lunes, 15 julio 2024
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Factor Vinotinto: el reto de la decencia migratoria en Perú

Tal como con el partido de rugby entre Sudáfrica y Nueva Zelanda, este de Perú y Venezuela, con otros indicadores, es para los inmigrantes un pivot de validar su presencia digna en medio de los agobios que caracterizan la salida forzada del país.

@OttoJansen

Perú es un gran país. Es diferente en mucho a la visión de los venezolanos sobre la sociedad, pero es en esencia un pueblo (no exento de focos de expresiones atrasadas) humilde que expresa generosidad genuina. Debe haber una explicación que sobrepase las deducciones lógicas del por qué los venezolanos en su huida del hambre del régimen bolivariano han terminado en masa significativa en este terruño, produciendo impactos en lo que algunos factores locales intentan dejar como imagen única los actos antisociales de una minoría. Pero el grupo inmigrante es mucho más que un simple accidente por lo que asume, en cada circunstancia que le atañe, defender con pasión su valía y este tipo de actitud es incomprendida en la tierra inca, causa extrañeza y en la condición “minusválida” de ciudadano extranjero, en la que se supone está etiquetado, resulta sorprendente y, para algunos, hasta “chocante”.

En los episodios, recurrentes cada ciertos lapsos, en los que se han producido hechos que han involucrado ciudadanos de Venezuela y que, claramente han sido responsables, el resto (sobre todo personas comunes, trabajadores de a pie y mujeres jóvenes) ha condenado con fuerza los delitos y reivindicado de igual modo la decencia como principal objetivo de su estancia en Perú. Esto no es común por estos predios donde se confunde la humildad con la sumisión y donde por ese rasero pasan muchas injusticias para el habitante nativo. En la complejidad del desbordamiento inmigrante venezolano, muy lejos en las cifras del resto de otros países, que no son históricas ni tradicionales, se hace presente el desdén de voces de pequeños grupos por la condición de pobreza a la que se asocia a las familias llegadas hasta acá. A esto se suma la descalificación de la mujer venezolana (como apareció hace meses en una supuesta encuesta difundida en medios de comunicación y previo al partido de fútbol en un programa de TV) que se ha tildado de “fácil” o prostituta. En el caso de la delincuencia, el mejor argumento para justificar la violencia criminal que crece en Perú es la presencia de miembros del Tren de Aragua. Ante esto, las autoridades se han movido en una encrucijada artificiosa: fundar bases trascendentes de ordenamiento y aprovechamiento de la inmigración, como ha sido demostrado por la muy bien ejecutada campaña puesta en circulación durante seis meses de este 2023 y que culminó el 10 de noviembre pasado. Y la tentación de las medidas efectistas como lo es la aprobación de la reforma de la ley que permite la expulsión de ciudadanos irregulares en un plazo de 48 horas. Instrumento que ha recibido críticas de ciudadanos peruanos por no enmarcarse en los convenios internacionales de la materia.

El gobierno duda y cede con harta frecuencia a las provocaciones políticas, con el cuido de que no parezca que desfavorece a sus compatriotas. Es acusado por la arenga extremista y xenofóbica, de tener motivaciones de justicia social y una visión revolucionaria del patio que acecha.   

¡Invictus!

Es en este contexto que aparece la selección vinotinto de Venezuela para disputar a Perú, en el Estadio Nacional de Lima un partido (martes 21 noviembre) en el que las selecciones encaminan sus puntos para la clasificación mundialista. El deporte, mas este fútbol que es cantera de millones de divisas a nivel global, es empujado por la pasión que involucra identidades nacionales, tiene larga tradición en la nación andina. En las incidencias previo al partido se evidenció la emoción de inmigrantes venezolanos potenciando su querencia por la patria lejana y empobrecida (que no se olvida), además de resaltar con grito en cuello, por sobre campañas mal intencionadas que han tenido de respuesta la solidaridad, la condición de persona de trabajo honrado y de amor por la vida: un habitante que eligió esta tierra para quedarse a cumplir un tiempo edificando un espacio integrador que debería ser protegido por la modernidad desde el cumplimiento de la ley y los derechos humanos.

No es casual que los trabajadores de delivery, con sus motos, que han sido víctimas inocentes en los enfrentamientos de identificados malandros criollos con las mafias delincuenciales peruanas, hayan proporcionado la mayor algarabía y vistosidad en la recepción de los jugadores de la selección. No es casual la presencia de jóvenes y de las mujeres venezolanas en el partido. El que, desde el punto de vista de la narrativa de cara al juego (con las exageraciones del fanático), hayan ganado la atmósfera limeña. Lo demás son los ingredientes que aparecen en coyunturas de este tipo que matizan o agravan el fondo del proceso: la actuación policial contra la selección venezolana (que hay que también decir sin que esto les disculpe, que en un momento enfrentó duro a una pequeña horda de fanáticos que intentaron arremeter contra la barra vinotinto), prohibiciones de uso de franelas o banderas o el inexplicable control migratorio, que calculado como torpemente intimidatorio, probablemente promovió la discriminación. Cada resquicio para el inmigrante venezolano se convierte en un mecanismo de expresión de sus anhelos y propósitos de ciudadanía, libertad y bienestar, teniendo en mente el futuro por conquistar. Tal como lo fue en la década de los años 90 del siglo XX, con el partido de rugby entre Sudáfrica y Nueva Zelanda, que permitió unir a una sociedad salida del horror del aparheid, este de Perú y Venezuela, por supuesto con otros indicadores, es para los inmigrantes un pívot de validar su presencia digna en medio de los agobios que caracterizan la salida forzada de su país.

Sí, se está en otra tierra que hay que agradecer de corazón. Ahora, ese mundo ancho y ajeno como dijo el escritor peruano Ciro Alegría hace décadas, no debe implicar hoy que la gente no se atreva a conocerlo y hacerlo suyo para la integración inevitable que empujan el bienestar y el desarrollo. El juego empató a un gol.