sábado, 28 de mayo de 2022

Del nacionalismo como expresión

Jasper Johns es un investigador incansable, uno de los fundadores del pop norteamericano. Como otros, reaccionó contra la abstracción lírica y el expresionismo abstracto y se le enfrenta mediante la sencilla representación de triviales elementos extraídos de la vida cotidiana.

@ngalvis1610

Vale decir que existen tantas emociones que son ocasionadas por nuestro sentimiento de identidad nacional. Esa música o esa canción en particular que muy posiblemente no es del gusto universal, me estimula y me hace sentir lo que no puedo explicar, algo que ninguna otra me hace sentir.

Igual ocurre con ciertas imágenes. Los símbolos patrios, el orgullo con que se lleva la bandera del país. Los colores patrios se han cargado de significados para el que se identifica con ellos, que no solo procuran su inmediato reconocimiento, sino que provocan emociones, sensaciones en la persona que gustosamente decide portarlos.

El caso particular de las banderas es muy interesante. En algunos países es todo un reconocimiento en ciertas ocasiones y eventos. El abanderado goza de reconocimiento y es también un mérito portar el estandarte.

La bandera es objeto y es símbolo. La vestimos, la enarbolamos, le rendimos culto y le apreciamos de manera entrañable. Es nuestra y la sabemos compartir con un colectivo que no es cercano en relación con ella. También la juramos para defender y representar al país. Es una imagen holística de idiosincrasia, cultura y patriotismo.

Pero como objeto se vuelve cotidiano desde que se han entretejido en torno de ella muchas expresiones de denuncia, de protesta y otras tantas de dolor. Es la cotidianidad que define un gentilicio, no es una cotidianidad más. Se podría equiparar al nivel al que elevaron los objetos de la cotidianidad los artistas del Pop Art.

Los artistas de esta tendencia le imprimieron una cualidad estética al objeto de la cotidianidad. De su esencial existencia ordinaria devienen formas extraordinarias en expresión de color y composición. Son varios los nombres que conformaron este fenomenal grupo de creadores. El Pop Art es heredero de la tradición dadaísta. Por eso, entre otras acepciones es también caracterizado dentro de los movimientos que reinstauraron esos principios que sustituyeron al surrealismo en su momento y que luego fueron conocidos como los neodadaísmos.

Entre este ejemplar conjunto de artistas destacó Jasper Johns, pintor, escultor y artista gráfico estadounidense.  Quien no sólo integró a su expresión pictórica los elementos conceptuales y materiales distintivos del Arte Pop, sino que se convirtió en uno de los artistas más influyentes en este capítulo de la contemporaneidad.

Es un investigador incansable, uno de los fundadores del pop norteamericano. Quien, como otros, reaccionó contra la abstracción lírica y el expresionismo abstracto y se le enfrenta mediante la sencilla representación de triviales elementos extraídos de la vida cotidiana.

Lo de neodadista no es gratuito. Admiró a Marcel Dunchamp y sus readymades (el dadaísta por excelencia y las obras más emblemáticas de este movimiento), lo descubre y esto logra encender su pasión y entendimiento. La introspección de los expresionistas abstractos lo cansaron y decidió satisfacer esa urgencia personal y norteamericana para la época, la de mirar hacia afuera. Captar y entender su realidad circundante. La gran revisión de lo social.

Así que crea un lenguaje para la representación donde un cuadro se transmuta en objeto y no sólo en simple reproducción. Y es hacia mediados de los años 50 que se topa de manera proverbial con el más banal de los objetos: la bandera (Flags) y la iza como el lábaro de toda una revuelta estética por esa aparente simplicidad que evoca una gran fuerza. Pero, y por encima de cualquier otro aspecto, el insospechado éxito que alcanzó se debió a la incorporación de lo cotidiano a la imaginería y a la expresión artística estadounidense.

Para Johns era suficiente motivo. La franca transcripción de la bandera de los Estados Unidos sobre un soporte de contrachapado pone de manifiesto el fundamento paradójico de su quehacer, cuando una bandera solo es una representación de una bandera. Una ejecución con el mayor cuidado en la aplicación de sus elementos plásticos para evitar que cualquier marca se pudiera interpretar como un significante producto de la subjetividad del artista. Y le proporciona una materialidad ajena a la naturalidad propia de la tela, con esa misma intención.  

Sin embargo, apreciarla, tenerla enfrente, es preguntar: ¿una bandera, es simplemente una bandera?

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