jueves, 25 julio 2024
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Futuro negro negrito

El delirio, el dinero, la narcocultura y los cubanos no les permiten pensar ni actuar con sentido práctico y limpio; tampoco la ignorancia ni las agallas.

Es ocioso disertar sobre la posibilidad de no tener suficientes votos para ganarle la presidencia al cucuteño. El poder de la idea de libertad y la superación de la actualidad venezolana durante el primer cuarto de este siglo, es de tal magnitud que ninguna fuerza podría impedirla.

El candidato realiza su trabajo y la lideresa de Venezuela, imagen indiscutible del empuje de la nación dispuesta a deslastrarse de personas e ideologías que nada aportan ni significan nada para el país y su gente, son los artífices en quienes confía y respalda el pueblo para desalojar a los inquilinos harto indeseables que aspiran usufructuar de las riquezas materiales del país y de sus manipulaciones ideo políticas enlodadas por la basura que traducen las concepciones producidas por descerebrados incapaces de asumir realidades.

El régimen ha venido cometiendo una ristra de errores desde un tiempo a esta fecha sin solución de continuidad; además ha sido insistente en la porfía de sus desaciertos y torpezas contraproducentes, revertidas en ellos para debilitarlos más de lo que quieren percibir y reconocer. Negación total de hechos y prepotencia absoluta en los distintos enfrentamientos y escaramuzas nacionales y foráneas, aderezados con irrespeto, vulgaridad natural y groserías de todo calibre propias de “incultura” básica sociológica. A pesar de la dedicación a las vejaciones, atropellos y abusos cometidos contra el pueblo y la gente en lo personal, con odio desmedido e irracionalidad descontrolada, no han tenido ni un ápice de éxito en lograr que la población entera se disperse del único proyecto aglutinante del que nada ni nadie los desvía: superar la pesadilla del siglo veintiuno instalada por el desquiciado mentor del actual usurpador y de lo relacionado con su banda, sea familiar, enchufado o simplemente funcionario guapo, apoyado y arbitrario.

El régimen, ante el inminente repudio y despido directo producido por la avalancha de votos, no tiene ninguna posibilidad de evitar lo inevitable; sabe con certeza que el mundo se les viene encima. El nuevo presidente y su equipo deberán tomar posesión en enero venidero, salvo circunstancias sobrevenidas.

Hay muchas especulaciones relativas a diferentes movimientos de los perdidosos en torno a lo inmancable; sobre acciones adicionales a los ya perpetrados durante largo lapso y sin efecto. Las novedades no transitadas son de un alto costo difícil de asumir por las consecuencias.

En la situación que se encuentra la autocracia reinante y habiendo agotado casi todos los recursos para desanimar al pueblo embravecido por lo que ha soportado tanto tiempo, dos pasos quedarían por intentar: suspender las elecciones por algún motivo insulso y fútil o cometer un fraude gigantesco como el referendo sobre el Esequibo hace unos meses. Ambos casos producirían una catástrofe indefinible con antelación. No obstante, el retraso del sufragio no retrasa los resultados finales, porque hoy o en meses la voluntad del pueblo se fortalecerá aún más y el empeño en sacarlos de circulación será mayor. La suerte está echada.

Si estos politiqueros novatos tuvieran seso para lo bueno, ya hubieran contemplado una derrota digna que les diera posibilidad futura de integrarse a la planta política mediante un partido legal competidor.

El delirio, el dinero, la narcocultura y los cubanos no les permiten pensar ni actuar con sentido práctico y limpio; tampoco la ignorancia ni las agallas.

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