martes, 5 de julio de 2022

El coctel de las feminazis

El feminismo posee una larga, consistente y hermosa historia de luchas. Como una postura socio-política, ha requerido demostraciones de fuerza para poder avanzar.

Hay gente por allí que está harta del feminismo desde que las llamadas feminazis andan derrochando rabia, fealdad y mucho mal gusto en sus protestas. Un coctel de tendencias que va desde la justificación de la violencia de acuerdo al socialismo o al nazismo, o el rechazo a los valores de la belleza por considerarlos burgueses, hay gente de varios espectros políticos que no entendemos este feminismo. Sin embargo, este fenómeno tiene algo en común con otros grupos, sean políticos o sociales: hay intolerancia y odio.

Desde ese rasgo visceral, las llamadas feminazis despiertan cierto miedo. Han servido, claro, para llamar la atención hacia el estancamiento de la revolución femenina, pero lo hacen dentro de este esquema repugnante a los que nos han acostumbrado los medios. ¿Se trata entonces de un show, de una catarsis? ¿Qué persiguen con estos gritos de guerra? Hay confusión y debe ser por ello que para diferenciarlas del feminismo, aparece el término feminazi. Cada cosa en su lugar.

El feminismo posee una larga, consistente y hermosa historia de luchas. Como una postura socio-política, ha requerido demostraciones de fuerza para poder avanzar. Por ejemplo, después de ser derribada por un oficial del maratón de Boston en plena carrera, Kathrine Switzer, la primera mujer en competir en ese evento, fue defendida por su novio quien estaba cerca de ella también como participante. Switzer explica que después de esa agresión, sabía que fallar no era una opción y que muchas mujeres dependerían de su desempeño. Se dijo a sí misma: “ya esto es un asunto político”.

Hay muchos episodios similares. El feminismo bien centrado sabe que la lucha por sus derechos y los de los grupos maltratados, necesita del apoyo de ciudadanos interesados en un acuerdo donde todos ganen. El problema con los grupos intolerantes es que se hace difícil sumar cuando hay tanto ruido dentro de la ecuación. Y en el caso de las feminazis, el problema es además no tener propósitos claros.

De la decadencia del patriarcado ya se sabe y, desde hace siglos se ha advertido sobre sus nefastas consecuencias. En el renacimiento, escritores y pensadores vieron el monstruo desde bien temprano y mostraron los terribles males de una sociedad donde la mujer es engañada y abandonada, incapaz de valerse por sí misma en un ambiente de respeto. No gana nadie cuando la mujer está echada a su suerte.

El feminismo de la Edad Media, una era donde la misoginia era brutal, en contrapartida tejió una ideología muy espiritual que sacó a las mujeres de la invisibilidad y fue lentamente defendiendo su prestigio. Les dijeron a los hombres cómo debían tratarlas, así de sencillo. Ese es el mejor contrato de convivencia, el que hay que construir en una mesa de negociaciones como cualquier otra. Y esos feministas, porque también había hombres en ese grupo, fomentaron esa igualdad desde la poesía, la belleza, el coraje y el puro sentido común.

Las feminazis podrían leer estas líneas y despreciarlas por tratarse de unos valores de la clase alta, pero si ayudan a las mujeres a recuperar sus derechos, ¿por qué no arrimarlos a la causa? Me parece que en la actualidad, más que hostilidad a los valores de clase, hay una arremetida contra la belleza y el conocimiento.

La verdad es mejor esperar a que el tiempo pase. Prefiero pensar que estas fiebres son parte de un ciclo, una ola, que ojalá no deje muchos escombros.

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