domingo, 25 febrero 2024
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La Divina Pastora en Miraflores

De la procesión en Lima, el 14 de enero, se percibe el uso con solemnidad y cariño de los símbolos de una Venezuela que puede mostrar su orgullo por encima del drama de la emergencia humanitaria, razones de la diáspora en tierra inca.

“166 años de la visita de la Virgen de la Divina Pastora, patrona de Barquisimeto, 7 años en Perú y este año recorrió 4 kilómetros desde la parroquia Santa Teresita del Niño Jesús, toda la avenida Arequipa hasta llegar a la parroquia de la Virgen Milagrosa en Parque Kennedy. Dos misas llenas de emotividad donde monseñor Carlos Castillo, arzobispo de Lima y luego el cardenal Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo, destacaron el compromiso de la fe que tiene la comunidad venezolana con su Virgen Divina Pastora. Hablaron de la inmigración y recordaron que Jesús y María fueron migrantes. Destacaron el trabajo de los buenos venezolanos y agradecieron los años de prosperidad de Venezuela cuando recibió a miles de peruanos”. Nota del medio digital venezolano en Lima, Divergentes .News, que dirige, junto a su esposo el también periodista, Pablo Barrios, nuestra amiga la licenciada Jessica Herrera.

Por recomendación de Juan Carlos Urbina, comunicador social de Ciudad Guayana que ha estado en las ediciones anteriores de la celebración religiosa, en esta capital peruana, llegué temprano al distrito de Miraflores, un sitio de los pocos que ya me acostumbro a transitar en la gigantesca Lima. Eran unos minutos antes de las 12:00 del mediodía y el sol que desconozco en un territorio que siempre me embosca con sus brisas heladas estaba a estallar. Tanto que, siendo siempre bienvenido en lo personal, lo resentí en la plazoleta frente a la Milagrosa, iglesia al lado del Parque Kennedy. Esperé a que apareciera la procesión que venía de otro sector y a Urbina, desde Lima Norte. Al hacer presencia este último, quien a diferencia de mí, portaba camisa sencilla sin suéter, nos movimos empujados por el sol a unas cuadras en la avenida José Larco, en búsqueda de unas gaseosas como se dice por aquí. Al regresar nos encontramos con la imagen de la virgen en la puerta de la iglesia y con la aglomeración de peruanos y mayoría de venezolanos que contemplaban el baile y la música de entrada, con el ambiente inundado de papelillos para sufrimiento de las diligentes aseadoras del parque. Disfrutamos un rato del pequeño acto, presenciamos a las familias y buena cantidad de jóvenes haciendo videos y fotografías mientras cada uno de los miembros del equipo organizador hacia sus tareas: cargando la imagen, los de seguridad que con un grueso cordel despejaban el sitio, a los tamboreros que animaban, y las consignas y rezos que dirigía un muchacho que portaba una franela de la selección nacional de fútbol de Perú, teniendo de capa una bandera del tricolor venezolano.

Intercambios breves con varios asistentes, mientras el sol hacía de las suyas; era la una y treinta de la tarde. ¿De qué parte eres? Pregunta obligada. “De Valencia”, nos contestó uno entre el grupo de franelas blancas y logo en el pecho, alusiva a los acompañantes de la Divina Pastora. Pudimos escuchar con claridad: “ahora viene la misa”, que expresó una señora al lado de su niña y esposo. Divisé a un profesor de Barquisimeto que conocí en un taller de inmigración hace unos meses atrás; no pude acercarme. La patrona del estado Lara en hombros de sus cargadores inició la lenta entrada a la Milagrosa que ya estaba colmada de feligreses.

“Te pido trabajo, madrecita”

La presencia grupal venezolana, en este caso desde una perspectiva popular religiosa, nos llena de interés en el país andino. Se trata de poder tener indicios de los anhelos del inmigrante, la relación con la tierra que les cobija considerando las campañas insidiosas que intentan la etiqueta negativa. Igualmente procuramos tener pulso de lo que se percibe sobre la Venezuela lejana y golpeada, pasto de comentarios en cada oportunidad que estos encuentros lo permiten. Por supuesto son indicios fugaces, un tanto frágiles que tienen que ahondarse con estudios de mayor precisión pero que también tienen que distanciarse -de allí nuestro empeño en el contacto directo- de los datos fríos que pueden decir mucho o nada. Son los cuadrantes de esos programas si se quiere formalistas (con aspectos puntuales de apoyo) de la ayuda social inmigratoria, proveniente de los organismos internacionales.

De la procesión en Lima, del 14 de enero pasado, se percibe el uso con solemnidad y cariño de los símbolos de una Venezuela que puede mostrar su orgullo, por encima del drama de la emergencia humanitaria y los atropellos a los derechos humanos, razones de la diáspora en tierra inca. Es el propósito de mostrar la identidad criolla desde los esfuerzos, la familia y valores; propios de la integración entusiasta y concreta con la sociedad peruana. “También es que nuestra población, en su proceso de vida en Perú, viene decantándose. Haber visto cómo una enorme cantidad de compatriotas llegó a los terminales limeños; harapientos o mendigando; no pocos concluimos que nunca pudo ser espontáneo que tanta gente pudiera llegar así hasta acá. En eso, la revolución metió las manos”, dice una compatriota.

La patria venezolana, en el nuevo año sigue en la incertidumbre, aun cuando la opinión mayoritaria manifiesta estar atentos a las definiciones políticas que se presienten y se producirán sin tanto candor y civilidad. A la par, las peticiones de la fe, aquí en este Miraflores, estuvieron dirigidas a que la virgen se acuerde de interceder por el presente: “Necesitamos trabajo, madrecita”, rezan unos, ya cuando vamos dejando el Parque Kennedy.