viernes, 23 febrero 2024
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De investigar el matrimonio

Cuando veo la serie The Split y su investigación sobre el matrimonio, me reconforta la seriedad con que se está abordando el tema. Para los personajes es un reto librar sus propios demonios en medio de la racionalidad de su trabajo como abogados de divorcio.

En días recientes pude ver unos episodios de la serie The Split (La Separación), de la BBC (2018, 2020). La historia gira alrededor de la vida y actividades de unos bufetes de Londres, especializados en divorcios y querellas familiares. Al inicio me pareció que podría tratarse de uno de esos dramas adoctrinadores donde todo debe ocurrir de acuerdo a las normas y donde todo termina feliz-feliz. Para mi grata sorpresa, han logrado los escritores abordar los matices ocultos del matrimonio, las presiones familiares, y mejor aún, han quebrado prejuicios y lugares comunes sobre villanos, santos y dispensables. Sin tomar partido por la permisividad liberal por un lado, ni por las cobardías del conservadurismo por el otro, la serie ha puesto el dedo en la llaga que la frivolidad mediática nunca reconocerá. Y todo, todo, con un sentido del humor que pone las cartas sobre la mesa de una vez por todas: sobre que la literatura, la filosofía, el arte pueden retumbar y divertir y que la inteligencia no es una opción sino la opción.

Cuando veo la serie The Split y su investigación sobre el matrimonio, los retos de los personajes por librar sus propios demonios en medio de la racionalidad de su trabajo como abogados de divorcio me reconforta la seriedad con que se está abordando el tema. Hay ya una comunidad de escritores y humanistas comprensiblemente sensibilizados ante los quiebres de hoy en día, como también los hubo en el pasado.

Y es éste un tema urgente porque de suyo está íntimamente ligado a la realidad de las relaciones de género, tan caóticas que han permeado a la esfera pública. Desde los tiempos del Me Too y la carta abierta de las divas francesas en 2017, pasando por las expresiones de furia en las protestas de mujeres rusas, europeas y ahora latinoamericanas, he escrito algunos artículos sobre el tema de los géneros y de lo que acertadamente llama Carlos Fraga La Guerra de los sexos. Desde allí alcancé a decir que el problema requería de una renegociación de acuerdos entre hombres y mujeres, lo que debía ser interpretado como unos puntos suspensivos para quienes deseasen seguirlos. Quisiera hoy, sin embargo, redefinir esa propuesta.

Hay una realidad con el tema de los conflictos de género, y es que aunque todos tienen derecho a una opinión desde su espacio y experiencia particular, estar comprometido con el tema y liderar su comunicación, requiere tanto o más esfuerzo como alguien que trabaja en una vacuna o en cualquier tarea de alto quilate.

Hasta ahora, el timón de las luchas contra abusos sexuales, por ejemplo, comprensiblemente les han dado el micrófono a las actrices de cine. Han sido ellas quienes han impulsado un movimiento que, esté la gente de acuerdo o no, revela la gravedad de los hechos. Las protestas feministas, les guste o no al público, tienen derecho a su catarsis. Pero lo que se llama repensar las relaciones de pareja en su conjunto, eso debe ser un llamado a quienes pueden dedicarse a estudiar, sentir, recrear y asumir una filosofía. No es ese un tema que se despache con el esquema ya instaurado del trabajo interdisciplinario, pues esto va mucho más allá de manejar información.

Varios pensadores se abocaron al tema entre los siglos 12 y 16 europeos, y su tarea fue armar un rompecabezas tan filosófico como espiritual. Fueron escritores altamente preocupados y conscientes de cómo las relaciones de género eran la quintaesencia de cualquier apuesta a la vida y la libertad, a la familia. Respondiendo a una era de maniqueísmos y de agresiones moralistas, teólogos y poetas de la Edad Media cantaron al amor e, increíblemente, elevaron la sexualidad a una esfera espiritual, como expresión del ser y de libertad. Tiempo después, en los albores del renacimiento, vinieron las críticas al matrimonio en relación a los alcances de ‘normar’ el amor. Giovanni Boccaccio, por ejemplo, no se anduvo con reservas sobre las hipocresías y apuros de las parejas. En el siglo 16, Tirso de Molina, Luis de León y otros pensadores de su generación, se preocupaban porque la ‘burla’ a la mujer, destruiría el frágil tejido de acuerdos familiares, sociales y, puntos suspensivos, estatales. Se podría apostar, que esos pensadores sabían ya que la humanidad no iba por buen camino. No creo que hayan sido tampoco muy optimistas, pero el trabajo lo hicieron, porque alguna esperanza tenían en la poesía y la espiritualidad de sus textos.

En la serie The Split, los escritores hacen unas pocas propuestas, y no se trata de si seguirlas o no seguirlas, sino de entrar en el debate. Meditar y construir las propias referencias.

Nota: Para mí, uno de los atractivos de la serie fue ver nuevamente a la talentosa actriz Nicola Walker de El Último Tango en Halifax y otras series. Frecuentemente le ha tocado interpretar roles difíciles.

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