sábado, 2 de julio de 2022

De muros, puentes y acuerdos

La pandemia es una prueba para nuestro sistema defensivo, desde lo estrictamente biológico, hasta lo cultural, institucional y político. Y como con cualquier amenaza, no se trata sólo de construir muros sino puentes y sobretodo, los mejores acuerdos.

@rinconesrosix

Se ha debatido sobre cuánto un liderazgo claro, ético, legal y legítimo por sus acciones ha sido fundamental para asumir y controlar los estragos del coronavirus. Aquellos liderazgos que no han contado con buen seguimiento y respuesta de la población, se sabe, son los que generan desconfianza o que han sido sospechosamente torpes en su lenguaje y en haber optado por medidas poco o nada ajustadas a la pandemia.

Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud en sus primeras conferencias de prensa a inicios de febrero, destacó que una cuarentena debe implementarse sólo cuando es estrictamente necesaria, pues es difícil sostenerla en el tiempo. Advirtieron sobre que no podía ser prematura, y no sólo por sus nefastas consecuencias económicas. La cuarentena propicia las tentaciones autoritarias y, como si fuese poco, las tensiones psicológicas que ocasiona pueden repercutir en el propio cumplimiento de la medida.

Para Suecia, por ejemplo, el solo piquete de la tendencia autoritaria es suficiente para descartar la cuarentena dentro de sus estrategias. Y es un asunto no menos preocupante para Ángela Merkel.

En el caso de Venezuela se rompió la premisa de nunca llamar a cuarentena cuando no había suficientes evidencias que la justificaran, especialmente en cada región. Con toda razón, el venezolano juzga la cuarentena como una careta del régimen para esconder la carencia de gasolina. No puede haber confianza cuando se imponen medidas invasivas de las libertades del ciudadano en circunstancias como las del descalabro económico, en que la mayoría de la gente necesita salir a trabajar porque si no, no come. Tampoco la hay cuando el régimen, lejos de usar la cuarentena para ganar tiempo y fortalecer el sistema de salud, especialmente en aras de salvaguardar al personal, usa al coronavirus con el único objeto de someter a la población.

Después de que este régimen pase como la peor peste y plaga que le ha podido caer a este país y al hemisferio, las autoridades venideras tendrán el inmenso reto de poner en orden no sólo el cumplimiento de las leyes, sino la de mejorar la percepción de la autoridad por parte de la población. A la oposición le tocará desde ya ser absolutamente centrada y pragmática, de cara a esos días venideros de la transición.

A alguien se le puede ocurrir que el autoritarismo de Estado es conveniente para un caso de estos como el de la pandemia, pero se equivocan. Raras veces una cúpula autoritaria piensa en un pellejo que no sea el suyo. Además de autoritario, al régimen venezolano hay que sumarle su comprobada incompetencia.

Demasiado hacen los venezolanos en medio de estos, los peores días de la pandemia. Como en algunas partes del mundo, ya no saben qué pensar sobre la vida y la muerte, sobre estar infectado o no. Le toca a la gente controlar a sus demonios mientras deben pensar en la vida y seguridad de la comunidad donde viven. En este preciso momento, el mejor liderazgo es el de su espacio más cercano.

La pandemia es una prueba para nuestro sistema defensivo, desde lo estrictamente biológico, hasta lo cultural, institucional y político. Y como con cualquier amenaza, no se trata sólo de construir muros sino puentes y sobretodo, los mejores acuerdos.

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