lunes, 15 julio 2024
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Desde la regeneración política, batalla por el futuro

“Alinear la democracia con las exigencias de las personas del siglo XXI” es una línea que vale la pena recalcar en un panorama de propuestas mecánicas políticamente, como es la realización de unas elecciones primarias.

@OttoJansen

“Hoy ya no hay excusa. El pretexto común de esperar el genio con el destello de inspiración, ya no tiene vigencia. Cualquier empresa sea cual fuere su función se puede organizar hoy para ejercer sistemáticamente el espíritu emprendedor y la innovación deliberada”. La cita inicial es de Peter Drucker, concretamente del libro Gerencia para el futuro (1993). Cerca de cumplir 30 años de impreso, puede darnos, todavía, un buen consejo en todos los ámbitos de la vida de este país, cercado por el autoritarismo, el secuestro de la instituciones del Estado, inoperatividad de gestión pública, fracaso dirigencial alternativo y una crisis económica conducente a la miseria; llevada por los responsables del modelo revolucionario a cuenta de manipulaciones, propaganda y pequeñas burbujas de bienestar para los privilegiados de su entorno.

Por supuesto, la enunciación de Drucker, que dictó cátedra sobre las finanzas, la administración corporativa, con énfasis en aquellos años, solo es posible traerla a colación en una esfera de visiones, planes y debates congelados en la década de los años 80 en Venezuela (por lo menos en el estado Bolívar es penosamente así), y sobre todo ahora, con quienes se pretenden como soluciones ante el primitivismo y la debacle, que apropiándose de conceptos como sociedad civil o ciudadanía, piensan que pueden repetir las fórmulas que precisamente la población ha visto irse por el desfiladero de la incapacidad y corrupción de los modelos nacionales que se le han ofertado, o languidecer en las buenas intenciones sin recursos o mecanismos expedidos para su concreción, como sigue pasando en las gestiones de municipios y regiones.

“Hay que alinear la democracia con las exigencias de las personas del siglo XXI. Los conflictos armados han creado menos refugiados que el calentamiento global. Esa tendencia va a seguir, con costes humanos y materiales nunca antes vistos. La narrativa, en resumen, no puede ser la defensa de una democracia que no se ha actualizado con las realidades del siglo XXI”, señala el economista Moisés Naim en el artículo Política del siglo XXI: autocracia y reinvención.

“Alinear la democracia con las exigencias de las personas del siglo XXI” es una línea que vale la pena recalcar en un panorama de propuestas mecánicas políticamente, por los denominados factores opositores, como es la realización de unas elecciones primarias ( ¿“panacea” de liderazgos y unidad?) y en que la desconexión de la gente se reafirma porque no hay pensamiento disruptivo o novedoso y donde el acompañamiento social no es insumo de estrategias de luchas (la protesta de los empleados públicos y docentes, en desarrollo, no ha tenido el pronunciamiento de los partidos que siempre viven “rasgándose” las vestiduras por los derechos de la gente).

¿Poesía?

El conocimiento y el estudio se encuentran arrinconados. El régimen socialista apuesta al control completo en varios años y no les importa lo que ocurra en el presente; los sectores partidistas que dicen levantar la alternativa democrática, son unos fardos anquilosados, sin determinación para traspasar sus cuadriculados esquemas de funcionamiento. Los jóvenes, en toda Guayana son islotes de sueños y desesperanzas que luchan por imponerse a las dificultades y encontrar el mundo del conocimiento, de la globalidad de esta era.

Los cerca la indiferencia y la mediocridad. Los trabajadores se rehacen todos los días, y lo consiguen para encontrar el sustento, sin perder su esencia en el intento productivo con lo que significa la vigilancia de un Estado que les quita, les pone obstáculos y los empuja a la paralización. Las comunidades se encuentran en el péndulo de soltar las infundadas promesas de “renacer” y gritan cada vez más alto por la calidad de vida. En contraste, sin mucha estridencia, similar a una flor que brota en el asfalto agreste, perfectamente sinónimo de las aberraciones del proyecto del Arco Minero en el estado Bolívar, brotan (más de lo imaginado) inquietudes y tímidos movimientos asociados al quehacer cultural; eso que alguna vez el poeta Aquiles Nazoa llamo “los poderes creadores del pueblo”.

Participé recientemente en una lectura de poemas que convocó a jóvenes y especialistas -uno de los promocionados en las redes sociales- y estuve de espectador en un festival de documentales que organizó una de las cátedras de la Escuela de Comunicación Social de la UCAB Guayana. Ambos eventos disímiles tienen en común la calidad de los enfoques y de los productos. Presentan proclamas de una esperanza y un optimismo que no evade las dificultades pero las encara con creatividad y honduras. No hay cursilería ni simplismo: no hay ingenuidad al abordar la ruda realidad. Existe, por el contrario, la creación de un lenguaje y un mensaje que han de llegar -no me cabe duda- a planteamientos sobre la región y el país. Son elementos que miran más allá de los clichés gastados y de las feas maromas que aún se atreven a hacer los partidos políticos, por ejemplo, o un régimen posicionado en sus estertores.