sábado, 24 febrero 2024
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La chispa de la justicia y la democracia

Nuestro estado Bolívar conforma un “pensamiento” político rudimentario, circunscrito a la tarea electoral, extraído de la acción instantánea. Y amarrado a intereses grupales, personales o de sectores beneficiados por el estatus.

@OttoJansen

El pasado 23 de enero se cumplieron 64 años del derrocamiento de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. Sin embargo, esta fecha, particularmente para nuestra Guayana no representó ningún evento de reflexión: ¿Debía hacerse? Pienso que sí. Ciertamente, las condiciones de ayer están muy alejadas de los torbellinos, dramas y tragedias que nos acogotan en este momento, pero el solo hecho de encontrarnos con el orden constitucional secuestrado y sin miras sencillas de recuperar los plenos mandatos de la Carta Magna obligaría a nuestras elites dirigentes a pasearse por el presente institucional y por el posible futuro de justicia y democracia en este caso de Guayana.

La crisis conforma un pantano inmóvil; es la parálisis de las inquietudes y razones de la condición libertaria (sobre todo en las regiones), atropelladas por los trastazos que el cinismo del Estado socialista ha venido acostumbrando y que aplica cada vez con menos escrúpulos para aniquilar derechos y justicia. Nuestro estado Bolívar, en ese contexto, conforma un “pensamiento” político rudimentario, elemental, circunscrito a la tarea electoral y, diría, sobre todo extraído de la acción instantánea (oportunista y ligera), sin consistencia alguna; amarrado a los intereses grupales o personales de los que se han denominado “políticos” o de sectores, regularmente beneficiados por el estatus. Asociados al régimen cada vez que este realiza sus “morisquetas”, supuestamente basadas en el texto constitucional.

Hubo el vacío de consideraciones útiles con la fecha reciente del 23 de enero, pero más allá del instante, es de obligación levantar iniciativas que venzan la inercia y la falta de voluntad y talento local que contribuyan a edificar la enseñanza histórica. Es pertinente la reflexión serena acerca del papel de las mayorías, de las dirigencias; de las definiciones de luchas, las tretas del Estado dictatorial y los operadores del colaboracionismo. Porque también necesitamos pensar con amplitud y hondura los desafíos y ética del nuevo rumbo democrático en el espacio local que nos corresponde. La tarea del pensamiento y análisis hoy, fatigados de los diagnósticos y de las palabras que nada vislumbran del futuro, es despojar de tanta melcocha edulcorada, de tanto deseos confundidos con la realidad, elementos como la unidad opositora, cuyo término ya no significa nada. Requerimiento sobre el tipo de luchas que los factores democráticos deben encarar, para salir de las trampas y chantajes de expresiones que ven en cada acción de firmeza actos reñidos con la conducta democrática. ¿Hay que preguntarse si estos actos electorales calificados de ilegítimos y que termina la revolución de imponer como válidos significan algo para el rescate constitucional?; ¿o solo son episodios aislados del combate por la civilidad y donde el tufo personalista o grupal determina la dirección de sus pasos, sin obligación de ocuparse de la dictadura o de la emergencia humanitaria compleja?

Apurar la propuesta 

Cada día que pasa, y ya han pasado muchos, el deterioro social y económico adquiere ribetes de espanto. El panorama opositor nacional, con tantas insensateces, emboscadas contra Juan Guaidó y la Asamblea Nacional legitima (único pilar de representación institucional reconocido), además de las incoherencias de partidos convertidos prácticamente en caricaturas en los planteamientos y formas de organización, no ofrecen creatividad en la construcción política (¿cómo pueden hacerlo, penetrados por la traición, la burocracia y el cálculo propio?).

Ante un cuadro semejante, que en el estado Bolívar adquiere proporciones inverosímiles con la violencia y el dominio de los grupos antisociales, mafias gubernamentales y guerrilleros que se disputan las riquezas naturales, más la orfandad en las voces de luchas comprometidas, se comprueba por qué en Guayana el desaliento es campo fértil, porque la frustración copa el sentimiento mayoritario. La explicación de por qué esos causes desembocan en comportamientos colectivos de facilismo, cinismo y escepticismo.

Por eso consideramos que la complejidad exhorta a la elaboración de ideas, propuestas y esquemas organizativos, distanciados de los mecanismos usuales; muy gastados y sin impacto movilizador del anhelo democrático. La definición es en primer término la de forjar y acompañar las luchas (sin las vacilaciones tan frecuentes estos días) contra la dictadura, que avanza hacia el Estado comunal, expresión totalitaria de los arcaicos preceptos de la mitología revolucionaria. El planteamiento es de un estado Bolívar adscrito al propósito de obtener una democracia moderna sin ataduras ideológicas tradicionales, por lo que es necesario levantar la solidaridad como expresión política humanista y de transformación. Desde Bolívar la propuesta es construir la organización política horizontal, de numerosos núcleos integrados por comunidades, jóvenes, mujeres, emprendedores, profesionales junto con asociaciones cívicas activas con el ideal de impulsar la participación y representatividad ciudadana, como también la gestión pública eficiente y ejemplar. Es a fin de cuentas la organización de la resistencia democrática en coyuntura escabrosa de la República, donde no se tienen por seguro los acontecimientos que cristalicen en procesos de elecciones presidencial y parlamentarias libres y justas, tal como es la aspiración de todos los venezolanos. Mientras se concreta ese momento, Guayana debe ir diseñando su contribución y su futuro con firmeza y creatividad.