jueves, 13 junio 2024
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El libro que tardó treinta años en publicarse

Verdad y Método, la obra mayor del filósofo alemán Hans-Georg Gadamer, tuvo en su edición francesa una accidentada historia que ya forma parte de las sorprendentes anécdotas del mundo de la impresión y del libro.

@diegorojasajmad

El escritor propone y la editorial dispone.

Eso lo supo en carne propia el filósofo alemán Hans-Georg Gadamer (1900-2002) con la edición francesa de Verdad y Método, su obra más influyente.

La historia es más o menos así.

Cuando Gadamer contaba con 64 años de edad, y ya era un renombrado investigador y renovador de la hermenéutica, recibió una carta del francés Paul Ricœur, trece años menor que él, y también filósofo e investigador reconocido. Ricœur le escribió en nombre de Éditions du Seuil, pues dirigía la colección de filosofía junto a F. Wahl, para invitarlo a publicar en Francia su libro Verdad y Método, obra publicada en Alemania en 1960 y que a la fecha no había tenido traducción a ninguna otra lengua. Gadamer aceptó sin saber que ese sería el inicio de su eterna y angustiante espera.

Ricœur le prometió supervisar él mismo la traducción del alemán al francés, la cual sería hecha por uno de sus tesistas, un sacerdote libanés de nombre Étienne Sacre.

Año y medio después, un Gadamer preocupado escribió a su colega francés:

“El monje libanés, que usted me envió, me presentó hace tiempo una muestra de la traducción que había comenzado y he tenido verdaderas dificultades para comprenderla. Al principio pensé que estas dificultades se debían a mi insuficiente conocimiento del francés, pero después sospeché que quizá tenía que ver con el traductor y, por eso, le pedí consejo a un especialista, el director de la sección francesa del Instituto de Interpretación de la Universidad, el señor doctor Fritz Paepke, un amigo de Robert Minder. Su consejo fue tan devastador que, para simplificar las cosas, le presento el asunto a usted directamente (con el consentimiento de Fritz Paepke). ¿Qué se debe hacer? Me temo que la constelación más favorable, intentarlo con una nueva traducción, no se va a dar tan fácilmente”.

No es difícil imaginar la vergüenza y el dilema de Paul Ricœur ante tamaña situación: él creía que la traducción no tenía los defectos que señalaba Gadamer; sin embargo, el respeto y la admiración hacia el maestro le obligó retomar el trabajo. Sacre y Ricœur regresaron a los diccionarios y se les fueron varios años en ello.

Cada tanto llegaba una carta de Gadamer preguntando: “¿cómo va la traducción de mi libro?”.

Para 1972, ocho años después del primer contacto, seguían los trabajos de revisión de la traducción. Entonces, un nuevo obstáculo se presentó para agriar más el asunto: el director de Éditions du Seuil consideró que el libro sería muy voluminoso, que no se vendería bien, y pidió que se recortara un tercio de su tamaño para poder publicarlo. Otra vez, la vergüenza y el dilema.

Ya para entonces Verdad y Método había tenido traducciones al italiano y al inglés (en 1977 saldría la versión española), y las reediciones y ventas eran abundantes y la recepción elogiosa. Sin embargo, la edición francesa seguía en su lucha por ver la luz.

Finalmente, en 1976 salió publicado el libro, pero en una edición mutilada (con las cien primeras páginas amputadas) y en un francés no muy del agrado del autor (ni de los lectores). Esa incómoda experiencia quedó como una espina encarnada entre ambos filósofos.

Catorce años después de la publicación de ese libro, en 1990, Gadamer le escribió a Ricœur:

“Recuerdo y le recuerdo su iniciativa de dar a conocer Verdad y Método en Francia. El monje libanés a quien usted confió la traducción, no escribió realmente en francés y, por ello, usted tuvo que hacer un trabajo interminable de revisión. Entretanto, se ha ido constatando, en efecto, la vieja verdad de que es más difícil mejorar una traducción ya hecha que hacer una completamente nueva. Este es, en cualquier caso, el juicio de muchos franceses sobre el libro en el que usted empleó tanto esfuerzo. Lamentablemente, también tuvimos que aceptar recortes esenciales”.

Gadamer metió de nuevo el dedo en la llaga, recordando aquel amargo episodio para hacerle una petición a Ricœur: deseaba que Éditions du Seuil hiciera una nueva edición de su libro, esta vez en su versión íntegra y con otra traducción. La editorial se negó con el argumento de que no podía perder el trabajo hecho anteriormente. Una vez más, la vergüenza y el dilema.

Finalmente, la editorial aceptó con la condición de esperar algunos años hasta que se agotara esa primera edición, para poder pensar en una nueva.

Esa segunda edición francesa de Verdad y Método, con el texto completo y en una traducción más agradable y precisa, supervisada por el propio Gadamer, finalmente fue publicada en 1996, 32 años después de aquel primer contacto entre el filósofo alemán y el francés.

Cuando Ricœur escribió su carta de renuncia a la editorial, donde agradecía las oportunidades y las experiencias recibidas, no pudo dejar de mencionar aquel accidentado episodio que le atormentó por siempre la conciencia:

“No tengo sino un remordimiento, aquel de haber mutilado la obra mayor de Gadamer en vez de haber renunciado a publicarla. Pero yo solo cargo con la responsabilidad de este error”.

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