domingo, 3 de julio de 2022

Estampitas guayanesas

La identidad, esa memoria común de lo que somos, se forja día a día en la pregunta por saber de dónde vienen las cosas que hoy nos rodean. Es tejer un vínculo entre el pasado, el presente y el futuro.

La identidad, esa memoria común de lo que somos, se forja día a día en la pregunta por saber de dónde vienen las cosas que hoy nos rodean. Es tejer un vínculo entre el pasado, el presente y el futuro.

@diegorojasajmad

Guayana es territorio de primicias. En estas hermosas tierras nació la primera Miss Venezuela, Sofía Silva Inserri; aquí, en El Callao, según se rumora, se jugó el primer partido de fútbol del que se tenga noticia en el país. Aquí, en Ciudad Bolívar, se imprimió el Correo del Orinoco, primer periódico patriota y se fundó aquí, en Upata, la primera Academia Venezolana de la Historia, pueblo donde también nació Concepción Acevedo, una de las primeras periodistas venezolanas.

Otra de las grandes primicias que nos ofrece Guayana está en ser el lugar donde se sembró la primera planta de café en Venezuela. El padre jesuita José Gumilla fue quien trajo el café a nuestra región en el año de 1730. En su libro El Orinoco ilustrado y defendido, texto en el cual describe su labor misionera, Gumilla relata ese momento diciéndonos: “el café, fruto tan apreciable, yo mismo hice la prueba, le sembré y creció”.

José Gumilla, a lo largo del Alto Orinoco, fundó pueblos, estudió lenguas indígenas y se dio a conocer como civilizador inteligente y sagaz. Además de todo ello, Gumilla nos legó el rico sabor y aroma que disfrutamos cada día en una humeante taza de café.

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El automóvil llegó a Venezuela en 1904 y su presencia poco a poco fue ganando popularidad. Ya para el año de 1917, tres mil vehículos transitaban por las calles de Caracas y alrededor de veinte por las de Ciudad Bolívar.

Ese mismo año de 1917 llegó el primer automóvil a San Félix. Fue un Ford modelo T, llamado también “de tablitas”, y fue enviado desde los Estados Unidos, desarmado, dentro de una enorme caja de madera. Su dueño fue Carlos Raphale, próspero comerciante nacido en Córcega y radicado en San Félix desde 1898.

Cuentan que Don Carlos Raphale, en sus primeras prácticas de manejo, salió a recorrer las calles de San Félix, despertando a todos con el ruido del motor y de la bocina, pero como no sabía detener el auto tuvo que aguardar varias horas dando vueltas por la ciudad hasta que se acabara el combustible. Este primer automóvil que llegó a San Félix tuvo una corta vida, pues las maltrechas calles del poblado, no adecuadas al moderno invento, lo desarmaron completamente.

Este fue el inicio de los automóviles en nuestra querida San Félix.

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Carlos Linneo, el genio sueco del siglo XVIII que creó la Taxonomía moderna -usada hoy día para clasificar y dar nombre científico a las plantas y animales-, designó a 17 de sus alumnos más aventajados como asistentes de investigación para que viajaran por el mundo recopilando información sobre la fauna y flora de los cinco continentes.

Linneo los llamó sus “17 apóstoles”, quienes serían sus manos y ojos y a su vez difundirían la ciencia por los más apartados rincones del planeta. Uno de esos apóstoles fue el científico Pedro Loefling, quien en 1754, cuando contaba con 25 años de edad, partió en una expedición hacia el Orinoco. Pedro Loefling fue el primer científico que visitó Venezuela y la región Guayana para organizar el registro de la flora y fauna, usando la clasificación taxonómica inventada por su maestro.

