sábado, 2 de julio de 2022

La materia del poema

Hay que estar claros, poesía y poema son dos lados de una misma esfera. El poema es poesía erguida, y la poesía está en el mundo para ser reconocida.

Hay que estar claros, poesía y poema son dos lados de una misma esfera. El poema es poesía erguida, y la poesía está en el mundo para ser reconocida.

Es difícil conseguir noticias en los poemas,

pero los hombres mueren miserablemente todos los días

por falta de lo que allí se encuentra.

William Carlos Williams

Lee uno un poemario cuando desea encontrarse con la poesía, y hay quienes tienen uno particular en la mesa de noche. Hay obras que no parecieran agotarse. Otra cosa es cuando uno se encuentra con la poesía de repente, sin previo aviso, en las expresiones o los géneros más insospechados.

Porque hay que estar claros, poesía y poema son dos lados de una misma esfera. El poema es poesía erguida, y la poesía está en el mundo para ser reconocida. Anda por allí, como una partícula veloz o un silencio. No todos los poetas tienen la dicha de recibir revelaciones, pero la búsqueda honra sus poemas. Porque no hay que equivocarse, ser un poeta es un oficio que, como tantos otros, requiere de una lectura esmerada, de estudio, disciplina, vocación. A muy temprana edad, el poeta nicaragüense Rubén Darío ya se había leído todos los libros de la biblioteca de su ciudad, y al mismo tiempo, se podría decir que había sido ungido con una visitación. Un enigma, él. La poesía, o la materia del poema, es caprichosa, quizás como la verdad, que viene cuando y a quien le parece y no hay camino seguro hacia ella.

Más allá de la poesía erguida, en el otro lado de la orilla, está una poesía que se anuncia en el lugar más inhóspito e inesperado, como, por ejemplo, en una serie policial. Hubo un episodio de la serie británica Line of Duty que debí ver nuevamente para acercarme más al trabajo del escritor y al personaje central de las escenas. Repasé varias posibilidades de haber contado la historia, propias de un género que se guía por fórmulas narrativas. Contrario a la práctica común, me encontré sí, con un guionista que se ajustó a los ritmos y tiempos exigentes de las escenas de TV, y en medio de ellos, como papelitos pasados por un resquicio de puerta, fue colocando las frases sencillas y puras del poema. Coautor de esta pieza es igualmente el actor, con sus ojos enormes, sus cabellos negros de rulos y un rostro de poder inusual, imagen del todo. El sargento Danny Waldron, el personaje en cuestión, es un oficial de un Equipo de Respuesta.

La escena de ese primer episodio se inicia con el personaje de Danny dirigiendo a su equipo en una abultada operación, y en la escena crucial el vehículo debe detenerse y él se baja para perseguir al sujeto. Cuando Danny se encuentra al peligroso criminal, quien curiosamente se ve como un viejo débil, no se imagina uno que Danny le va a disparar sin mediar ni rendición ni palabras. Y no era él un policía loco ignorante de los reglamentos, se los sabía al pelo como decimos, y con una fuerza ignota, obligó a su equipo a respaldar la baja. Aún más, cuando es interrogado por la policía anticorrupción (AC12), su coherencia y determinación es tan hermética, que los investigadores, al igual que uno como espectador, se queda preguntando quién es este hombre.

El guionista no se rindió nunca con el personaje y tejió la vida y muerte de Danny Waldron en las últimas horas. Dejó caer escenas de segundos sobre cómo se vinculaba con los seres, y la intriga crece al entender que él no sólo no era un loco, tampoco era un psicópata o sociópata. El escritor rodeó al personaje con un coro de mujeres. Una de ellas, la única mujer de su equipo, lo protegió y defendió a pesar de las dudas, la segunda, la policía infiltrada de AC12, lejos de acusarlo terminó protegiéndolo, y la tercera, una mujer en el bar que no le quitaba los ojos de encima, le sonrió. Un tipo alto, de buen porte, después de invitar a la mujer por un trago y a pasar un rato, camina junto a ella hasta su casa y antes de despedirse le pregunta si puede besarla. La imagen fue de un beso correspondido y hermoso. A los pocos días, Danny revisa los textos de su admiradora y la cámara, coautora además de esta pieza, lo muestran de lado, bajando la cabeza, ahogando un gemido, y batiendo su cabeza antes de borrar los mensajes. Sabía él, que había cruzado una línea, y ya amaba a esta mujer quien, después sabemos, pareciera ser una profesora de secundaria. Una mujer sensible que debió agarrarse de una repisa cuando le fue anunciada la muerte de ese hombre esbelto y misterioso.

La historia de Danny le valió al actor Daniel Mays una nominación al Bafta en el 2017. El personaje se acogía a la ley de los hombres, las que nos toca en la tierra, pero sobre las leyes divinas, sobre ellas no sabemos. La justicia divina, aun cuando podemos sentir cómo y cuando sucede, continúa siendo inaprensible. El público tiene su palabra, y la audiencia de la serie, que ya era importante, empezó a duplicar los números.

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