sábado, 2 de julio de 2022

Gran Misión Libertad

Vamos en la dirección correcta en cuanto al sentir de los venezolanos y sus anhelos pero no debemos confiarnos ni mantenernos solamente en marchas y concentraciones porque debemos recordar que en años anteriores pusimos los mártires para que el gobierno tuviera más tiempo para abusar y arruinar.

No sabemos exactamente cuándo se va el usurpador pero sin dudas el ambiente que se percibe en el país es totalmente diferente desde que la oposición decidió ponerse los pantalones largos para accionar al unísono por Venezuela. Detrás de los hechos viene la ley, porque en ninguna parte ningún legislador puede prever la situación sobrevenida que tenemos los venezolanos. Las constituciones siempre permiten un resquicio para ser aplicada cuando hay voluntad de resolver la presencia de hechos inimaginables para el momento de la discusión del contenido de las leyes.

El presidente constitucional de acuerdo con el texto aplicado, sin mayores especulaciones ni interpretaciones jurídicas sesudas que corresponden al preciosismo jurídico que siempre tiene divergencias intelectuales, es un diputado de carne y hueso que encabeza la legal y legítima Asamblea Nacional, cuerpo que goza del favor del pueblo venezolano, y de la mayoría decente, clara y honesta de los gobiernos que tienen como norte franco el sistema democrático como camino indiscutible de avance, progreso y desarrollo.

Ese grupo prácticamente está liderado por el vilipendiado imperio norteño que al fin se ha percatado que a nuestro territorio -mal llamado patio trasero- lo tienen en la mira para fines non sanctos todos aquellos que de alguna manera quieren molestar a occidente, y en particular a nuestro hemisferio; sean estos comunistas, extremistas, izquierdistas, terroristas, narcos, guerrilleros, anarquistas, ideólogos desubicados, facinerosos, delincuentes de cualquier grado, grupos vistos de reojo por los ciudadanos, y mal vivientes de cualquier categoría en la escala social.

Afortunadamente no están solos porque una gran cantidad de países que les duele la región los han secundado sin condiciones y con la sola exigencia de devolver la democracia a los venezolanos a la brevedad, después de haber padecido cuatro lustros de atropellos sociales, institucionales y económicos en los cuales solo descollaron los problemas y la miseria de la población por cuenta de un bandidaje interno manejado por hampones internacionales, algunos con un ropaje elegante para despistar su verdadero talante de complicidad con la tarea impuesta por los trastornadores del mundo.

El planeta y sus pobladores no son químicamente puros, y por tanto de todo hay en la viña del Señor; sin embargo debería quedar meridiano que unos son mejores que otros y que en esos otros hay gente que es mala semilla desde los genes, y dispuesta a realizar cualquier atrocidad en perjuicio de sus semejantes sin ningún empacho. En Venezuela tenemos pruebas reales e indiscutibles.

La actualidad no es propicia para hacer vaticinios porque aunque la situación debería resolverse con relativa celeridad la declaración de hoy en boca del santo padre: “temo por un derramamiento de sangre en Venezuela” parece olvidar que antes de esta fecha no fue agua corriente lo que corrió por las calles y avenidas de la patria por la que tanto se preocupa.

Vamos en la dirección correcta en cuanto al sentir de los venezolanos y sus anhelos pero no debemos confiarnos ni mantenernos solamente en marchas y concentraciones porque debemos recordar que en años anteriores pusimos los mártires para que el gobierno tuviera más tiempo para abusar y arruinar. No hay que dejar la calle, ahora menos que nunca, y las protestas continuas y reiteradas del pueblo por todo lo que atañe la vida cotidiana agredida por el desgobierno; eso sin olvidar que las armas, el odio, el resentimiento y la falta de escrúpulos sigue campeando entre un sector que no quiere perder prebendas ni privilegios para cambiarlos por un futuro en las penumbras de la historia.

Para que veamos sol de la libertad brillar en todo su esplendor es indispensable la contribución infatigable de todos los factores sociales, políticos y personales de todos los habitantes de la república que hemos sufrido y queremos disfrutar de la miel del éxito de la victoria definitiva.

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