domingo, 14 abril 2024
Search
Close this search box.
Search
Close this search box.

Encuentros en la vía con el sentir popular de Lima

Hay grandes elementos para el optimismo en nuestros pueblos, pero ha de avanzarse en la comprensión y valoración de la modernidad, justicia social, eficiencia, educación, Estado de derecho y voluntad política.

@OttoJansen

Una travesía por el metro (tren) de Lima, cuyo recorrido abarca nueve distritos de la gigantesca y súper poblada capital de Perú, me proyecta irremediablemente a considerar los avances latinoamericanos en materia de calidad de vida. A medir esos alcances que también conocimos o pudimos tener en Venezuela y no supimos darle suficiente valoración. El paseo en el vagón lustroso y sencillo me empuja a considerar la modernidad, la democracia, la justicia social y logros de nuestras sociedades.

La estación, de la línea 1 del metro como una de las 26 que integran el sistema, en Villa El Salvador, comunidad con significativa población aun constituyéndose al sur de Lima, es una muestra de la inversión en el servicio del transporte público masivo. Una obra moderna -con apenas 14 años de inicio- que mueve centenares de personas a lo largo del día en los trenes que surcan pilares aéreos pasando por sectores de inserción popular, complementándose con el extendido e igual de asombroso de los autobuses pertenecientes al Transporte Metropolitano, con unidades similares a lo que fue el intento fallido de los metrobuses en algunas ciudades venezolanas. A ello hay que agregar la multiplicidad de líneas autobuseras identificadas por colores y letras que cubren rutas paralelas o enlazan con los servicios mencionados. Ahora, lo que queremos enfatizar es en que cuando hay inversión pública a estos niveles, las ciudades adquieren la personalidad, la pericia, la cultura que propicia con firmeza consolidar la convivencia ciudadana. En estas capital inca, tal vez se encuentre en los primeros pasos de estos aprendizajes pero a mediano plazo, la ganancia es la consistencia de una visión en la que la gente puede progresar, ha de otorgar valor al servicio y, tal vez lo más importante, a defender sus conquistas. Es innegable que la gruesa movilización de personas a sus labores, a la dinámica comercial que es otro aspecto increíble de la ciudad, incentiva al desarrollo en lo que las dirigencias institucionales no pueden estar rezagadas ante los avances, aun cuando debe decirse que aquí se nos hace común a lo contemplado en Venezuela, y de los otros países de estos paralelos, en que la clase política tiende a vivir distraída en sus escándalos surgidos de la falta de grandeza y de sus apetencias particulares.  

La “chispa” de Guarenas

Por estos mismos días, y es parte de las advertencias que nos han dejado episodios de descomposición, allá en la patria lejana se ventila un conflicto con líneas autobuseras en Lima. El diario El Comercio en una nota sobre el tema describe, “el corredor morado cumplió este martes, 5 de marzo, su segundo día de paralización, medida que fue adoptada debido a incumplimientos de obligaciones por parte del Gobierno. En ese sentido, Gerardo Hermoza, representante del sistema de transporte, confirmó esta mañana que no se llevó a cabo la reunión con el ministro de Transportes y Comunicaciones, Raúl Pérez Reyes, y lamentó que los usuarios del servicio sigan transportándose -desde ayer, 4 de marzo- en unidades ‘informales”. Sobre el punto el alcalde de Lima Metropolitana acusó a los representantes de la línea de no ser buenos administradores.

Varias veces he citado en la columna al último texto del filósofo y periodista venezolano, Antonio Pascualli, dedicado a mostrar el estado lamentable de vías, transporte y comunicaciones por la indolencia y abandono del modelo chavista. Teniendo en cuenta precisiones del especialista fallecido, además de nosotros mismos haber padecido (como todos los del patio nacional) cómo el transporte público fue desapareciendo de las rutas populares en las ciudades; incluso haber usado en más de una ocasión camiones de carga de ganado como transporte. Se puede entender que una parte significativa del control social de la población desde los modelos autoritarios pasa por el deterioro y posterior dominio del desplazamiento popular. De este modo viendo la calidad que presentan los peruanos en la materia, no pudimos menos que admirar el tejido gigante de las rutas que cubren la capital, la manera como potencian la cultura laboriosa con que cuenta esta tierra de Miguel Grau y Vargas Llosa que a veces parece rayar en la exageración. Bien, el punto es que si no se va adelante a las problemáticas que van surgiendo (así como el que describe la información del periódico limeño), comienzan los deterioros, la involución y con ello las oportunidades para que el primitivismo político al acecho tenga oportunidades de colar sus propósitos. Aún no se tiene claro de responsables, encontramos una reseña en días de aniversario recientemente cumplido, cómo los sucesos del Caracazo, la revuelta del 27 de febrero de 1989, inició su escalada que terminó en caos y muertes. La mayor certeza fue que comenzó por la población de Guarenas, la ciudad del estado Miranda dormitorio de Caracas, y la razón fue la materia del combustible vinculada directamente al servicio del transporte. Un elemento que no debería ocurrir nunca más: ni en Venezuela ni en ninguna otra parte de Latinoamérica.

Hay grandes elementos para el optimismo en nuestros pueblos, pero ha de avanzarse en la comprensión y valoración de la modernidad, la justicia social, eficiencia, educación, Estado de derecho, determinación y voluntad política. El paseo por una parte de la vialidad de Lima fue de provecho a la imaginación y a la recarga de energías para la esperanza.

Trocitos“Serenidad y firmeza” la respuesta de la candidata María Corina Machado al anuncio de la fecha de las elecciones presidenciales el 28J, “una convocatoria exprés”, como lo califico el periodista Eugenio Martínez. Cuando la emboscada al sentimiento de cambio apresura sus pasos de parte del régimen y factores políticos acomodaticios, se arrecia también la algarabía para intentar la confusión. Este será un año de protagonismo estelar de la gente y eso se intenta callar. La exhortación de la candidata es el grito de batalla.