sábado, 2 de julio de 2022

Defender nuestros valores y principios

Más me convenzo de lo acertado del planteamiento hecho y desarrollado por la Conferencia Episcopal Venezolana sobre la necesidad de la refundación del país.

Más me convenzo de lo acertado del planteamiento hecho y desarrollado por la Conferencia Episcopal Venezolana sobre la necesidad de la refundación del país.

Cuando hablo de defenderlos me refiero a pasar de las palabras a las acciones concretas. Se trata de una obligación multigeneracional. Hemos llegado al punto de no retorno. Venezuela está destruida. Dejó de ser una nación independiente, libre y soberana Con un régimen como el actual jamás volverá a ser lo que fue por lo que debemos actuar sin pérdida de tiempo.

La abundancia de diagnósticos relativos a lo existente aporta material más que suficiente para concretar una gran alianza interna, también continental y mundial frente a enemigos comunes. Hay que hacerlo. Con mucha razón ha sido dicho que “los deseos no empreñan”. Debemos evitar caer en el espejismo de la nostalgia porque es común que la incertidumbre sobre el futuro nos lleve hacia el pasado. No se trata de eso.

Mientras más pienso sobre estas cosas, más me convenzo de lo acertado del planteamiento hecho y desarrollado por la Conferencia Episcopal Venezolana sobre la necesidad de la refundación del país. Se trata de algo tan profunda que no puede analizarse superficialmente. Un grupo notable de personalidades y organizaciones nacionales hemos planteado el camino constituyente para alcanzar la meta. Ojalá pudiera darse, a corto plazo, un serio debate sobre el tema. Sin agotarnos en la discusión, debemos caminar de inmediato en esa dirección. En una coyuntura como la actual, la apelación directa a la voluntad del pueblo, depositario intransferible de la soberanía, es el camino más cierto hacia el objetivo.

En Venezuela hay ideas, planes y proyectos concretos para salir adelante. Por supuesto que también existen las personas necesarias para hacer las cosas en todas las áreas. Pero para ello es indispensable la salida del régimen actual. No se trata simplemente de la salida o renuncia de Nicolás Maduro y del combo que lo acompaña. Es mucho más que eso. Al ponerle punto final a la usurpación del poder, tendrá que venir una especie de gobierno de transición que reordene la vida venezolana hasta que puedan realizarse elecciones presidenciales y a todos los niveles, en condiciones ajustadas a las necesidades del tiempo que se vivirá.

Este planteamiento ha sido ratificado por millones de compatriotas en las consultas nacionales realizadas. Sin embargo, no se ha puesto el empeño necesario para hacerlo realidad en el menor tiempo posible. Por el contrario, los vicios que nos tienen donde estamos llevan a algunos a plantear la lucha exclusivamente en el terreno de las elecciones presidenciales que supuestamente tendrían que celebrarse en el año 2024. Más de lo mismo. No sabemos cuál es la verdadera intención de quienes ahora están centrados en este punto. Desde ahora hasta el 2025, en el caso de que todo funcione, hay tres años más que terminarían por eliminar definitivamente a Venezuela como país libre y soberano. 

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