domingo, 25 febrero 2024
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El Darién, la migración y el cerebro reptil

Se le conoce, indistintamente, como infierno verde y como cementerio. Es una serranía con 750 km cuadrados de extensión que penetra en Colombia hasta desaparecer en el golfo de Urabá.

Darién es uno de los nombres propios más repetido en estos tiempos de socialcomunismo a la venezolana. Ni los mejores profesores de geografía conocían, seguramente, este lugar ubicado en la zona fronteriza entre Colombia y Panamá. Pero apuesto fuertes a lochas que quienes sí están al tanto de los infinitos beneficios de su peligrosidad son los narcoterroristas y el peor zurdaje del continente que lo utiliza para sus turbias y criminales actividades. Es muy probable que siga funcionado como “la concha” perfecta para guerrilleros y asesinos de todo pelaje, como guarida para secuestrados, para hacer desaparecer enemigos, para lanzar a otros desde las nubes, y claro como fosa común de cientos de miles de seres humanos que tuvieron la mala fortuna de atravesarse en la visual de asesinos sin piedad.

Al Darién se le conoce, indistintamente, como infierno verde y como cementerio. Es una serranía con 750 km cuadrados de extensión, que penetra en Colombia hasta desaparecer en el golfo de Urabá. Lo de tapón no puede ser más elocuente para una upatense de mi edad, aunque entre las acepciones del DRAE no existe una sola que defina -aunque sea de manera tangencial- lo que es un tapón en una selva tropical.

Es un territorio desafiante en el que incursionaron españoles como Rodrigo de Bastidas en 1501, Alonso de Ojeda en 1509 y Vasco Núñez de Balboa. Hasta los escoceses quisieron establecer una colonia, que tendría como nombre Nueva Caledonia. Pero lo implacable del clima y el persistente ataque de los españoles los hizo abandonar su proyecto expansivo.

El infierno verde le torció el brazo a avezados y curtidos colonizadores, financiados por ricos monarcas. Puede decirse que esta selva siempre ha vencido a quienes han querido domarla, para hacerla su posesión. Su casi invulnerabilidad telúrica ha doblegado ambiciones, codicias, apetencias. ¡Mira, tiene personalidad y coraje este Darién! Justo de lo que carece el Arco Minero en nuestro estado Bolívar, que ha sido objeto de todos los ultrajes, violaciones y exacciones por parte de poderosos del patio y de sus aliados. Unidos y encompinchados en la depredación, saqueo, devastación, robo y rapiña de lo que forma parte de un insustituible pulmón vegetal de la humanidad.

Por ese Darién -suerte de osario de fracasados- muchos venezolanos han emprendido su huida. Expulsados de su lugar de nacimiento, por una tiranía desalmada que los ha excluido y sometido a inimaginables vejámenes, privaciones y penurias. Cómo será la pesadilla existencial de estos desesperanzados, que prefieren arriesgar su vida y la de sus hijos en aquel tapón mortal a quedarse en Venezuela. El Darién es el mar verde de la muerte por el que huyen los venezolanos, como lo han hecho los cubanos durante 62 años, lanzándose al Caribe en precarias embarcaciones.

Más de 7,5 millones de nacionales han marcado la milla en estos 23 años. La diáspora se ha incrementado en los últimos años, con la estampida de quienes creyeron los cuentos de camino de su salvador. En aquel momento eran jóvenes, pero ahora tienen su cuadro familiar, con el que muchos escapan. Son fugitivos. Indocumentados y sin dinero que arriesgan su vida y la de sus hijos.

La fuga colectiva de este Alcatraz del hambre es un fenómeno planetario. De tanta gravedad que ha concitado el interés de organismos multinacionales, universidades, centros de investigación, de la gran prensa mundial y de individualidades. Y, claro, no podía dejar indiferente al poder legislativo vernáculo, presidido por un psiquiatra. Como procede se nombró una comisión, que pergeñó un informe más propio del mundo de los coachs y neurotrainers que de hacedores de leyes.

Con una sorprendente y envidiable rapidez aparecieron sus enjundiosas conclusiones: “En el caso de la migración como arma injerencista y desestabilizadora contra la nación venezolana, las herramientas fundamentales fueron emociones inducidas. A saber: el miedo, ansiedad y angustia usadas como debilitadores mentales estimulantes de decisiones instintivas. Son decisiones instintivas, son decisiones que derivan solamente por estímulo al cerebro reptiliano o reptil, el cerebro primitivo humano”.

No se puede dudar de la seriedad y solidez de estas conclusiones, y coincido que en la neurociencia -que es un arma de la guerra de quinta generación- recae toda la culpabilidad de la migración venezolana. ¡Qué el fiscal detenga a los perpetradores de “emociones inducidas y se acabó el problema”!

Agridulces

Los ciudadanos seleccionados para llevar adelante las primarias merecen todo mi respeto y confianza. La Plataforma Democrática Unitaria hizo lo que esperábamos los venezolanos, para que este proceso sea limpio, transparente y creíble.