Sobre la opinión que el juicio al presidente Trump está movido por intereses electorales de los demócratas, pienso que es más un no que un sí. Muestra de ello es que la presidenta de la Cámara de Representantes, madame Nancy Pelosi, estuvo reacia a tomar la decisión por un buen tiempo. No obstante, una vez decidiera mover el juicio, había que tomarle la palabra cuando ella dijera solemnemente que “nadie se juramenta como legislador pensando que va a enjuiciar a un presidente” y que las acciones del presidente “no les dejaron otra alternativa que decidir el antejuicio” porque debían ellos “cumplir con su juramento de defender la Constitución”.
Es una medida que pesa electoralmente, pues puede afectar las posibilidades de triunfo de los demócratas en noviembre del 2020. Cuando un periodista le asomó a Pelosi sobre ese escenario, ella contestó que lo que estaba en juego era la república más allá de los intereses electorales de su partido. Sin embargo, la decisión no deja de ser una apuesta. Se podría salvar la república y ganar los demócratas las elecciones. Pero puede ocurrir también que las instituciones o la gente decidan, darle un puntapié a la carta magna. Sea cual fuere el caso, el objetivo de un partido político en semejante encrucijada es sumar fuerzas entre tirios y troyanos y ganar la pelea comunicacional. Si van a morir, que sea peleando.
Sin embargo, hay un lado favorable de la apuesta. El historiador Allan Lichtman, quien ha acertado todas sus predicciones electorales, ha dicho que los juicios sí afectan las posibilidades del partido de la Casa Blanca. Su modelo predictivo ha sido confirmado en un lapso de treinta años, no obstante, cualquier cosa puede ocurrir. Aunque hay ciertamente señales de fortalecimiento demócrata, puesto que han ganado curules y gobernaciones en territorios republicanos, aún mantiene el presidente un amplio respaldo entre los electores de su partido. No va a ser tan fácil predecir las elecciones presidenciales del 2020.
Recientemente se ha agudizado aún más la crisis institucional en relación a la independencia de poderes. Han ocurrido abusos de poder que son desgraciadamente normales en la mafia, o en la Venezuela de hoy o en otros países, pero que son un claro exabrupto en el caso de los Estados Unidos. El líder mayoritario del Senado, el republicano Mitch McConnell aseguró que no permitirían la comparecencia de testigos y que estaban afilando todo para exonerar al presidente Trump de todas las acusaciones. En pocas palabras, van a hacer un juicio de utilería y, como los republicanos son mayoría, ya están anunciando los resultados desde mucho antes.
En vista de esto, la líder demócrata Nancy Pelosi ha optado por sacar una carta bajo la manga, de acuerdo al poder que le da la Constitución a la Cámara de Representantes. Ha resuelto resguardar los llamados “artículos del juicio” y no enviarlos al Senado a menos que se acuerde una comparecencia de testigos acorde con el caso. El líder republicano se ha burlado de la medida e insiste en mantenerse dentro de sus planes.
Sin embargo, la decisión de Nancy Pelosi debe leerse desde la tensión que imprime a la historia. Si efectivamente el partido republicano va a despachar no solo la Constitución sino las sanas costumbres, pues entonces ella alargará el proceso para dar tiempo a que todo el mundo lo sepa. Vender la derrota cara, como se dice en el argot futbolístico. Su objetivo es dejar que su mensaje se expanda y fragüe entre los independientes e infringirle así un daño a las posibilidades electorales de los republicanos. Es esta la estrategia electoral para quizás salvaguardar la república, o la estrategia institucional para ganar las elecciones, como se le quiera ver. No hay falla, total, legalidad y política se encuentran normalmente entretejidos. Ese es el sí y el no electoral en todo esto.
Es tanto el gusto de los republicanos actuales por los caudillos, que centímetro a centímetro se vienen acercando a los autoritarismos y fascismos de la América Latina. Debe ser por eso su desespero hasta inconsciente por construir el muro con México, para no parecerse a los padecimientos de este otro lado.
El tiempo pasará y sabremos. Importante es que la coexistencia entre Trump y el nicho político de Florida tiene un papel que jugar en el destino del partido republicano. Se trata de una comunidad que ha sabido ejercer presión para mover la política exterior de los Estados Unidos en la región, y eso incluye la solución a la crisis política y económica venezolana. De cómo Miami evalúa la actual crisis institucional en Washington dependerá el desenvolvimiento de los hechos venideros. El espacio de maniobra es estrecho, pero aun así no pueden perder de vista todo lo que está en juego.
Un tema para otra oportunidad.