miércoles, 21 febrero 2024
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¿En dónde está Hidrobolívar?

Al gobernador de Bolívar le toca: uno, cumplir con la gente y hacer las presiones al Gobierno nacional, o dos, segur haciéndose el desentendido, esperar las órdenes que quizás no lleguen y contar con seguro juicio popular del que no podrá zafarse.

@OttoJansen

El gobernador del estado Lara estuvo en Bolívar a mediados de enero, de lo que solo se supo de su visita al municipio minero de El Callao cuando alardeó (al pie de un molino primitivo, aljibe con cuerdas y poleas) sobre el irremediable desarrollo de la Venezuela potencia. Bueno, ese mandatario apenas hace un par de días les solicitaba paciencia a los larenses para resolver la situación caótica del servicio de agua, que es la problemática que insufla, por lo que se ve, la irritación de aquella región (y del país). Aquí en la zona del hierro los vecinos arrancaron temprano este año preguntando dónde está Hidrobolívar, un cuento de nunca acabar que involucra a todos los municipios, ya que los cortes, racionamientos, la ausencia de agua por años en sectores populares se expanden sin que más allá de la propaganda en los medios de comunicación sea posible concretar soluciones.

El gobernador del estado Bolívar, que no apareció cuando estuvo su colega de Lara, no ha dicho nada ni de minas ni de agua: prefiere la fecha de San Valentín o el rito vacío de la conmemoración del Congreso de Angostura (como lamentablemente estila la revolución de unos años para acá en la capital bolivarense) para sustentar sus palabras interminables del “Renacer”. Estos son los engrudos del socialismo con sus gobernantes regionales; la realidad es la crisis que viene arrollando a las comunidades, donde además la organización comunal cada vez desde el punto de vista de la experticia técnica deja sin argumentos los clichés evasivos que las cuentas de las redes sociales de la hidrológica han venido difundiendo como razones de las deficiencias que padecen los guayaneses. Lo que observan los vecinos es que los técnicos de Hidrobolívar carecen de elementos imprescindibles para la revisión que debe acometerse o poder hacer las planificaciones que contribuyan a avances de cierta trascendencia cuando no hay en Ciudad Guayana (siendo el caso a considerar) ningún sector que no esté afectado en mayor o menor grado por la situación del servicio. Uno de los aspectos que citan los vecinos, constituidos en comisión técnica, es la falta de los planos de las tomas de agua, que no existen o desaparecieron, cuando se supone que desde hace cinco años atrás -pensamos nosotros- debían estar actualizados con las “construcciones” de los acueductos de los que el general Rangel Gómez hizo publicidad por larguísimo tiempo. 

Un, dos, tres… mucho golfo

Lo que probablemente no maneja el señor Ángel Marcano es que Hidrobolívar es un organismo surgido del convenio de once municipalidades de Guayana con el gobierno regional del estado Bolívar, decretado el 24 de febrero del 2005. Esto supone para quien tenga el ejercicio del despacho gubernamental, ser el primer responsable de gestión del servicio, ya que esta función pasó mediante la Mancomunidad de Alcaldes y constitución de la hidrológica al gobierno regional, que en la Ley Orgánica del Poder Municipal solo incumbe a los municipios. Una verdad legal de Perogrullo, que alguno de los mayoritarios diputados revolucionarios del CLEB, que se desempeñaron como alcaldes, puede ilustrar a su camarada. Hay que repasar los fundamentos porque la cosa no es tan simple como decir palabras más, palabras menos: “Seguimos lo que nos ordene el hermano presidente Maduro”. Un decreto de emergencia regional como el que debe implementarse con el deterioro sostenido del servicio de agua en el vasto territorio de Guayana implica erogación importante de recursos del nivel central para afrontar las medidas, planes y programas. Esta condición obliga a que el mandatario del estado haga el decreto y la petición correspondiente, ya que es su atribución específica; de allí que al gobernador de Bolívar le toca: uno, cumplir con la gente y hacer las diligencias y presiones al Gobierno nacional, o dos, seguir haciéndose el desentendido, esperar las órdenes de su partido que quizás no lleguen y contar con seguro juicio popular del que no podrá zafarse y que ya está en curso.

Los gritos del agua son cuantiosos y dramáticos por cualquier lado en el que usted se meta: en Caicara no llega, y cuando lo hace arrastra barro y suciedad; en Upata cargan pipotes desde Ciudad Guayana para abastecerse; en el resto del sur los equipos están ruinosos. Las comunidades de Angostura del Orinoco se llenan de pozos profundos, mangueras, carruchas o cisternas privados. Esta situación tiene años abordada por mesas de aguas, estanques que no se construyeron o no sirvieron. Que algunas de las autoridades actúen como si el problema es la petición de derechos de palabras no va a resolver la grave crisis. Si no se reclama como lo hacen los vecinos en la calle, el cuento de los golfos uno, dos y veinte seguirá absolutamente igual.