sábado, 24 febrero 2024
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La pauperizada mujer venezolana

En este paraíso socialista-feminista son escandalosas las cifras de embarazo adolescente, un gravísimo problema en el que Venezuela ocupa el primer lugar. Además, todo lo que tenga que ver con la mujer tiene visos de ignominiosa tragedia, como la falta de servicios públicos de salud, carencia de atención prenatal y muerte durante el parto.

Creo que a Jorge Giordani sólo se le recordará porque le sintetizó -en una frase a Guaicaipuro Lameda- la esencia de este régimen, según la cual “sin pobres no hay socialismo”. Después de 24 años tenemos que admitir que el éxito ha sido clamoroso, pues año tras año el número de pobres crece a paso de vencedores. Hoy esta tiranía se puede dar con una piedra en los dientes, al lograr que más del 96% de la gente que todavía respira en Venezuela subsista acorralada por las garras de la pobreza.

Aquella otrora poderosa clase media fue embutida en los bolsones de pobreza que todavía habita en urbanizaciones, donde antes reinaba el confort y el bienestar entre profesionales y empresarios. Que fueron producto de una movilidad social ascendente, y la más fehaciente demostración de cómo la democracia había acertado con sus políticas en materia educativa y de empleabilidad. Esa clase media feneció -ametrallada por las armas del zurdaje- que nivelan hacia abajo. Esto es así, y por eso la miseria es lo único democrático de lo que puede vanagloriarse este despotismo iletrado y hambreador.

En la actualidad las ciencias sociales tienen el reto de estudiar esta nueva dimensión de la pobreza en Venezuela, definirla y clasificarla de manera puntual, porque vamos palo abajo, y la obsolescencia de los resultados será tan o más veloz que la inteligencia de los celulares. Así que los especialistas tienen trabajo para rato, en medio de la precarización deliberada de la educación y la investigación, y el desprecio cupular por el saber y el conocimiento, que se generaba en la universidad venezolana.

Me arriesgo a sugerir una clasificación de la pobreza. La moderada sobrevive en un ínfimo porcentaje, pues todos hemos descendido por el tobogán de la miseria. Allí, en el subsuelo las denominaciones pueden ser: pobreza límite, excesiva, intensa, máxima, terminal y final. Una sinonimia con sutiles semejanzas entre una y otra, que los especialistas afinarán hilando muy fino en la semántica de la miseria, la indigencia y el pauperismo.

El anglicismo “pauperizar” significa “empobrecer un país, una región, un grupo social”. Que es lo que ha ocurrido con Venezuela, empobrecida deliberadamente, como una estrategia de control de sus habitantes, que en democracia alcanzaron estatus de ciudadanos, y hoy son una amorfa masa poblacional -llevada y traída- en función de los intereses y caprichos de la cúpula corrupta aterrajada en el poder.

El grupo social con el que la élite comunista-feminista ha barrido el piso es el de las mujeres. Todas las formas de humillación han estado dirigidas a despojarlas de cualquier proyecto de vida con el que hayan soñado. Las jóvenes que nacieron en revolución o que eran unas niñas hace dos décadas, ni siquiera pudieron llevar una vida parecida a la de sus padres, quienes sí tuvieron muchas oportunidades de alcanzar una mejor calidad de vida que la de sus progenitores. Un logro que fue producto de la educación. De suyo, muchas de las mujeres que le sirven y se sirven del socialcomunismo se formaron en la democracia que ellas han destruido. Claro, sus hijos estudian en las grandes universidades extranjeras, que el capitalismo creó y atesora, porque son la verdadera riqueza de esos países, porque allí se forman los liderazgos políticos, académicos, económicos e intelectuales.

El balance de estos 24 años es demoledor. Pues degradar la educación hasta convertirla en un sinsentido y al mismo tiempo hacerla inaccesible, es perpetrar un crimen de lesa humanidad. Al cercenar las posibilidades de formación, independencia y autonomía de las jóvenes venezolanas. Esto no pasa ni en Cuba, donde hasta las jineteras tienen estudios de cuarto nivel.

El Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa) -un nido de comunistas que no esconden sus afinidades ideológicas- se vio obligado a desnudar parte de la tragedia de las mujeres venezolanas. Las mismas que son utilizadas como mercancía para la prostitución forzada, controlada por mafias nacionales e internacionales. En este paraíso socialista-feminista son escandalosas las cifras de embarazo adolescente, un gravísimo problema en el que Venezuela ocupa el primer lugar. Además, todo lo que tenga que ver con la mujer tiene visos de ignominiosa tragedia, como la falta de servicios públicos de salud, carencia de atención prenatal y muerte durante el embarazo o en el parto. También la violencia intrafamiliar afecta a niñas, adolescentes y adultas. En todos estos ámbitos las cifras son estremecedoras, pues la miseria es el caldo de cultivo de esta oprobiosa afrenta contra las mujeres venezolanas. 

Agridulces

Raúl Gorrín insulta a los periodistas de El Pitazo. Le pide que “asuman que son reptiles de la comunicación, manchados de inmoralidad”. La verdad es que sus palabras son un boceto del autorretrato del dueño de Globovisión. Faltan mucha pintura y pinceles para pintarse tal como es: enchufadísimo y corrupto.