sábado, 13 julio 2024
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Lula está rabioso

Javier Milei lo ha desplazado del centro de atención. Todo el mundo habla del argentino y con entusiasmo -a favor y en contra, cierto-, en cambio Lula ha pasado a un segundo o tercer lugar y decepcionando: no da pie en bola.

Lula, yerro tras yerro, ha perdido autoridad; ya no es creíble.

Además está rabioso porque su colega y vecino Javier Milei lo ha desplazado del centro de atención. Todo el mundo habla del argentino y con entusiasmo -a favor y en contra, cierto-, en cambio Lula ha pasado a un segundo o tercer lugar y decepcionando: no da pie en bola.

Al asumir su tercera presidencia anunció o dio a entender que esta vez venía con el ánimo de guiar al mundo y como mensajero de paz dispuesto a recibir los respectivos premios Nobel y Lenin. Pero eso pasó y hoy haría cualquier cosa por atraer los focos. Si es preciso iría en tanga a la próxima asamblea de la ONU, a la que Brasil quiere reestructurar.

¿Es exagerado decir tal cosa? ¿Es estúpido o una insensatez? Quizás no tanto, sobre todo si lo comparamos con lo que Lula dijo respecto a la guerra en Medio Oriente, en lo que se habrá de conocer como “el grito de Etiopía”.

“Lo que está sucediendo en la Franja de Gaza con el pueblo palestino no ocurrió en ningún momento histórico, excepto cuando Hitler decidió matar a los juicios”, dijo Lula. Itamarati le tendría que haber advertido que sin remontarse tanto no hace ni cinco meses los terroristas de Hamas que van por la desaparición de Israel, decidieron salir a matar judíos. Y lo hicieron: en un rato nomás mataron unos 1.200, degollaron bebés, niños, ancianos, mujeres y todo lo que se pusiera a tiro. Incendiaron casas y por si fuera poca se llevaron como rehenes a más de dos centenas también incluidos ancianos, mujeres, jóvenes y niños.

La guerra en Gaza nos duele a todos. Todas las guerras duelen, todas son indeseables, llega un momento en que ambas partes ya no tienen razón. En las guerras se miente, se censura y campea la hipocresía y el cinismo. Y en esta, hoy sin embargo, la solución parece tan simple: bastaría que quienes fustigan tanto la furia del Ejército israelí consiguieran que los buenos muchachos de Hamas liberaran a los rehenes, sin nada a cambio por supuesto. Con ello el clamor sería mayoritario y creíble: ya está bien; ¡basta!

Qué pasa con los que están en la línea de Brasil -o de Lula, nunca se sabe- ¿no pueden lograr la liberación de los rehenes?, ¿no les hacen caso? ¿o por el contrario creen que lo que lo terroristas hicieron el 7 de octubre es lo correcto? Entonces serian socios, cómplices; pertenecen a uno de los bandos, ¿y además quieren ser mediadores?

Lula es un caso típico. Era el gran mediador para Ucrania, sobre la base que no hubo invasión rusa, sino que fue la respuesta a provocaciones de la OTAN y la UE. Suavizó algo su postura: los rechazos y abucheos surgían a granel. Le ocurrió en su propia región en que quiso relanzar a la figura de Maduro -el demócrata- y tampoco le fue bien. Hasta el chileno Boric se le cabreó.

Está difícil para el Nobel; quizás el Lenin. Y porque que no: Lula decididamente ha alineado a Brasil en contra de Occidente; está con los regímenes autoritarios, no democráticos, con los movimientos terroristas, con Irán y a la orden de Putin y Xi Jinping.

¿Lo hace por mandato del Foro de San Pablo? ¿Ha engañado a los militares brasileños y a Itamarati con el cuento de que él es un líder global? ¿o Lula decididamente actúa por orden de Itamarati y militares acunados por sus sueños imperiales? Quieren ser virreyes, por lo menos; antes de los EE UU, ahora de Rusia y China; además quieren tener un mejor asiento en la ONU. Hay que estar alerta, sobre todo los vecinos.

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