viernes, 23 febrero 2024
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De lo espiritual, lo inmaterial

Con su grito de guerra: “¡Larga vida a lo inmaterial!”, se convirtió en fundador del Nouveau Réalisme. Yves Klein recreó con su gran legado plástico una antigua y novedosa esencialidad del universo, la siempre recurrente espiritualidad y escenificó la inmaterialidad del espacio. El mejor retrato de este artista son sus “Zonas de Sensibilidad Pictórica e Inmaterial”.

@ngalvis1610

Para pensar en el espacio es inevitable cuantificarlo por su capacidad de albergar objetos. No pensamos en el vacío que lo llena. Poco asumimos su disponibilidad porque tenemos más presente la materialidad de lo que se instala en él que la propia facultad que lo define como espacio. Eso también nos convoca cuando meditamos sobre la espiritualidad. No es aquella parte física donde sentimos el dolor causado por un golpe o por un tropiezo, sino que significa ese vacío que se siente y no se ve, no se palpa. Entonces es difícil imaginar sin objetos, sin cosas.

¿Y la imaginación misma? Es difícil pensarla, porque con ella construimos el pensamiento, asentada en el vacío de las palabras que no leemos pero que podemos ver. En la casa que recordamos, pero que no solo son las cuatro letras que la hacen existir como lectura. ¿Cuál es el color de la imaginación? Me gustaría encontrar al artista que lo pueda hacer. La utopía de que el arte me pueda significar, representar todo. Presentarme el mundo para sentirlo, no para leerlo.

Hace unos años, cuando laboraba en una institución museística, otrora de gran prestigio nacional e internacional antes de que cayera en las manos inapropiadas de la ignorancia y el atraso, tuve la oportunidad de tener ese tropiezo que generaría el golpe de suerte de conocer y admirar una gran obra, un gran poder creativo. Me topé con un artista, no con su materialidad sino con su legado, con su espacio, con la espiritualidad que quiso trasmitir a través del objeto, que bellamente supo manipular y reconvertirlo en vacíos saturados de entresijos. Un artista francés a quien su muy prematura desaparición física le favoreció para consolidar el halo mítico que el ímpetu y el signo insólito de sus propias acciones (fotos, pinturas, intervenciones, performances, exposiciones o estructuras musicales) le habían caracterizado en vida.

Era Yves Klein (1928 – 1962) el artista de la monocromía. Integrante de uno de los grupos más controversiales en la línea de inspiración neodadaísta, hermanado al pop norteamericano. Podríamos conceptualizar su obra con variados discursos, sin llegar a definirla con ninguno. Formó parte del grupo fundador del Noveau Réalisme, que es una de las tantas, pero más emblemática, tendencias artísticas de vanguardia de la década de los años 60, del pasado siglo XX, que preconizaba con mucha pretensión la utópica unión de la vida y el arte.

Klein, como lo hemos mencionado de nacionalidad francesa, nació en Niza en el seno de una familia de artistas plásticos. Además del arte se inclinó por la práctica de las disciplinas marciales, específicamente por el judo (llegó a obtener el cuarto dan) y supo ensamblarlas en una especie de estética Zen. Klein fundía ese inconformismo originario del pensamiento y actuar dadaístas con una profunda espiritualidad que se sostenía sobre su pasión por la filosofía oriental y por el esoterismo.

Es más, participó de manera activa en la congregación de los Rosacruces y trabajaba el kárate como una forma de integrar las energías espiritual y física. Todas sus acciones tenían para él un sentido metafórico y con ellas anticipó habilidades que luego se hicieron frecuentes en los sesenta. Por medio de una de esas prácticas, sus famosas Antropometrias, es que se le considera precursor del performance. Esas famosas acciones a las que hacemos mención, consistían en pintar de azul cuerpos femeninos (antropometría), metamorfoseados en pinceles humanos que estampaban sus figuras sobre extensos lienzos que pendían sobre semejantes paredes de una sala, en la que distribuía una pequeña orquesta, él trajeado cual director de la misma y un respectivo público asistente. También dedicó parte de su tiempo a grabar un extendido acorde monótono, realizaba una exposición en una habitación completamente vacía o intentaba estampar la lluvia en un lienzo, mientras conducía a 110 kilómetros por hora. Por supuesto, todo esto fue en los tiempos en que todo esto era algo novedoso e intrigante.

Sus propuestas se anticiparon a lo que más tarde se conocerá como el arte conceptual, que consistía en dejar un espacio completamente desprovisto de cualquier elemento u objeto, simbolizando la exhibición de zonas de “sensibilidad pictórica inmaterial”, que no dudó en comercializar con éxito. Luego arrojaba las ganancias al Sena.

Sus Anthropometries eran pinturas que consistían en el desfile de mujeres desnudas que se embadurnaban en el azul IKB y se metamorfoseaban en la prolongación del pincel del artista cuando dejaban el rastro de sus cuerpos sobre lienzos extendidos en la pared o el suelo, preludiando a los performances. No significaba un retorno a la figuración. Era la huella de la inmaterialidad que también somos.

Inmaterialidad que hizo presencial cuando elevó a la categoría de componente plástico a desemejantes elementos como el humo, el aire o el fuego, y utilizando un lanzallamas, ejecutó diversas series de las que bautizó como Pinturas de fuego, cuyas superficies revelaban el vestigio de diminutas y muy variadas quemaduras. Inevitable, entonces, que sus trabajos postremos fueron las Cosmogonías, que consistían en soportes coloreados que deponía a la intemperie para que fueran intervenidos por los agentes atmosféricos.

Secundado por Arman Fernández (1928-2005) y Claude Pascal (1921-2017) decidió crear algo nuevo en el mundo del arte. Y fue así como a la corta edad de diecinueve años, Klein y sus dos amigos convinieron en dividirse el mundo de la siguiente manera: Arman, la tierra; Pascal, las palabras, y Klein, el espacio etéreo que envolvía al planeta. Esto determinó su plan de búsqueda estética y su itinerario plástico dándole cabida al nacimiento de uno de los movimientos artísticos más controversiales de la historia de las vanguardias contemporáneas, el Nuevo Realismo.

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