domingo, 14 abril 2024
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Enchufados, cortesanos, depredadores et al

Sólo en revolución el saqueo, el despojo, la exacción, el pillaje y la devastación recibe licencia para la destrucción total de una nación. | Foto William Urdaneta

De récord en récord hasta la ruina absoluta, Venezuela ostenta el mayor índice de desempleo del planeta. Ni siquiera Haití o países africanos se acercan ni de lejos a esta marca. Hecho en socialismo, en pleno siglo XXI, es un logro sin precedentes del que siente orgullosa la casta comunista de vagos y maleantes que se apoderaron del país. Porque la verdad es que si hay gente alérgica al trabajo -desde que nace hasta que muere- esos son los ñángaras de todos los tiempos y nacionalidades. Se han inventado algunas trampas para hacer creer que laburan, como dicen los argentinos. Una de ellas es parlotear largo y tendido, como si el sonido que sale de su jeta alimentara o curara a oyentes y feligreses. Dos de los verborrágicos más desorejados habitaron este continente, en el que dejaron una estela de destrucción, miseria, hambre, dolor, represión, ejecuciones, muertes y corrupción a todo lo largo y ancho de sus dominios.

Matar el tiempo es la tarea esencial del ocioso, para lo cual han urdido mañosas artimañas, cuyo propósito es convertirlas en mecanismos expeditos para obtener dinero del erario público. Me voy a permitir enumerar algunos de estos artificios, instalados en el tejido social de esta Venezuela, con su récord de desempleo a cuesta.

Enchufados: Para lograrlo tienes que conseguir un enchufado con sus cables bien pelados. Es el más buscado por un importante sector, pero requieres tener línea directa con la cúpula y eso no es fácil si no tienes un lazo de consanguinidad con ese enchufismo cupular. Hijos, sobrinos y cónyuges tienen todo para enchufarse, incluso aterrajarse a los dispensadores de dinero público, sin límite alguno. Novias, novios y amantes tienen sus oportunidades si cuentan con suficientes méritos, tanto en la vanguardia como en la retaguardia, ambas diseñadas ad hoc para satisfacer exigencias y gustos siliconados. 

Cortesanos: Tampoco es fácil una colocación de tanta cercanía con este enchufismo recién vestido, pero con debilidades aristocráticas. Es menester saber de vinos carísimos, mientras más dulces y espumosos mejor. Debes conocer las marcas más costosas de trajes, carteras y zapatos. Las francesas e italianas son las más demandadas por ellos y ellas. Sólo hay que ver a Pedro Carreño. Los restaurantes de moda y los más famosos -nacionales e internacionales- no pueden faltar en tu lista.

Importadores: Esta es una actividad privilegiada, ligada a lo más selecto y encumbrado del enchufismo socialista. El ejemplo más conocido es Alex Saab, el colombo-libanés que recibió de la cúpula todos los dólares para importar y hacerse multimillonario, después de vender llaveros en su Barranquilla natal. Su as bajo la manga fue la enturbatada Piedad Córdoba, su madrina, quien subió con él los escalones miraflorinos hasta el salón exclusivo, donde estaba la macolla comunista que lo convirtió en proveedor exclusivo de los CLAP. No tardó en volar en sus propios aviones, que surcaron los cielos del mundo mundial para llenar de comestibles -desechados, vencidos y residuales- las bolsas que les venden a los hambrientos, desnutridos y raquíticos venezolanos.

Bodegueros: Astucia de unos pocos en tiempos de hambruna colectiva. Filón de enchufados que importan para complacer a pudientes que no tienen privaciones económicas como la mayoría de los nativos. Sin impuestos, no dudan en traer las exquisiteces que acarician paladares exclusivos. Nada que ver con los bodegueros de otrora en cada pueblo de Venezuela. Estos son bodegueros de bodegones citadinos, no de humildes bodegas pueblerinas.

Depredadores: Sólo en revolución el saqueo, el despojo, la exacción, el pillaje y la devastación recibe licencia para la destrucción total de una nación.  Esclavizan a muchos y se convierten en milmillonarios, mientras un Estado cómplice aprueba este criminal ecocidio y etnocidio.

Traficantes de personas: Crimen convertido en fuente de enriquecimiento. Niñas, niños y adolescentes que sobreviven en la miseria son vendidos en el mercado del proxenetismo, que es el más vil y brutal de todos. Sacan de su paraíso comunista a seres humanos que convierten en mercancía, de la que obtienen enormes ganancias.

Otras maulerías y zalagardas. Delator: da para comer, pero no te hace rico o al menos eso creo. Pranes, trenes y luceros se han beneficiado, crematísticamente, con la violencia que administran desde las cárceles. Uniformados y armados con licencia para matamatraquear se enriquecen, sin medida. A los que hablan bien del régimen -en redes sociales- les pagan sueldo mínimo, igual que a los milicianos. Hay más, pero no tengo espacio.

Agridulces 

Al Coqui le piden conversar. Quieren dialogar con Carlos Luis Ravete -el dueño de la Cota 905- para alcanzar un cese de hostilidades. Buscan una negociación entre pares: ¿de malandro a malandro o de autoridad a autoridad?

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