Loefling llega a Guayana en mayo de 1755, en una expedición por tierra emprendida desde Barcelona, en el hoy estado Anzoátegui. Durante el viaje, él y algunos de sus compañeros enfermaron con fiebre y vómitos. Debido a la persistencia de su enfermedad, Pedro Loefling murió el 22 de febrero de 1756, cuando contaba con 27 años, en la orilla del río Caroní. Fue enterrado al pie de un naranjo junto a la iglesia en la misión de Santa Eulalia de Murucuri. Hoy, como homenaje a sus aportes científicos, un parque, un edificio y varias instituciones del estado Bolívar llevan su nombre.

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La primera estación de gasolina de San Félix fue inaugurada en el año de 1939. El novedoso servicio consistía en un único surtidor que funcionaba manualmente, con una manilla que había que girar para lograr que saliera el combustible. Esta primera estación de gasolina, instalada por la compañía Lago Petroleum, estuvo ubicada en la calle Orinoco, al lado del monumento al General Piar, y era conocida como la “bombita de Don Ernesto Reyes”, llamada así por ser este el nombre de su dueño, quien llegó a ser uno de los comerciantes más importantes que tuvo San Félix a comienzos del siglo XX. Don Ernesto Reyes fue ganadero, vendedor de víveres y mercancías, instaló el segundo cine que existió en la ciudad y además fue dueño de galleras y billares.

En 1940, a menos de un año de haber entrado en funcionamiento, ocurrió un terrible accidente en la “bombita de Don Ernesto”. Al atardecer, dos clientes se acercaron en su vehículo y, como estaba un poco oscuro, uno de ellos inocentemente decidió encender un fósforo para cerciorarse de que el surtidor tuviese gasolina. Una enorme explosión y una deslumbrante llamarada alarmaron a los habitantes de San Félix. Tanto el conductor como su acompañante se convirtieron en dos bolas de fuego, y lograron salvarse lanzándose a las aguas del río Orinoco.

Tras las reparaciones, la “bombita de Don Ernesto Reyes”, la primera estación de gasolina de San Félix, siguió funcionando por varios años más, alimentando al cada vez más creciente e indetenible parque automotor guayanés.

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El teléfono fue patentado en 1876 y siete años después, en 1883, llegó a Venezuela. Las primeras ciudades del país que contaron con el servicio telefónico fueron Caracas y Ciudad Bolívar, lugares donde comenzaron a tenderse las redes para la novedosa comunicación. La empresa encargada de la instalación de los teléfonos en Ciudad Bolívar fue la American Electric and Manufacturing, la cual pasó a llamarse en 1897 Compañía de Teléfonos de Oriente y comunicaba a Ciudad Bolívar con Guanta, Barcelona y Puerto La Cruz. El servicio de teléfono tenía una tarifa fija mensual que para esos años finales del siglo XIX y principios del XX era de 16 bolívares. Poco a poco fue expandiéndose el teléfono por el estado Bolívar y en el año de 1916 llegó a Guasipati y a La Paragua en 1920.

Hoy las maravillas de la comunicación actual tienen en esos primeros esfuerzos un heroico y titánico antecedente.

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La sarrapia es el árbol emblemático del estado Bolívar. Conocido también como yape o sarrapio, este árbol puede alcanzar una altura de 25 a 30 metros y su temporada de cosecha se ubica entre los meses de enero y abril de cada año. Aunque su madera es valiosa, su mayor valor económico reside en su fruto, de cuya almendra se obtiene una sustancia con sabor a vainilla que ha sido mayormente utilizada para aromatizar ciertos tabacos, perfumes, jabones y licores. Para obtener un kilo de pulpa de sarrapia son necesarias de 300 a 400 frutas. Desde 1847 Guayana inició el comercio de exportación de este fruto, llegando a alcanzar un sorprendente auge de exportación en 1942, decayendo su producción hacia el año de 1965. Del puerto de Ciudad Bolívar salían hacia el mundo los cargamentos de sarrapia, compradas en su gran mayoría por la American Tobacco Company, quien usaba la sarrapia guayanesa para perfumar la famosa marca de cigarrillos Lucky Strike.

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