martes, 23 julio 2024
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Lo más miserable de lo miserable, ¡así será!

El nefando Leopoldo I, perpetrador del saqueo contra aquella colonia del África central, se nos presenta muy decente, decentísimo, ante quien en febrero de 2016 decretó la autocolonización extranjera de nuestro territorio, mediante la constitución del llamado “Arco Minero del Orinoco”.

@omarestacio

Susana Raffalli (Caracas, 1950 – “Premio Franco-Alemán de DD HH y Estado de Derecho, 2019”) tuvo a su cargo el diseño del sistema empleado por Cáritas para monitorear la desnutrición infantil durante la crisis en Venezuela. Crisis que se ha erigido en eterna, al menos, hasta que no se cauterice, de raíz, la narcotiranía que la ha causado. Tomo prestado y parafraseo el título de una ilustrativa entrevista, concedida por la investigadora: “El retardo en el crecimiento es la dimensión más miserable del extractivismo”. Y lo más miserable de este último en la narcotiranía que lo sustenta.

Los episodios más siniestros del Corazón de las Tinieblas de Joseph Conrad, que describen las atrocidades en la explotación minera del entonces Congo Belga, palidecen al revisar la data levantada por Raffalli. El nefando Leopoldo I, perpetrador del saqueo contra aquella colonia del África central, se nos presenta muy decente, decentísimo, ante quien en febrero de 2016 decretó la autocolonización extranjera de nuestro territorio, mediante la constitución del llamado “Arco Minero del Orinoco”. Un jirón de 111.844 kilómetros cuadrados, con mayor superficie que la de la isla de Cuba. Referencia para formarnos idea del tajo arrancado de las entrañas mismas del suelo patrio.

Pero todo vale para el desgobernante felón, de modo de atornillarse en el poder y forrarse sus bolsillos incluida su parentela y compinches más cercanos, con el respaldo de las bandas criminales importadas desde los antros más sórdidos.

El saqueo sistemático, en paladas, en camionadas del otrora emporio de la CVG, fue el preludio y telón de fondo, de la dejación formal, de más del 10% de nuestra soberanía. Uno, nada más, de los gobernadores y presidentes del conglomerado metalúrgico, que lo arrasó a lo largo de 17 años se embolsilló, incluidos, su mujer, uno de sus hijos, su yerno, compinches y testaferros, la bicoca de cuatro mil millones de dólares. Eso sin contar los dividendos que obtuvo por narcotraficar. En la actualidad se da la gran vida en México gracias a las “protecciones” o “vacunas” a favor de López Obrador, proxeneta como el que más y de los cárteles de Sinaloa, los Zetas y los Beltrán Leyva.

La destrucción, adicional, de 1.900 empresas de dicha región con su secuela de represión, desempleo y hambre se constituyó en tierra fértil, para los avernos de la esclavitud contemporánea en la región.

Eumelis Moya, académica de la Universidad Católica Andrés Bello y Walk Free, ONG internacional, constataron 174.000 casos de compatriotas sometidos a prácticas de vasallaje por quienes depredan el “Arco Minero”.

Los trabajadores explotados cumplen, en las minas, jornadas de alrededor de 12 horas diarias, o más, en condiciones infrahumanas. Sus mujeres, secuestradas y condenadas a las modalidades más aberrantes de prostitución, incluyen subastas de niñas a partir de 12 años o aún menores y pujas, según lo ha documentado Raffalli, a razón de 1,2 de gramos en adelante, por la virginidad de cada impúber.

Los médicos Elvia Badell y Carlos Hernández, abnegados pediatras de la zona se vieron obligados a acuñar el calificativo, estrictamente científico, de “Síndrome de los Hijos de las Minas”, para describir los tipos de desnutrición de los infantes, condenados a perpetuidad, al enanismo, físico y mental, a causa del hambre o porque lo poco que comen proviene de las cestas de alimentos, sin proteínas, muchas veces no apta para humanos, repartidas por Mercal y otros programas, iguales o peores, del narcogobierno nacional.

Abro con ansiedad mi buzón electrónico. Supongo que me ha llegado respuesta por el envío del Informe Raffalli, a quien, décadas atrás fue noble amigo, hoy devenido en monstruo al servicio de la tiranía. Siempre hay una esperanza por ilusoria que parezca. Hallarse ante lo más miserable de lo miserable de las propias ejecutorias es capaz de conmover una roca.

“Vicios que se arrastran, de la IV República” es lo que tiene, mi examigo entrañable, por única respuesta.

No hay ni un solo Lot, en la Sodoma y Gomorra de la narcotiranía que usurpa el poder en la ex Venezuela.