miércoles, 17 abril 2024
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El imperio se desmorona y ahora parece que va en serio

La primera potencia del mundo no es Venezuela, respondieron muchos con displicencia cuando fueron advertidos que se acercaban al precipicio. Igual replicamos que “Venezuela no era Cuba” cuando nos alertaron a los venezolanos.

No había terminado de desembarcar cuando el balsero fue capturado por unos ceñudos oficiales del servicio de guardacostas local. Inexplicable, cómo aquel hombre, en solitario, con embarcación tan precaria, desde Cape Cod, Massachusetts, Estados Unidos de América, había logrado tocar puerto en Cayo Mambí, extremo occidental de la isla de Cuba. Más de 1.500 millas marinas a remo o a puro pulmón, es una proeza imposible de emular.

– ¡Estos gringos! Hacen cualquier cosa por abandonar su patria y venir a matar el hambre en nuestra próspera revolución. Pero la ley es la ley: “¿Yo-no-hablar-spanish? ¿Eh?” -remedó al cuasináufrago el comandante de aquel pelotón- ¡Me importa un cipote míster que usted no entienda el español! Así que lo vamos a conducir esposado al Centro de Detención de Inmigrantes Ilegales más cercano y de allí, directo, de regreso a su país en una de nuestras masivas deportaciones de sus compatriotas. 

En la frontera colombo-panameña las cosas no estaban mejor. ¿Recuerdan los amables lectores cuando a los sueños de unir el Continente, desde Canadá hasta la Patagonia, a través de la llamada “Carretera Trasandina” se le interpuso la que era una de las áreas más inhóspitas del planeta? Pues lo que no pudieron hacer los bulldozers, ni otra maquinaria pesada, lo hicieron los “citizens”, desde los EE UU aplanaron el temible “Tapón de Darién”, a pie, en burro, en bicicleta, en patineta, rumbo a Caracas, sin parar mientes, que en esta última seguía aferrada una taifa de narcotiranuelos.

Antes de la debacle había a lo largo y ancho del vituperado “imperio” 4.360 entre universidades y colleges; 5.916 instituciones para cursar postgrados; alrededor de 10.000 bibliotecas públicas; 2.130 orquestas sinfónicas (de estas últimas, 213, tan solo en California y 63 nada más que en Massachusetts).

Ese y cualquier otro bagaje similar no valieron de nada. ¿No pudo producir aquella formidable maquinaria educativa dos candidatos -dos aunque sea- de mediana edad, aptos, no digamos total, pero aunque sea razonablemente decentes para aspirar a la jefatura de Estado?

Total que se lanzaron a la presidencia un par de ancianos, decrépitos, incapacitados para el oficio, al extremo que, según los sondeos, más del 60% de los electores se consideraba en el disparadero, no de elegir el mejor, sino el menos malo.

El uno, con severas deficiencias en su memoria; el otro, presa de un narcisismo senil que lo llevaba a arrogarse el derecho de hacer cuanto le viniera en gana. Si al primero le imputaban un tardosocialismo de orilla, contra el segundo gravitaba un no muy soterrado embeleso por cierto tirano entronizado en Moscú. Tráfico de influencias y corrupción asociada con el abuso de poder, eran los señalamientos más menudos contra el hijo del primer vejete y contra uno de los yernos del segundo vejestorio. Tenemos por lo menos 50 años escuchando que el imperio se desmorona, pero ahora la cosa parece que va en serio.

La primera potencia del mundo no es Venezuela, respondieron muchos con displicencia cuando fueron advertidos que se acercaban al precipicio. Igual replicamos que “Venezuela no era Cuba” cuando nos alertaron a los venezolanos, lo deletéreos que resultan ciertos caprichos en la política.