miércoles, 21 febrero 2024
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Hipocresía encumbrada en Egipto

En estas cumbres los presidentes electos legitiman con sus arrumacos a tiranos de la peor calaña, y los medios afines se encargan de perifonearlo y magnificarlo.

En un balneario de lujo en Egipto, de cuyo nombre no quiero acordarme, se produjo una cínica convergencia intertropical de la hipocresía, bautizada como COP27. Lo que hemos visto y escuchado revienta los más punteros termómetros, barómetros y pluviómetros del “fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”. Un desfile de falsedad y doblez de una cúpula que pretende dar cátedra en la materia. Mientras algunos de los países que financian su opulento turismo ecolojeta, son una ruina total en todos los ámbitos, especialmente en el ambiental. Países devastados hasta lo impensable, sólo para satisfacer la avaricia de poderosos acumuladores compulsivos. Los mismos que se han adueñado de estos territorios, hundidos en el más deplorable tercermundismo que ha convertido en miserable al 95% de sus nativos.

De esto último no se habla en esos jolgorios del fariseísmo ecológico internacional convocados por la ONU. Su gran preocupación es el cambio climático, el calentamiento global y lo que diga o haga Greta Thunberg, gran gurú en estos temas. Quien por cierto no enalteció con su presencia el evento de marras. Puesto al servicio de tiranos que cercenan libertades y violan -impunemente- derechos humanos. Cuyo mayor logro se centra en la criminal instrumentalización de la pobreza y la propagación del hambre entre las mayorías, para que ellos y sus minorías disfruten a cuerpo de rey.

En estas cumbres los presidentes electos legitiman con sus arrumacos a tiranos de la peor calaña, y los medios afines se encargan de perifonearlo y magnificarlo para colocar al mismo nivel a mandatarios demócratas con brutales dictadores socialcomunistas. Así como se lavan riquezas producto de la corrupción cuando se invierten en negocios legales, así figuras relevantes y respetadas de la política internacional se prestan para limpiarle la imagen a crueles verdugos de sus pueblos. ¿Dónde queda la solidaridad de los adalides de la civilización primermundista con los pueblos subyugados y preteridos del tercer mundo?

Por si aquello no fuera suficiente les oyen sus ponencias, preparadas por serviles “expertos”, en las que se permiten dar lecciones -a esta exclusiva audiencia- en torno a las apocalípticas consecuencias del cambio climático. Aquellas filípicas, escuchadas con atención por tan selectos oídos, contrastan con lo que estos déspotas perpetran en sus aldeas o villorrios.

Son verdaderos depredadores que no dudan en legalizar todos los crímenes ecológicos que los beneficien. Sin que les duela la deforestación, la contaminación mercurial de los ríos, la esclavitud de los nativos y la pérdida de los hábitats de las etnias indígenas, la invasión de extranjeros indeseables que practican “la explotación del hombre por hombre”, la trata de personas, el proxenetismo más descarnado. Tampoco les importa que sus acciones, decisiones y complicidades alteren estos ecosistemas y provoquen cambios climáticos en sus dominios. Porque su interés está centrado en metales preciosos y minerales costosos, de los que obtienen pingues ganancias sin mover un dedo.

Eso sí, no dejan de aleccionar a la humanidad con sus profundos y muy académicos conocimientos, sobre cómo se debe luchar contra el cambio climático y cuán necesario es frenar la destrucción del Amazonas. Cuál gurú -en la línea de Greta Thunberg- no faltaron los vaticinios abracadabrantes, según los cuales en 30 o 40 años el planeta será inhabitable. Y si faltaba otra tragedia achacable al cambio climático, el etíope Tedros Adhanom, autoridad máxima de la OMS, la lanzó sin anestesia: “El cambio climático está haciendo que millones de personas enfermen”.

A esa COP27 faltaron los chivos que más miccionan y contaminan. A quienes les importa un pepino el cambio climático con calentamiento global incluido. Poderosos como Xi Jinping o el propio Biden ni se molestan en trasladarse a estos eventos turísticos, de sofocante y tautológica retórica. En los que florece un pomposo gamelotal, espetado por los miembros de un club en el que se congregan para hacer catarsis con C y no con Q de Qatar.

Agridulces 

En los regímenes socialcomunistas cualquier fanático soez puede ser embajador en un país de quinta categoría, sumergido en la miseria y sin instituciones. Petro lo sabe. Por eso está aquí Armando Benedetti, quien usa los MCS venezolanos para insultar, ofender, ultrajar y denigrar de aquellos que no comulgan en la misma aljama donde él reza rodilla en tierra. ¡La élite vernácula todavía debe estar riéndole la gracia al diplomático colombiano!