viernes, 23 febrero 2024
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La novela que nos enseñó a ver la selva con otros ojos

De todas las novelas escritas por Julio Verne, una en particular nos debe interesar con mayor ahínco pues posee el valor de hablar sobre Venezuela y de cómo somos.

@diegorojasajmad

La colección de novelas escritas por Julio Verne, titulada Viajes extraordinarios, es uno de los mayores tesoros de la humanidad. En ella se condensan los sueños, pesadillas y angustias de los seres humanos y, no por casualidad, ha sido el conjunto de obras con mayor cantidad de traducciones, convirtiendo a Verne en el autor más leído en el mundo.

Si revisamos entrevistas o biografías de escritores del siglo XX y XXI, de cualquier nacionalidad, encontraremos que la mayoría de ellos afirma que los libros de Julio Verne alimentaron las lecturas de su infancia y, en muchos casos, les abrieron el camino a la escritura. De allí la importancia y valor de la obra de Verne, de servir no solo para la instrucción científica de su momento, sino que, a pesar de que muchas de sus afirmaciones ya sean obsoletas o hayan sido corregidas por investigaciones posteriores, sus relatos siguen siendo hoy fuente que nutre la imaginación.

¿Cuáles son esas obras que conforman los Viajes extraordinarios? En total son 62 novelas y de ellas cada lector tendrá su lista de favoritas. Algunos de sus títulos más conocidos son: Cinco semanas en globo (de 1863, esta fue la primera de la colección), Viaje al centro de la Tierra (1864), De la Tierra a la Luna (1865), Veinte mil leguas de viaje submarino (1869), La vuelta al mundo en 80 días (1872), Un capitán de quince años (1878) y Escuela de Robinsones (1882). La última de la colección fue publicada en 1905, año de la muerte de Verne, y llevó por título La invasión del mar; sin embargo, su hijo Michel, basado en manuscritos inéditos dejados por su padre, llegó a modificar y publicar ocho novelas más en los años siguientes.

De todas las novelas de Viajes extraordinarios, hay una en particular que nos debe interesar con mayor ahínco pues posee el valor de hablar sobre Venezuela y de cómo somos, y esa obra se titula El soberbio Orinoco.

Publicada en 1898, ya en la última etapa de la vida de Verne, esta novela tiene como argumento científico la búsqueda del nacimiento del río Orinoco. No será la única obra de Verne en la que se mencione a nuestro país, pues en Los grandes navegantes del siglo XVIII habla sobre el paso de Humboldt por Venezuela, y allí abunda en información de este territorio. Esa obra es propiamente de divulgación científica, como un manual que compendia datos de expediciones, viajes y descubrimientos para el uso de escolares.

Pero, volviendo a la novela, ¿qué nos cuenta? ¿Cómo Julio Verne, el famoso imaginador francés de finales del siglo XIX, logró representar a nuestro país? Veamos.

El soberbio Orinoco es una novela fascinante. Comienza describiendo una intensa discusión entre tres geógrafos venezolanos que se encuentran en la biblioteca de la Universidad de Ciudad Bolívar. Esos tres geógrafos discuten, porque cada uno de ellos tiene una hipótesis distinta acerca del lugar dónde nace el Orinoco. Para resolver el enigma, los tres geógrafos deciden ir en expedición por el río.

Por cierto, este problema de saber cuál es el lugar de nacimiento del río Orinoco vino a resolverse con precisión en 1951, 53 años después de la publicación de la novela de Verne, gracias a una expedición franco-venezolana. Pero esa es una historia digna de contar en otra ocasión.

Volviendo a la novela, a esa historia inicial de los geógrafos que discuten por el origen del río se le sumarán otras dos. Una de ellas es la del sargento Marcial y el joven Juan de Kermor, quienes viajan de Francia a Venezuela en busca del coronel Kermor, padre de Juan, perdido desde hace catorce años en las selvas de Guayana. La otra historia es la de los jóvenes cartógrafos franceses Jacques Helloch y Germán Paterne, quienes están de misión científica por esos territorios. Esas tres historias se irán entrelazando con la finalidad última de dar con el paradero del capitán Kermor.

La obra está hecha con abundantes datos históricos, geográficos, sociológicos, de fauna y flora, y Verne, quien nunca estuvo en Venezuela, utilizó los escritos del explorador francés Jean Chanffajón para construir su relato. No solo eso, sino que además Verne tomó la propia biografía de Chanffajón como modelo para crear el personaje del capitán Kermor.

Así que Chanffajón, quien estuvo entre 1885 y 1887 en Venezuela buscando el lugar donde nace el Orinoco, será el Virgilio que guiará a Verne para idear la trama de la historia y también será el Virgilio de los personajes en su viaje por el infierno verde de la selva.

Y digo que la selva guayanesa es un infierno verde, porque así se describe reiteradamente en El soberbio Orinoco. La selva se presenta como un otro mundo, fascinante y desconocido, lleno de bellezas y riesgos: “En toda su costa la vegetación es exuberante, tupida…, ¡inmensa! En estas circunstancias, la naturaleza se muestra fértil y hasta si usted quiere, hermosa y maravillosa… ¡Pero es un peligro!”.

Julio Verne inserta a lo largo de la novela algunas descripciones de lo que supone es la personalidad del venezolano. Dice, por ejemplo: “Campechano y galante, como buen venezolano”, o también, en otra página afirma: “Como buen venezolano era dado a la broma”. En otros capítulos dice: “Los habitantes de Ciudad Bolívar son demostrativos, apasionados y ardientes”. Así, leyendo esta novela no solo conoceremos acerca de la geografía de la región Guayana, de las peculiaridades de su fauna y vegetación, sino que además podremos vernos a nosotros mismos como un espejo que nos invita a la autorreflexión.

También en El soberbio Orinoco encontramos una marcada diferencia entre las descripciones de los núcleos urbanos y los espacios naturales. Comparados unos con otros, notamos que son breves las referencias descriptivas de las ciudades, y los seres humanos se muestran como insignificantes y minúsculos ante la avasallante e imponente presencia de la selva. Y ese efecto que crea Verne en la obra, aunado a un estilo rápido y de diálogos ágiles y breves, además del empleo de metáforas precisas, convierten a El soberbio Orinoco en un probable antecedente de la “novela de la selva” o también llamada “novela de la tierra”, como se conoció a aquel conjunto de obras que surgió en Hispanoamérica durante la primera mitad del siglo XX para tomar a la naturaleza como un imponente personaje de las historias.

Así, y luego de las hiperbólicas y mágicas representaciones de la naturaleza que nos legaron los cronistas de Indias desde el XV, El soberbio Orinoco de Julio Verne tal vez haya contribuido a conformar el imaginario de la selva expresado en La Vorágine (1924) de José Eustasio Rivera, Canaima (1935) de Rómulo Gallegos, Hacia el oeste corre el Antabare (1945) de José Berti, Los pasos perdidos (1953) de Alejo Carpentier, entre muchas otras.

Quizás fue Julio Verne quien nos enseñó a ver la selva con otros ojos.

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