jueves, 23 mayo 2024
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El lector cero

En enero de este año el FBI arrestó a un italiano de 29 años. Su delito: querer ser el mejor lector de todos.

@diegorojasajmad

Filippo Bernardinni, italiano, de 29 años, fue arrestado por el FBI el pasado mes de enero en el Aeropuerto J.F. Kennedy de Nueva York. Algunos creen que su delito fue querer ser el mejor lector de todos. El único lector cero.

Desde hacía algunos años, desde el 2016, Filippo Bernardinni aparentó trabajar para prestigiosas empresas editoriales, creó cientos de páginas de internet con direcciones electrónicas similares a las originales, se hizo pasar por muchas personas que trabajaban en el medio y diseñó papelería de las compañías, todo con el propósito de convencer a varios escritores de diversos países para que les enviaran los manuscritos de sus obras recién culminadas, o aún en proceso de escritura, para evaluarlos y planificar una supuesta futura publicación.

Fueron víctimas de este fraude cientos de escritores, algunos de la talla de Margaret Atwood, Sally Rooney, Ian McEwan, Saskia De Coster y hasta Ethan Hawke, el actor norteamericano, también autor de algunos libros.

Durante varios años, cientos de manuscritos fueron enviados a Bernardinni desde diversos países: Corea, Suecia, Francia, Dinamarca, China, Noruega, Inglaterra y Estados Unidos.

Al descubrirse el fraude, tanto autores como editores entraron en crisis pues el trabajo de meses y años podía verse perdido para siempre.

Llevado a tribunales, Filippo Bernardinni dejó asombrados a todos con su declaración. Ante el hecho de no haber vendido ninguno de los manuscritos, ni pedido rescate por la devolución de las obras, ni haberlas plagiado, ni subido los archivos a las plataformas de piratería, la jueza, desconcertada, le preguntó el motivo de sus acciones. Bernardinni solo afirmó: “quería leer antes que los demás”.

“¿Entonces usted solo quería leer los libros antes de que fueran publicados? Interesante, muy interesante”, alcanzó a decir la jueza mientras trataba de entender el caso.

En el mundo editorial se emplea el término de “lector cero” para designar a la persona encargada de leer la primera versión de la obra, antes de su publicación, con el fin de ver aquello que no ha logrado ver el autor. El lector cero es un lector experto que dictamina la calidad del manuscrito, sugiere cambios. Todo escritor tiene a su “lector cero”, a un amigo sincero que opinará si la obra vale o no la pena.

Un lector cero trabaja en el magma de la literatura, tiene el privilegio de conocer las obras antes de que existan, y quizás por ello Filippo Bernardinni se obsesionó con la idea de leer las futuras obras maestras primero que cualquiera.

Si se juzga como culpable, Filippo Bernardinni podría pagar una condena de más de 20 años.

Y después dicen que la pasión por la literatura no tiene sus peligros. 

Otras páginas 

La poesía Tuki: Verónica Bastardo -excelente profesora y comunicadora social como pocas- me presentó hace poco el nombre de Luis Alejandro Indriago y la poesía Tuki. Fue un descubrimiento asombroso que me hizo recordar, en algunos aspectos, al sound system jamaiquino o al freestyle y sus batallas de gallo, entre muchos otros. Vista de forma general, la poesía tuki es la expresión poética de un grupo urbano, sobre todo de los barrios de Caracas, que adopta en su performance y escritura sonidos, atuendos, valores y estilos de vida. Es un tema que merece un artículo aparte. Por lo pronto, transcribo un poema tuki de Luis Alejandro Indriago: 

Tu belleza reina en los recovecos de este arrabal 

donde solo suben zamuros 

pendientes de soplarme el bistecs 

Tu falda se menea como hamaca 

para el dormitar del fuego

 regálame un beso que me rasque como anís cartujo 

donde se nos pierda el Manual de Carreño

y nos faltemos los respetos en el placer 

del baile erótico de la salsa baúl 

Te montaría un rancho lleno de carricitos 

te soltaría la perrera entera 

por ese cuerpo de odalisca con pantalones rojos 

– Malas influencias: “Yo leí muy poco a Rimbaud porque me di cuenta de que era de esas personas que podían influir en mí. Lo mismo me pasó con Ramos Sucre, con Michaux; los evito, leo más bien a otros”. Rafael Cadenas

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