miércoles, 18 de mayo de 2022

El ¿nuevo? TSJ

Habrá que concederle al ¿nuevo? TSJ el beneficio de la duda. Dios quiera que los primeros en disiparla -se los desea un ateo confeso- no sean sus mismísimos integrantes.

Habrá que concederle al ¿nuevo? TSJ el beneficio de la duda. Dios quiera que los primeros en disiparla -se los desea un ateo confeso- no sean sus mismísimos integrantes.

@omarestacio

Parió la “agüela”. “TSJ, habemus”. Finalmente la ilegítima Asamblea Nacional eligió los compatriotas que presidirán durante los venideros 12 años, el maltrecho, por no decir inexistente, gobierno judicial de Venezuela.

Después de 30 largos días de diatriba interna, no precisamente ideológica. De chantajearse, los unos a los otros. De extorsionarse como amantísimos conmilitones del PSUV. De sacarse los trapos sucios para después lavarlos en ninguna parte. La RoboLución lo necesitaba.

Don Quijote, lo tiene dicho: “Según lo que aquí he visto, Sancho, es tan buena la justicia, que es necesaria que se use, aun, entre los mesmos ladrones”. 16 siglos atrás se le había adelantado Cicerón, aunque con diferentes palabras. “De Officiis”, 2.40: “Iustitiae cuius tanta vis est, ut ne illi quidem, qui maleficio et scelere pascuntur, possint sine ulla particula iustitiae vivere. Nam qui eorum cuipiam, nisi aequabiliter praedam dispertiat, aut interficiatur a sociis”. (Es tan grande el poder de la Justicia que ni siquiera, el crimen, incluidos quienes se alimentan del mismo pueden vivir sin élla, porque el que roba, a menos que reparta lo robado por partes iguales, será muerto por sus socios). ¡Toma ya, camarada, “Arepa ‘e Viuda”! “Comer”, en exceso, como es tu caso, es dañino para la salud. Pero “comer” pa’ ti solo puede terminar en hacerle honor a tu apodo.

Cuando meses atrás se informó que la pretendida comisión regeneradora del sistema de justicia roboLucionario sería presidida por el honorable diputado “Arepa ‘e Perico”, nos llevamos las manos a la cabeza. ¿Cómo ha de regenerar, nada, quien ha sido partícipe de la degeneración -del propio TSJ, para ser más precisos- al extremo que este último justipreció la “reputeada” reputación, del fementido regenerador, 838 veces más que la vida de un niñito venezolano electrocutado, por la negligencia, por la ineptitud, la voracidad, de los generalotes, que han saqueado “Corpoelec”?

A lo que se agrega que, al final, la selección definitiva de los nuevos magistrados estuvo a cargo de la referida Asamblea Nacional. Un parlamento espurio. Ilegítimo de origen e ilegítimo por desempeño, porque cuando delibera decide por “voto sobaquero”, a mano a alzada, su señal de costumbre o mansedumbre y porque sus integrantes son hijos del fraude electoral, por haber sido electos, mientras las directivas legítimas de los partidos opositores estaban y siguen secuestradas a través los sedicentes opositores, “alacranes” o “malinches” o “esquiroles” o “cipayos” o designados a “dedo” por ese mismo TSJ que ahora se pretende depurado.

El acabóse lo puso la diatriba, encendida por el “Diputado Louis Vuitton” -¿Por qué será que los próceres roboLucionarios son portadores de alias tan líricos?- con el propósito de sacar del nombramiento de los nuevos magistrados, tajada más “justa” para su gang.

El cronista, ateo radical, pero muy cristiano, cada vez que puede invoca pasajes de la Sagrada Biblia: “Así todo árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos”. Mateo 7:17-20. Improbable, por decir, lo menos, que con tales antecedentes de la AN y de la susodicha Comisión Regeneradora salgan los buenos frutos de un TSJ autónomo, independiente, imparcial, que no siga siendo, como hasta ahora, mero apéndice o intestino grueso de la impresentable narcosatrapía.

Total, que lo que fue concebido como un blanqueamiento de imagen, cosmética o como supuesta operación de gran calado, con el objetivo de frustrar el posible avocamiento de la Corte Penal Internacional, CPI, en el conocimiento de los crímenes aberrantes, perpetrados en Venezuela a partir de 2002, terminó en Patio de Monipodio.

Por lo pronto habrá que concederle al ¿nuevo? TSJ el beneficio de la duda. Dios quiera que los primeros en disiparla -se los desea un ateo confeso- no sean sus mismísimos integrantes.

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