sábado, 20 julio 2024
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El Esequibo o el pretexto del enemigo extranjero

Después de conocerse los resultados envenenados de un referendo a todas luces anodino, contraproducente en el que sufragarán cuatro gatos, cuando mucho se impondrá el: “Y ahora ¿qué viene?”.

@omarestacio

Los oligarcas, la iguana de Corpoelec, los adecos sin o con sotana, Lorenzo Mendoza, los guarimberos, la prensa capitalista, el Manual de Urbanidad y Buenas Costumbres de M.A. Carreño. Esos son solo algunos de los numerosos enemigos internos del desgobierno gamberro de la ex Venezuela.

Los enemigos externos también acechan: el exilio mayamero, Álvaro Uribe, la CIA, la DEA, los escuadrones internacionales de capturas, El Niño y demás fenómenos telúricos, el capitalismo salvaje, la monarquía española, asesina de nuestro Señor Jesucristo.

Lo que tampoco es óbice para que el “altopana” o compinche de ayer sea el irreconciliable adversario de hoy. O viceversa. Ya lo dice el castizo: “Entre malhechores, amores y rencores, son igual de traidores”.

Para recurrir a dos ejemplos concretos: Las antes vituperadas Exxon-Mobil, Chevron, Conoco Phillips, a partir de la -para nosotros- celestina suspensión de sanciones petroleras del mes pasado tienen asegurada alfombra roja en el Palacio de Miraflores.

Con nuestros vecinos de Guyana la entropía pasó de castaño a castaño oscuro. Quiere decir, que después de ser premiados por el peor venezolano jamás parido, como hermanos de sangre, y por ende, supuestos merecedores de la dejación o renuncia de nuestra justísima reclamación esequiba, los guyaneses han mutado en objetivo militar desde un hipotético aeropuerto, actualmente en construcción en los límites con Guyana, desde el cual nuestros aguerridos oficiales de la Fuerza Armada Nacional -aguerridos contra civiles desarmados- además de hacer efectiva dicha reclamación territorial, recuperarán el honor perdido de ese Patio de Monipodio que lleva el remoquete de Revolución Bolivariana.

Además del consiguiente traslado de responsabilidades individuales a terceras personas, exacerbar el patriotismo ramplón ante una real o ficticia amenaza extranjera es vieja artimaña para reparar o lograr liderazgos internos.

Para no remontarnos a la época de la expresión “Carthago delenda est” con la que Catón “El Viejo” intentaba congregar en torno a sí a la Roma de la República, nos vamos a remitir a ciertos episodios más cercanos. En específico a los de la llamada guerra de las Islas Malvinas desatada por una de los peores desgobiernos argentinos.

Los dictadores de esa fraterna nación, encabezados por el teniente general Leopoldo Galtieri resolvieron deslastrarse de su impopularidad, de su merecida fama de fallidos, ineptos, corruptos, de violadores de DD HH, mediante la invasión de las islas en referencia (siquiera los invasores en referencia no eran narcotraficantes).

Cuando en Buenos Aires y el resto de la Nación se tuvo noticias de la operación militar, la población la festejó pública y ruidosamente. La maniobra, además, despertó el sentimiento anticolonialista en América Latina. No apoyaban al gobierno de facto sino a los viejos anhelos de reivindicación del referido archipiélago. No obstante, Galtieri y su camarilla de criminales peligrosos se llevaron buena parte de los vítores.

Después de conocerse los resultados envenenados de un referendo a todas luces anodino, contraproducente en el que sufragarán cuatro gatos, cuando mucho se impondrá el: “Y ahora ¿qué viene?”.

Consultar la voluntad popular en materia de rescate de nuestro Esequibo -seguro dirán que lograron más sufragantes que la mismísima María Corina- con el propósito de exacerbar el nacionalismo barato, para quedarse en la palabrería hueca, es hacer el ridículo.

El asunto escalará. Nos referimos a la planificación y ejecución de una operación militar al estilo de las Malvinas, pero a cargo de la satrapía que desgobierna nuestro amado expaís.

Me parece ver, oír, y hasta oler, porque apestan, a sus organizadores.

– ¡Nombremos comandante del desembarco en Georgetown, a nuestro general más Madrino.

La moción fue rechazada por unanimidad. La única escaramuza, digna o indigna -según los gustos de cada cual- de recordar del supuesto paladín ha sido y será la de colocársele en posición indecorosa a Fidel. Castro y con semejantes antecedentes es improbable comandar ejército alguno. Ni perdidoso, menos aún, victorioso.

El “Hombre del Mazo Dando”, mejor conocido como “El Húmedo”; Nicolasito; los chafarotes, Hernández Dala, González López, Reverol, Ceballos; el sedicente Psiquiatra de la RoboLución; la sargentona, pecho peludo, que presume comandar convictos. Uno a uno fueron descartados. Una cosa es insultar, sobreseguro, desde un estudio de TV; torturar, asesinar, secuestrar, reprimir estudiantes, maltratar ancianas, apropiarse de los dólares de cualquier megaproyecto, depredar el Arco Minero, traficar sustancias de alto octanaje, lavar dinero negro. Y otra convencer, a un morenazo guyanés, por las malas, que renuncie a su ciudadanía, a cambio de recibir muy de cuando en cuando la comida no apta para humanos que reparte el CLAP.

Sea como fuere, apenas se escuchó: “¡A las tanquetas!”, todos los miembros del alto gobierno paria expresaron -de la boca para fuera, aunque sea- su disposición a defender la integridad territorial. Todos, menos uno. Nos referimos al supuesto Primer Magistrado, quien fue divisado, a lo lejos, de parrillero, en apresurado regreso a Cúcuta.

– ¿Está seguro, mi camarada, que “¡A las tanquetas!” fue el grito de guerra? -respondió al ser increpado cuando cruzaba, San Antonio del Táchira, muy raudo, rumbo a su escondrijo. Lo que son las cosas, camarada, que yo entendí fue “¡Huyamos en las motonetas!”. De modo que, por las dudas, ¡Soldado al manubrio! apriete a fondo el acelerador, directo a mi ciudad natal, que “chivo que se devuelve, se desnuca”.

Y con liderazgo semejante ya suponemos cómo acabará la pretendida recuperación armada de nuestro Esequibo: Disuelta entre las brumas de la cobardía.