio, que centran su mirada en los procesos culturales que le dan vida y sentido a las obras. Para estos, el “texto”, como señala su etimología, se constituye en un “tejido” cuyos hilos provienen no exclusivamente de la madeja de lo literario, sino que lo social, lo económico, lo político, en fin, lo cultural todo, con sus razones y sinrazones, también ayudan a bordar lo que llamamos obra literaria.

Entender la obra literaria desde la dinámica que establece con su entorno, como los peces vivos de Machado, se convirtió en una opción válida en la crítica literaria latinoamericana a partir de la segunda mitad del siglo XX. Aunque hubo antecedentes notables, esta idea tuvo mayor auge entre un conjunto de críticos, conocidos como la “Nueva Crítica Literaria Latinoamericana”, conformado por el brasileño Antonio Candido (1918-2017), el peruano Antonio Cornejo Polar (1936-1997), el uruguayo Ángel Rama (1926-1983), el cubano Roberto Fernández Retamar (1930-2019), el argentino Alejandro Losada (1936-1985), el venezolano Domingo Miliani (1934-2002), entre otros, cuya diversa nacionalidad nos evidencia un proyecto de crítica de influencia continental.

A pesar de las diferencias de criterio y de método que pudieron haber existido entre ellos, es innegable el aporte de este conjunto de críticos al desarrollo de los estudios literarios latinoamericanos, cuya contribución derivó en un cambio de paradigma en la ciencia literaria que venía haciéndose en estos predios y cuyo énfasis radicó en la idea de reenmarcar la obra literaria en su contexto antropológico y social.

La idea de la Nueva Crítica Literaria Latinoamericana no se limitaba solo a la transformación de los modos de entender y estudiar a la literatura; también eran conscientes de la incidencia política de su propuesta pues sabían que un cambio en el corpus, en el canon y en el saber literario, debía pasar por mutaciones en las estructuras y relaciones de poder: el crítico era, desde esa perspectiva, un sujeto político que coadyuvaría a la reconstrucción de un nuevo espacio plural y democrático llamado “Latinoamérica”. Eso pensaban.

Estas dos formas de estudiar las obras literarias, como peces vivos y como peces muertos, nos conducen a dos visiones distintas y a la vez similares de la literatura. Como dos caras de una misma moneda…

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