sábado, 21 de mayo de 2022

Discurso al lado de la catedral

Se cumplen 200 años de la realización del Congreso, evento donde el Libertador demarcó un proyecto constitucional que ha servido para los análisis de la trayectoria del país, la contemplación, de parte de los estudiosos, de su genio político.

“La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía. Un justo celo es la garantía de la libertad republicana, y nuestros ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo magistrado, que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente”. El Libertador Simón Bolívar, en el Congreso de Angostura 1819.

Se cumplen 200 años de la realización del Congreso, evento donde el Libertador demarcó un proyecto constitucional que ha servido para los análisis de la trayectoria del país, la contemplación, de parte de los estudiosos, de su genio político. Ha sido el discurso la base para usar su imagen en el chantaje de no pocos a la identidad nacional, vinculado a proyectos políticos y en consecuencia a la “necesidad” de instaurar con todas las comas originales el proyecto delineado en 1819. Pero también ha sido pasto de buen cultivo en la reflexión sobre la democracia, sobre la República (en conceptos de la época y los de ahora) y las vertientes que nunca han podido cristalizar en la cotidianidad institucional del país por muchos de los males que se repiten en cada ciclo histórico. La nación con sus provincias que no ha tenido superación en el manejo de lo público, gobiernos y representantes. Ni en los días de la guerra, tras la muerte de Bolívar y luego en esta Venezuela contemporánea, recostada a la inercia del poder para disfrute de los “elegidos” y al flujo petrolero que le llevaría al progreso y, sin sobresaltos, a la justicia social. Un recorrido que culminó, desde los últimos años, en insultos contra el imperialismo como fórmula mágica de desarrollo, desempolvó el término de oligarcas y puso en la opinión publica las mitologías del pueblo redimido. Tras veinte años que llegan al 2019, los hechos son un engrudo de banderas bolivarianas, discursos patrioteros militaristas; con los adherentes de la jerga revolucionaria, mezclados con las más grandes corruptelas, ineficiencia y despilfarro. La ignorancia equiparada al igualitarismo y la ausencia de instrumentos de gobernanza; razones harto visibles de la mayor tragedia económica, social, política y moral que vivimos.

“Las movilizaciones no pararán hasta llevar al cambio”

Ciudad Bolívar, esa laja bordeada por el “soberbio Orinoco” es una población que palpita de inquietudes pero que apenas sobrevive a sus penurias y cuantiosas carencias acumuladas. El calor inunda al paso de las horas, mientras que las reaparecidas “Cooperativas”, cuyos dueños desde hace años son los jerarcas rojos, bajo el sabroso sol pintan las avenidas principales, cortan el césped reseco, barren los olvidados promontorios de basura y disimulan con trucos de utilería las aguas negras que en algunas partes son ya crónicas. Así pretende conmemorar el Bicentenario del Congreso de Angostura un gobernante nacional sin cargo y sin pueblo, un general gobernador, que es una especie de fantasma errante que no asusta a nadie y un colorido alcalde: todos sin norte. Nada nuevo; ya en los 250 años de la fundación de la ciudad, el otro mandatario regional que hoy se dice anda por México, pintó y puso pancartas en el Paseo Orinoco y el Casco Histórico, todavía expuestas a la vista bolivarense mientras la población se hundió en la pobreza, la delincuencia y los saqueos.

“Las últimas movilizaciones: la del 23E, 2F y 12F, han sido las más grandes en toda la historia de ciudad Bolívar”, relata el periodista Bolivarense Eduardo Osto, en conversación en el espacio de radio Público & Confidencial con Damián Prat. “Sobre todo la del 2 de febrero que observé como las comunidades de La Sabanita (amplia franja de sectores sociales populares que algunos han propuesto sea un municipio propio, separado de Heres al que integra hoy) bajaban cuan ríos de gente en apoyo a la ruta establecida por la Asamblea Nacional”, dice Osto. Esa es la verdadera conmemoración del Congreso de Angostura- pienso. La ciudadanía que exige, aprendiendo a canalizar su grito por hacerse sentir cívicamente. Es la señal de toda Guayana y del momento nacional (setenta y tantas marchas en un solo objetivo contra la usurpación) que los gobernantes revolucionarios en primer lugar, pero que también los gastados y “solemnes” políticos de siempre, no quieren ver. “No van a parar (la gente) hasta obtener el cambio porque hay necesidad y hay hambre. Esto es más allá de colores políticos -subraya Eduardo, ex subdirector del diario El Expreso, que salió de circulación por falta de papel -ojalá y los dirigentes lo entiendan”, enfatiza.

República y sociedad civil

La tentación de los partidos políticos de imponer su visión desconectada del tiempo presente, parece ser el signo sobre todo en nuestras provincias. La presión internacional mayoritaria, compacta para detener las repetidas barbaridades de la revolución socialista (propuesta a frenar la entrada del siglo XXI, tiranizando los derechos humanos y políticos de la sociedad) es muy grande a nivel del plano nacional, lo que hace difícil que en la nación se establezcan las expresiones más atrasadas de los grupos de intereses en función del rescate de la democracia y el decidido reimpulso de la modernidad. Este apoyo sin embargo no tiene garantía absoluta. Los avances laboriosos de la acción unitaria en las voces de los protagonistas del país, aun con sus diferencias, son significativos, no siendo del mismo modo en la vida de las regiones. Es preciso desde aquí, el mayor esfuerzo en la comprensión de una compleja transición (Aún sin comenzar), más allá de los eternos cálculos electoralistas y aspiraciones: Se necesitan líderes, no candidatos. La sociedad civil organizada, por lo tanto, esa que inunda las calles de ciudades y pueblos de la república, es la mayor garantía, en rol protagónico, con su preparación y formación, para iniciar la etapa de la regeneración política, la reingeniería de los partidos, creación de expresiones ciudadanas locales, desarrollo de gestión pública con logros; además de esbozar un pensamiento civilista coherente, práctico y fluido; trastocado hoy por la influencia de décadas de la exaltación chavista con consignas, gritos y mentiras. Son 200 años del discurso, al lado de la catedral, en la antigua Angostura.

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