jueves, 22 febrero 2024
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En busca de José Eugenio Sánchez Negrón

En una colección de libros que lleve por título “Biblioteca de Autores Bolivarenses”, uno de los tomos que no pueden faltar es el dedicado a la obra poética, ensayística y periodística de José Eugenio Sánchez Negrón.

@diegorojasajmad

La primera vez que visité Ciudad Bolívar fue en 1999 en busca de un poeta llamado José Eugenio Sánchez Negrón.

No se trataba de un poeta cualquiera. Su nombre figuraba en las historias de la literatura venezolana, había ganado varios premios por su obra poética y periodística, y de él ya habían escrito autores como J. A. Armas Chitty, Velia Bosch, Ofelia Cubillán, Pedro Díaz Seijas, J. A. Escalona-Escalona, José Ramón Medina, Manuel Alfredo Rodríguez, Teresa Coraspe, César Dávila Andrade, José Simón Escalona, Américo Fernández, Guillermo Morón y Leopoldo Villalobos, entre muchos otros.

Quería conversar con él para conocer su historia de vida, sus motivaciones literarias, el significado dado a algunas de sus imágenes poéticas.

Cuando ya estuve en Ciudad Bolívar, luego de una larga odisea, supe que había llegado demasiado tarde: el poeta Sánchez Negrón había muerto en 1989.

Enterarme de esa noticia no me hizo desistir, y decidí aprovechar la ocasión para visitar bibliotecas y archivos de la ciudad con el fin de reconstruir la vida y obra de Sánchez Negrón, y así encontrar en los papeles lo que no pude hallar en la viva voz del poeta.

Visité la Biblioteca Pública “Rómulo Gallegos”, el Archivo Histórico, las sedes de los periódicos de la ciudad como El Bolivarense y El Expreso y, por suerte, tuve acceso a la biblioteca personal del fallecido escritor, cuya familia gentilmente me permitió la entrada y me ofreció datos biográficos valiosos.

Con todo ello, logré armar el rompecabezas del poeta y así pude conocer de él varias cosas.

Supe, por ejemplo, que José Eugenio Sánchez Negrón había nacido en Caracas el 28 de febrero de 1927, que sus padres fueron Reynaldo Sánchez Gutiérrez y Clara Negrón Negrón, y que su familia decidió mudarse a Ciudad Bolívar en 1932. ¿La razón?: Reynaldo Sánchez Gutiérrez tuvo que encargarse del bufete de su padre, Don Eugenio Sánchez Afanador.

También me enteré de que Sánchez Negrón estudió en la Escuela de Primeras Letras de Isabel Abreu, luego en la Escuela Heres y el bachillerato en el Liceo Peñalver. Sin embargo, interrumpió sus estudios de bachillerato para ingresar en la Escuela Naval de Guerra en Maiquetía, donde permaneció dos años. Allí fundó, junto con algunos compañeros, la revista El Galeón.

También allí interrumpió sus estudios, solicitó la baja, y en 1942 viajó a Trinidad, donde siguió el bachillerato en el Colegio Venezuela, durante año y medio.

Regresó a Ciudad Bolívar en 1944. Formó parte de la Federación de Estudiantes y ganó el premio de Poesía del Liceo Peñalver con el poema La india de ojos tristes.

También supe que, a los 21 años, y debido a problemas de salud, tuvo que trasladarse al hato familiar “Nuevo Mundo”, en las inmediaciones del río Orocopiche, y allí escribió los poemas que formarían parte del libro Los limos de la tierra, publicado en 1950, y con el cual pasará a ser considerado como uno de los representantes del naciente movimiento poético “La Nueva Poesía Venezolana”.

Siguió los pasos profesionales de su abuelo y de su padre yendo a Caracas a estudiar Derecho y obtuvo su título al caer la dictadura de Pérez Jiménez.

Ya graduado, regresó a Ciudad Bolívar para incorporarse al bufete de su padre y además se dedicó a la enseñanza en la educación media, específicamente en las materias: Literatura Venezolana, Literatura Española, Historia Universal, Historia de Venezuela, Historia de la Filosofía, Psicología y Formación Social, Moral y Cívica.

En ese tiempo no abandonó la escritura, y en 1962 obtuvo una mención honorífica en el Premio Municipal de Poesía con el poemario Los ruidos del mundo. También consiguió el Premio Municipal de Poesía con Los humos y las voces (1963). Además participó en el certamen de cuentos de El Nacional con su obra Los hospitales del infierno; no ganó, pero su trabajo fue seleccionado para ser publicado.

En 1969, el Concejo Municipal del Distrito Heres le otorgó el Premio Municipal de Periodismo como mejor columnista. Un año después se encargó de la dirección del diario El Bolivarense y fue nombrado cronista de Ciudad Bolívar. Publicó su cuarto poemario, Los sonetos reiterativos, en 1975.

Fue miembro de la Academia Nacional de la Historia por el estado Bolívar e inició una serie de programas radiales, difundidos por Radio Bolívar, con los cuales dio a conocer la historia venezolana. Además creó el Gran Suplemento del diario El Expreso y colaboró en diferentes revistas culturales del país como la Revista Nacional de Cultura, Árbol de Fuego, Poesía de Venezuela y en los diarios El Universal y El Nacional. En 1984 fue nombrado director de Cultura del estado Bolívar, en cuyo cargo fundó la revista A-Rayas.

Murió un 18 de agosto de 1989, luego de una operación quirúrgica de escaso riesgo.

La imagen que me dejó este rompecabezas fue la de un gran lector (los libros que vi en su biblioteca personal así lo confirman), un investigador acucioso de la historia, un comunicador que supo emplear la prensa y la radio para el fomento de las artes, un gerente cultural preocupado por la preservación y difusión del patrimonio y, sobre todo, un poeta de alto vuelo.

En una colección de libros que lleve por título “Biblioteca de Autores Bolivarenses”, uno de los tomos que no pueden faltar es el dedicado a la obra poética, ensayística y periodística de José Eugenio Sánchez Negrón.

Ya de regreso al hogar, y luego de varias semanas de investigación en Ciudad Bolívar, seguía pensando en aquellos versos de Sánchez Negrón que descubrí en Los limos de la tierra, su primer poemario:

“Mi cadáver contendrá horizontes en sus ángulos, 
aire en las manos inmóviles, 
y ríos cruzándolo”