jueves, 30 de junio de 2022

La virtud de la paciencia

Violar la Constitución no es una opción opositora para salir de esta tragedia. No se puede cometer el error que tanto se critica y ataca cometiendo el mismo error. El tiempo corre indetenible e imperturbable.

Si algún mérito ha de reconocérsele a Hugo Chávez es el de la constancia, la que, si se acompaña de la paciencia de saber esperar, sobre todo el momento oportuno, el éxito está garantizado.

El Libertador, el 7 de septiembre de 1814, pronunció un discurso conocido como el Manifiesto de Carúpano, en el que sentenció frases célebres que el chavismo haría bien no extraer con pinzas lo conveniente para manipular el pensamiento del Libertador, ajustándolo a sus oscuros propósitos y conveniencias. Entre lo que dijo, extraigo un segmento al que me analizaré brevemente, pues es de gran valor para los momentos tan difíciles a los que los venezolanos nos estamos enfrentando. Invito al lector a buscarlo y analizarlo con mayores detalles: “No comparéis vuestras fuerzas físicas con las enemigas, porque no es comparable el espíritu con la materia. Vosotros sois hombres, ellos son bestias, vosotros sois libres, ellos esclavos. Combatid, pues, y venceréis. Dios concede la victoria a la constancia”.

Basándome en ello, es indudable que Hugo Chávez, no sólo tuvo mucha suerte en las conjuras que siempre se propuso, sino que también supo esperar cada momento oportuno y conveniente que se le presentó con el fin de alcanzar sus funestos objetivos. El expresó esa virtud que siempre tuvo aquél aciago como desgraciado día en la historia de Venezuela: 4 de febrero de 1992 al sentenciar: “…los objeticos no fueron alcanzados…”; sabiendo que, aguardando con la debida paciencia, tarde o temprano otro momento histórico vendría para otorgarle la victoria. No se equivocó. Temprano que tarde, en 1998, logró tales desgraciados objetivos; no por la fuerza de las armas en un imperdonable golpe de Estado, sino, además, valiéndose de las bondades que le brindaba la democracia; pero muy especialmente, los muchos incuestionables como históricamente evidentes errores cometidos por sus adversarios, más que suficientes fueron los que se le presentaron; los que con mucha astucia supo aprovechar; todos los cuales le brindaron en bandeja de plata los muchos éxitos que obtuvo en toda su carrera militar y política. Sus seguidores conocen muy bien cuán valioso es saber esperar para finalmente alcanzar el éxito, especialmente si sus oponentes cometen errores estratégicos importantes.

Me ha llamado profundamente la atención unas palabras que uno de sus más cercanos allegados, el incomparable Diosdado Cabello, dijo que es mejor no dejar pasar: “tengamos paciencia que el momento llegará”, soltándola como quien quiere y no quiere. ¿A cuál momento se estaba refiriendo?

Hugo Chávez y Cabello son militares, saben de estrategias en el combate, las usan, las han usado y las seguirán usando para llegar a donde quieren, a donde han querido, especialmente valiéndose de los errores estratégicos de sus adversarios, de si muerden el anzuelo que le lanzan. Bien vale la pena a la oposición considerar esto para evitar consecuencias que harían mucho más difícil y complejo salir de esta tiranía oprobiosa que ha conducido a Venezuela, y a todos los venezolanos, a la destrucción social, política económica y ética, más horrenda y dolorosa que nos ha sucedido en toda nuestra historia republicana.

Chávez violó la Constitución y todas las leyes de la República cada vez que le vino en gana. Sus oponentes las dejaron pasar con poca o ninguna objeción. “Yo juro ante esta moribunda Constitución” fue la primera violación de muchas más que vendrían, con las que se inició como presidente de la República en el Palacio Federal Legislativo ante quienes pudieron y debieron objetar semejante barbaridad legal.

Violar la Constitución no es una opción opositora para salir de esta tragedia. No se puede cometer el error que tanto se critica y ataca cometiendo el mismo error. El tiempo corre indetenible e imperturbable. A Guaidó sólo le quedan contados meses como presidente de la Asamblea Nacional, y, por tanto, como presidente interino. Lo que con casi toda seguridad llegará a suceder si no se saben hacer las cosas con la premura que el caso demanda, sería un fatal como gravísimo e inexcusable error estratégico cantado: El exilio o la cárcel serían los destinos que le esperarían a Guaidó y a muchos diputados de la Asamblea Nacional. Para muestras, botones sobran. Lo otro que con toda seguridad sucedería, tan seguro como pegarle un tiro al piso, es que se llamen a nuevas y apresuradas elecciones. Una podría ser para intentar darle la legitimidad que Maduro no tiene. Que sea o no aceptado su triunfo, aquí y por la comunidad internacional, poco le importa a él y a los atornillados en el poder miraflorino. No les tiembla, ni les ha temblado el pulso para cometer sus muchas fechorías legales. Lo han demostrado hasta la saciedad. La otra convocatoria a elecciones será para legitimar el parapeto constitucional de la asamblea nacional constituyente, y así rubricar concluyendo el trabajito con una nueva Asamblea Nacional. Igualmente, que sea o no aceptado, el comicio, como el seguramente fraudulento resultado, a ninguna de ellos les quita el sueño. El chavismo-madurismo ha demostrado con suficientes creces, que los escrúpulos no son la mejor virtud que ellos han confirmado poseer.

Concluyo con un dicho muy apropiado a la ocasión: “Guerra avisada no mata soldado, y si lo mata es por descuidado”.

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