sábado, 25 de junio de 2022

¿Les cayó la bolita?

Si nosotros internamente no mostramos algo de garra y verdadero descontento general las fuerzas externas no se entusiasman a hacer la labor que nos corresponde; y tampoco estarán muy dispuestas a tomar nuestro lugar.

Después de tantos años cometiendo los mismos errores tácticos algunos dirigentes políticos han dado su brazo a torcer para unificar criterios en cuanto a los modos de lucha contra la tiranía.

Los años anteriores de calle no fueron productivos sino fuente de muertes de jóvenes valientes que pusieron el pecho mientras tras bastidores los teóricos de la guerra jugaban con sus ideas muy poco efectivas. El balance final y el resultado positivo de ese tiempo contribuyeron a la reafirmación de la única intención oficialista: mantenerse en el poder. Se logró darle más tiempo al régimen y más muertos para la galería de trofeos que orgullosamente exhibían a propios y ajenos. Esos mártires merecen ser recordados y honrados todos los años de forma pública, y todos los días en la memoria de los venezolanos.

Por estar creyendo que el régimen valoraría actitudes amistosas se perdieron los momentos aprovechables para debilitar a la dictadura y no se consiguió avanzar con mayor firmeza; y el valor agregado a la equivocación fue la vanidad de algunos opositores.

No hay duda sobre la actividad realizada por la oposición profesional en el ámbito internacional, a pesar del contrapeso que han encontrado en bandidos de la política como Zapatero y Borrell, abanderados trabajando para los social comunistas españoles y venezolanos. Pero han descuidado el frente interno socavado y manejado por delincuentes planetarios invasores que se han apoderado de las conciencias y espíritus de la nación venezolana.

Hace unos días el pueblo ha comenzado a envalentonarse y protestar por la falta de gasolina -no el alza del costo de la misma- que es un bien casi tan preciado como el agua y la electricidad, en estas circunstancias de indefensión y atropello a la población.

En varias localidades distantes una de otra, como debe ser, la ciudadanía ha tomado las riendas de su destino y han procedido a gritar sus derechos conculcados, sin necesidad de llamados de líderes a hacer concentraciones y caminatas programadas en sitios y horas predeterminados para que los oficialistas tuvieran tiempo de prepararse y contrarrestarlas exitosamente.

Los dirigentes se han percatado de la situación y están animando a los espontáneos para que continúen por esa ruta despreciada en otras oportunidades. Desde luego, si los habitantes de los veintitrés estados, los territorios y dependencias federales, y la capital de la república actúan al unísono en horas y días sin descanso, el caos se encargará de enderezar algunos escenarios incontrolables.

Si nosotros internamente no mostramos algo de garra y verdadero descontento general las fuerzas externas no se entusiasman a hacer la labor que nos corresponde; y tampoco estarán muy dispuestas a tomar nuestro lugar. Apoyarán cualquier acción o iniciativa vernácula para reincorporarnos a la vida democrática que colabore con la estabilidad de la región y sirva de cortafuego a la expansión indeseada de gente, ideologías y religiones ajenas a esta parte del mundo occidental.

Ojalá nadie pueda echarnos la culpa de ser displicentes y cobardes.

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