martes, 27 febrero 2024
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Descubrí que Irlanda es lo más interesante del brexit

Rosix Rincones usa la historia medieval de Tristán e Isolda para describir el estilo comunicativo de los políticos irlandeses en relación a la Inglaterra presente.

En la historia medieval de Tristán e Isolda, los nobles acusan a Isolda, la princesa de Irlanda, de serle infiel a su esposo, el rey Marcos de Cornwall. En una escena ingeniosa, Isolda debe cruzar un río y es ayudada por un leproso quien la lleva sobre sus hombros. Al llegar a la otra orilla, Isolda clama ser inocente y le dice a los nobles: “aparte del rey, sólo este leproso ha estado entre mis piernas”. Ocurría pues que, quien la había cargado sobre sus hombros, era precisamente Tristán disfrazado de leproso.

Debo advertir que eran esos tiempos donde había matrimonios arreglados e historias sobre pociones mágicas del amor, pero no es eso lo que me ocupa en este momento. La declaración de Isolda es ingeniosa porque, a través de una mentira o subterfugio, ella revela una verdad que de saberse podría costarle la vida. Se trata de un estilo de comunicación pública donde el mensaje no es cabalmente descifrado por el oyente.

Todo esto viene al caso, porque en medio de mis búsquedas sobre el brexit y las elecciones en el Reino Unido, me encontré con que es ese el estilo comunicativo de los políticos irlandeses en relación a la Inglaterra presente. Escudados en el sentido común, con un sospechoso bajo perfil pero muy centrados cuando hablan, descubrí que Irlanda es lo más interesante del brexit.

En estos momentos el señor Boris Johnson ha resultado triunfante con una amplia mayoría en las elecciones del 12 de diciembre. El país ya viene transformándose y es como si otro país se estuviera construyendo, el mismo pero distinto. Es posible que el Reino Unido llegue a su fin para convertirse la Gran Bretaña en una isla con estados separados. Los vientos y las aguas corren.

En las primeras de cambio, estaba Irlanda muy preocupada por los males que el divorcio les podría ocasionar. Uno de sus diplomáticos, Dáithí O’Ceallaigh, expuso en una oportunidad la coyuntura económica que significaría no sólo para su país, sino para el Reino Unido: “El Reino Unido le exporta a la república de Irlanda más que a China, India y Brasil multiplicados por dos”. Sin embargo, el temor de los irlandeses con el brexit es su capacidad para interrumpir la paz en Irlanda del Norte; una amenaza que no pareciera quitarle el sueño a Londres. Por ejemplo, según O’Ceallaigh, esa paz no cuenta para los ingleses, y una muestra es que nunca aparece nombrada Irlanda en el libro de Craig Oliver sobre el proceso interno de llamado a referéndum.

Desde ese entonces, puede percibirse cuál fue la estrategia a seguir por los irlandeses. En vista de que Irlanda del Norte había decidido mantenerse en la Unión Europea, para los republicanos, era esa su oportunidad para unir a las dos Irlanda (la República de Irlanda e Irlanda del Norte). En mi opinión, es debido a esa posibilidad, que ellos no se han opuesto demasiado al brexit mientras se han dedicado a proteger el Acuerdo del Viernes Santo o Acuerdo de Belfast que es de obligatorio cumplimiento por parte de Westminster. Para los irlandeses, el acuerdo es punto de honor, no sólo para resguardar la paz, sino porque éste abre la posibilidad de una ansiada reunificación.

No obstante esa luz en el horizonte, para los irlandeses es concreta la amenaza de una vuelta a los conflictos fronterizos. No olvidan que fue gracias a la membrecía de ambos -Reino Unido e Irlanda- en la Unión Europea, que cesaron las fronteras entre las dos Irlanda y se pudo negociar un fin del conflicto en los años 90. Pasaron de ser los invisibles vecinos del imperio británico a ser un país miembro de la UE. Es por esa razón, que una reconstrucción de esa frontera los aterroriza, porque hay aún grupos carcomiéndose con la sed de venganza.

El Acuerdo de Belfast es un reflejo tanto de los contextos históricos que la permitieron, como de la buena voluntad de ambos países en pactar la paz. Pero el gran temor es que aunque algunos líderes de IRA entendieron la necesidad de detener sus prácticas terroristas, aún hay quienes quedan “pegados” a la violencia, acostumbrados a matar gente sin ya importarle los cambios favorables de circunstancias. Es por esa razón que los políticos irlandeses no dejan de insistir sobre que necesitan pasar al menos tres generaciones para curar a su país del riesgo de la violencia.

Hoy en día la salida de los ingleses de la UE, ya encuentra a una Irlanda preparada. Han sido como bendecidos por el destino. Tienen en sus manos la posibilidad de apoyar al Reino Unido en su reestructuración comercial y al mismo tiempo aunar a la estabilidad política que se merecen. Lo han conseguido mediante unas muy cautelosas argucias de comunicación, al mejor estilo de Isolda, la princesa de Irlanda.

En las elecciones del jueves, los números en Irlanda del Norte favorecieron a los republicanos y disminuyó el poder del partido pro-británico. En toda la isla tienen a políticos conscientes de la oportunidad histórica, entre ellos el primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, quien ha demostrado amplitud para las negociaciones. Un tranquilazo que sabe lo que hace. La hora de Irlanda se está acercando, quizás a la espera de una ola favorable.

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