viernes, 1 de julio de 2022

Integridad pública y responsabilidad social empresarial: nortes del futuro venezolano

No podemos adoptar los modelos periclitados de la década de los 70 ni mucho menos de la propuesta chavista-madurista. Debemos apuntar nuestra visión hacia la modernidad inteligente con inclusión y respeto por los derechos humanos.

@abgoscarsalama1

El afán por constituir un gobierno democrático en Venezuela no debe desencadenar en un nuevo proceso de frustración que genere condiciones para repetir la historia del modelo que actualmente destruye la moral del pueblo venezolano. Avizorar un país moderno, republicano y democrático es quizás la tarea más importante que cada venezolano debe tener en estos momentos.

Venezuela quiere encaminarse al restablecimiento pleno de sus potencialidades; sin embargo, no considerar la asunción de modelos de Integridad Pública y de Responsabilidad Social Empresarial no solo sería un verdadero error, sino que nos convertiríamos en el primer caso de nomadismo contemporáneo por regresión política.

La concepción de un Estado productivo y competitivo implica pensar en lo más esencial para su materialización; y ello significa que es imposible seguir pensándonos como Estado todopoderoso plenipotenciario y propietario de las riquezas y de los medios de producción, donde la iniciativa individual y el emprendimiento privado son un obstáculo ideológico; tampoco podemos seguir concibiendo un Estado con grandes estructuras burocráticas con procesos y procedimientos sumamente pesados y oscuros que lesionan los derechos e intereses de los administrados.

El diseño de las políticas públicas debe estar alineado, fundamentalmente, con las necesidades de la gente y con los estándares de eficiencia internacionalmente aceptados. Se trata, entonces, de renacer como país, y la clase política debe comprenderlo. No podemos adoptar los modelos periclitados de la década de los 70 ni mucho menos de la propuesta chavista-madurista. Debemos apuntar nuestra visión hacia la modernidad inteligente con inclusión y respeto por los derechos humanos.

El modelo de Integridad Pública y Responsabilidad Social Empresarial para América Latina promueve la lucha férrea y frontal contra la corrupción, el lavado de activos y financiamiento del terrorismo, además del respeto por los derechos humanos por parte de las empresas y un conjunto de principios acordes con las particularidades de cada país. La correcta interpretación de los momentos históricos que vive el mundo será la clave con la que Venezuela volverá a recuperar su liderazgo regional y comprender que estar al margen de la sostenibilidad no genera buenos frutos, por cuanto que su omisión, nos mantendría alejados del concierto internacional de los países desarrollados.

Sin lugar a dudas, reconstituir Venezuela no se hará únicamente obedeciendo un conjunto de normas legales, técnicas ni de políticas públicas; se requerirán criterios con mayor profundidad y de otros aspectos, como el antropológico o el sociocultural, determinar y medir el impacto de la tragedia en cada venezolano y un conjunto de acciones por tomar para constituirnos nuevamente en una sociedad de gente buena y trabajadora.

Estamos obligados a ver el futuro con mucho optimismo y entusiasmo; Venezuela debe recuperar su liderazgo en la región y marcar la pauta del desarrollo con el respeto por los derechos humanos. La necesidad de apropiarnos de una visión de crecimiento, basado en el estudio y el trabajo decente, nos posicionará dignamente entre los primeros. Debemos recordar que mientras el mundo ha venido avanzando y creciendo en distintas áreas, Venezuela permanece aletargada por un proceso infeccioso de destrucción masiva de la sociedad. Son 20 años de inacción en pro del desarrollo humano; 20 años de bonus demográfico perdido y destruido.

El futuro de Venezuela comienza no precisamente con la caída del régimen nefasto: esa sería la condición; pero el futuro comenzará cuando nos convoquemos en el quehacer necesario para debatir sobre el país que queremos. Es preciso que definamos el modelo de desarrollo que deseamos y converger sobre él, el intelecto, el estudio, el trabajo y las riquezas para recuperar las sendas de desarrollo perdidas desde 1999.

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