miércoles, 24 julio 2024
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Las piezas (de pollo) revolucionarias se mueven en Bolívar

La temática clave es la depauperación colectiva para entendernos sobre si existe reacción social o no, sobre si hay respuesta anímica a la posibilidad de adhesión a una fórmula política alternativa de cambios para Guayana y para el país.

@OttoJansen

El espeso ambiente político que vive el país, mimetizado en la peculiar esgrima política, centrada en expectativas -con mucha incertidumbre- al cumplimiento del proceso electoral presidencial del 2024, tiene sus desarrollos toscos en el poder local y en el pronunciado descalabro social y económico de la región.

Aunque pueda parecer una perogrullada, es digno de resaltar las características propias del estado Bolívar, porque en la cotidianidad nada de esos movimientos políticos (de parte del oficialismo sobre todo) tienen visibilidad fácil y menos difusión. Incluso el proceso de las primarias opositoras que a nuestro entender ha mejorado sustancialmente de la inicial apatía de la gente, para algunas voces, en diversas comunidades sigue siendo indiferente. He aquí, entonces, el ejercicio de intentar cotejar realidades en un marco de deterioro superior a años precedentes, de profundización de la condición fantasmal de la gestión pública y del afán revolucionario, sin escrúpulo alguno, de avanzar hacia el control de la población insuflando la sensación de tranquilidad, “garantizada” mediante la incorporación de pollos y mortadelas como “novedad” de beneficios económicos; propaganda de incrementos de los bonos gubernamentales y las encuestas desde los consejos comunales como mensaje a la angustia, ausencia de empleos o remuneración decente, paralelo al hambre extendida.

La temática clave es la depauperación colectiva para entendernos sobre si existe reacción social o no, sobre si hay respuesta anímica a la posibilidad de adhesión a una fórmula política alternativa de cambios para Guayana y para el país. Por otra parte, que tan afianzado está el control social desde las políticas del régimen que hayan anulado la vocación de lucha por los derechos. La semana pasada se conoció de los disturbios vividos en la población de La Paragua, del ahora municipio Bolivariano Angostura, reclamando condiciones para sus faenas mineras, restringidas y atropelladas por las fuerzas militares como es cuento largo en todos los sectores del Arco Minero. Pero también es la premisa de los pueblos pequeños y distantes que se han ido quedando sin posibilidad de sustento alguno. La Paragua no era pasto de significativos conflictos sociales desde hace por lo menos 10 años, aun cuando la inconformidad ha estado siempre latente..

Ahora, este no es un caso aislado de irritación social en el estado Bolívar, plagado de protestas anónimas en diversos grados. La condena judicial a un grupo de sindicalistas en el país que también involucra a dirigentes gremiales de base, es un claro intento de la revolución por detener el resentimiento contra el régimen que ha venido incubándose en Guayana y que ha tenido como expresión las protestas y abucheos a la dirigencia patronal, de quienes han sido cercanos o dirigentes de ese proyecto. En versión de amigos de Ciudad Guayana, la persecución a esos trabajadores de las arruinadas empresas básicas no tienen impacto en las necesidades de la gente, que se desentiende de solidaridades. Pero aquí es pertinente preguntarse, en un panorama supuestamente tranquilo, apático, sin mensaje opositor de valía ¿Por qué tanta saña y represión del gobierno?

¿Se escucha la hierba crecer? 

Durante los últimos años y luego de los acontecimientos sociales y políticos del año 2016, se pensó que el régimen no tenía otra opción que alinearse con la constitucionalidad y el apego a las leyes. Nunca fue así y la tenaza dictatorial se acentuado aprovechando errores, triunfalismos e inhibiciones de la sociedad democrática. ¿Por qué ahora debe ser distinto? Se desestima que el panorama económico agoniza (el cierre de negocios es impresionante) en comparación con otros años, incidiendo con dureza en sectores populares que han acompañado el discurso revolucionario. En procesos electorales en la región (Constituyente, presidenciales irritas del 2018, gobernaciones y alcaldías), aun con un cuadro partidista opositor penetrado por el gobierno (ahora mas cooptado) y con aparentes mejores condiciones productivas y de bienestar colectivo, las sorpresas a sus cálculos que se ha llevado el PSUV han sido notorias. En la revisión de resultados se consiguen los respaldos tradicionales en parroquias de San Félix o de la parroquia Unare, pero se han mantenido resultados de cuestionamiento muy amplios en zonas del resto de Ciudad Guayana y expresiones sólidas en los otros municipios que han equiparado la balanza para cifras muy estrechas de las votaciones. En este momento, cuando la gente de los sectores humildes pone precio a asistir a los actos proselitistas de la revolución, pidiendo dólares, además de la caja CLAP con pollos, ¿Puede preverse el desplome del reclamo social y político?

Por supuesto una cosa son las protestas y otro el cuadro electoral que tiene que nutrirse de eficiente organización (que se ha adolecido). Otra cosa muy distinta a la impugnación silvestre, es el poder político expandiendo tentáculos totalitarios. Otra cosa es la organización de la resistencia civil democrática, que el estilo burocrático, festivo y colaboracionista de los partidos ha desechado. De allí que no es solo dejar constancia del cansancio popular, no es ni siquiera que se viene abriendo el entusiasmo ciudadano a actuar pese a las atrofias opositoras, es entender y asumir que es imperativo la red articulada que haga posible defender el cambio tal y como puede ser probable.

Sin embargo, para eso, no hay que confundir deseos con realidades y este es uno de los objetivos importantes.