miércoles, 24 julio 2024
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Las dedicatorias

Las dedicatorias, ya sean manuscritas o impresas, son el lugar para el agradecimiento, aunque también de la burla, la venganza y el despecho. Ellas son todo un misterio que, con breves palabras, dan nombre y rostro a la chispa que originó la obra.

@diegorojasajmad

En el bachillerato tuve un amigo al que le gustaba presumir como si fuera su profesión de vida. Por aquel entonces me había mordido el bicho de la lectura y comenzaba a frecuentar las librerías, sobre todo las de libros usados, y en ellas encontraba joyas de papel que aún hoy conservo. En algunos de esos libros hallaba dedicatorias manuscritas hechas por los mismos autores: “Con el afecto de siempre…”, “Para Fulano va este puñado de versos escritos desde la inspiración y la nostalgia…”, o un lacónico “Para Zutano de Mengano”.

Mi amigo, como se lo exigía su carácter, debía tener los libros con las mejores dedicatorias y un buen día nos sorprendió en el patio del liceo con un ejemplar de Cien años de soledad: “Para mi joven amigo Miguel (así se llamaba nuestro presuntuoso compañero de clases), a quien debo interesantes charlas que han alimentado mi imaginación para futuras historias. De su afectuoso y eterno amigo, Gabriel García Márquez”.

A todos nos dejó boquiabiertos el que Miguel conociese a un escritor de la talla del nobel colombiano y que, de paso, le hubiese obsequiado un libro con semejante dedicatoria.

Nada dijimos sino el asombro.

Sin embargo, la sospecha de que todo fuera una burda trampa nos fue invadiendo al poco tiempo pues Miguel, semana tras semana, aparecía con un libro distinto con dedicatorias cada vez más elogiosas. Ernesto Sabato, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, entre muchos otros, llegaban de la mano de Miguel.

Todo culminó cuando un día Miguel nos mostró otro de sus libros con dedicatoria. Con orgullo, leyó en voz alta: “Sin ti, Miguel, este libro La República no hubiese sido posible. De tu afectuoso amigo, Platón”. Un garabato por firma llenaba casi toda la página.

Nuestras risas dieron fin a la inocente competencia.

Anécdotas aparte, este asunto de las dedicatorias (manuscritas o impresas) ha sido tema común tanto de escritores como de lectores, y tiene una larga e interesante historia que inicia muchos siglos atrás, desde la Edad Antigua.

No se sabe a ciencia cierta quién fue el primer autor que antepuso una dedicatoria en su obra; sin embargo, ya en Lucrecio, Horacio y Virgilio, se halla el agradecimiento al mecenas o protector.

Fue Cervantes quien llevó las dedicatorias a un nivel superior adornándolas con bastante imaginación y ludismo, al punto de convertirlas en un género literario por sí mismas. Basta con leer la seguidilla de dedicatorias, jocosas y punzantes, que se encuentran al inicio del primer libro de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Hasta se incluye un diálogo entre Babieca y Rocinante, caballos de Mio Cid y de Don Quijote, respectivamente. Una dedicatoria al Conde de Lemos, en la segunda parte de Don Quijote, resulta en una astuta forma para solicitar y agradecer el financiamiento para la escritura y edición de la obra.

Sin embargo, las dedicatorias también han sido el espacio para la venganza.

En la novela La familia de Pascual Duarte, el español Camilo José Cela incluyó la siguiente dedicatoria como resumen de los numerosos obstáculos que tuvo que enfrentar para su publicación: “Dedico esta edición a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera”. El poeta estadounidense E.E. Cummings, cansado de ver rechazado su manuscrito por parte de las editoriales, decidió él mismo publicar su poemario titulado No Thanks, e incluyó los nombres de las catorce editoriales que no aprobaron su obra. En forma de caligrama, los catorce nombres de las editoriales simulan la figura de una urna funeraria.

José Agustín Catalá, el valiente editor venezolano que arriesgó su vida durante la dictadura perezjimenista por imprimir obras críticas y de denuncia contra el régimen, y que fue él mismo víctima de cárcel y de tortura, publicó el libro Documentos para la historia de la resistencia. Pérez Jiménez y su régimen de terror. Allí se encuentra la siguiente dedicatoria: “De esta edición se ha hecho un solo ejemplar numerado, destinado al General (R) Marcos Pérez Jiménez”.

Borges llegará a decir de las dedicatorias que son un misterio, “el modo más grato y sensible de pronunciar un nombre”, con el fin, quizás, de reconocer al otro y hacerlo visible.

Tal vez eso era lo que, en el fondo, intentaba pedirnos a gritos nuestro amigo Miguel. 

Otras páginas 

– Contar historias eternamente: “Si alguien me preguntara, Dios o Demonio, cuál es el mayor don que pudiera serme concedido, yo no vacilaría, no vacilaría en responder. Hacer la parte de Scherezada en la alcoba del misógino y por fin vencido Rey Shahriyar. Contar Las mil y una noches; perpetuar el regocijo y la picardía, al ritmo de los oficios, de abrazar el tiempo contra el tiempo para narrar una historia que sucede a otra historia que sucede a otra historia hasta saltar la cláusula mortal en las nupcias reales”. Victoria de Stefano.

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