domingo, 25 febrero 2024
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Cuando ganar dinero es pecado

A las minorías no se les perdona ser inmigrantes exitosas cuando escapan al sometimiento, al estrecho espacio donde se les deja trabajar o vivir.

¿Qué tienen en común los judíos pudientes (que no todos lo fueron) de la Europa de inicios del siglo 20, con la tribu Osage de Oklahoma y los descendientes de esclavos negros de Wilmington, Carolina del Norte? Sencillamente son culpables de haberse hecho millonarios a pesar de todas las restricciones a su libertad económica entre otras prohibiciones diseñadas para evitar que obtuvieran poder e influencia. Son culpables, óigase bien, de trabajar, de aprender las reglas del juego y sobreponerse al racismo y la violencia en su contra, a las maldiciones e improperios de la élite étnica o de cualquier otra índole. No se les perdona ser inmigrantes o minorías exitosas cuando escapan al sometimiento, al estrecho espacio donde se les deja trabajar o vivir. Tener la mente organizada, obtener poder político para protegerse del sistema que los inunda con obstáculos, no, no está permitido.

Usar la inteligencia para aprovechar las oportunidades del sistema, manejar el capitalismo y encima hacerse ricos, no, eso es imperdonable. No hay manera de complacer a estos poderes cuya estrategia es sembrar el odio en la población. Aunque estas minorías, sean inmigrantes o no, adopten como propias la historia y la cultura de la nación donde residen y contribuyan con su prosperidad y su alma, el poder imperante los usará mientras pueda, claro, pero más temprano que tarde les quitará todo. Después intentará desprestigiarlos con la misma retahíla de ofensas, humillaciones, prejuicios, lugares comunes y maldiciones de siempre.

Ha sido ésta una práctica histórica y, presten atención, aunque el régimen venezolano actual lo ha venido practicando en lo político, la lógica es la misma. Mantenerse en el poder es la única máxima. Prefirieron hundir al país en la ruina antes que coexistir con otros factores de la vida económica. Como factor de fuerza contra la población, ocurrió durante el imperio británico en la India, en que un millonario indio debía cuidarse de ser puesto en prisión.

Por eso, el venezolano de la diáspora debe pensar antes de repetir las mismas cantaletas interminables por aquello de que “eso lo dice todo el mundo”. Estos discursos que buscan perseguir, repudiar, estrangular o invisibilizar a cualquier inmigrante o minoría que ose remontar la cuesta, puede aplicar a cualquier etnia, nacionalidad o minoría. Sobre los judíos, el filósofo español-venezolano Juan Nuño escribió que todas las críticas a los judíos son perfectamente aplicables a Europa y su mercantilismo. Los judíos sencillamente se adaptaron a las reglas y, por qué no decirlo, a las trampas posibles del juego. A pesar de que por siglos ellos no tuvieron derecho a la propiedad ni acceso a oficios rentables, un obstáculo que muchos no superaron, bastó que unos pocos traspasaran las rendijas para luego ser acusados por los pecados capitalistas inherentes al sistema.

Sobran ejemplos. Sobre el caso de los asesinatos a la familia de la tribu Osage en Oklahoma, escribí el artículo Entre el llamado y los fantasmas, publicado en este diario el 9 de abril del 2022, y que me vino a la memoria cuando alguien me recomendó ver la película Los asesinos de la Luna, título original, Killers of the Flower Moon, sobre el misterio de esas muertes. El filme muestra la investigación de la FBI de Edgar J. Hoover sobre cómo lentamente fue asesinada uno a uno los miembros de esta acaudalada y pujante familia de la tribu Osage, quienes se habían hecho millonarios en la explotación de los yacimientos petroleros en sus tierras. Importante es resaltar, que esta tribu fue inicialmente despojada de sus tierras originales para después ser arrojados a otras con valor inferior. El filme es protagonizado por Di Caprio y aunque dura 3 horas 26 minutos, bien vale ver la historia para mostrar los peligros a los que se enfrentó esta población autóctona de los Estados Unidos. Su pecado fue haber comprobado que el capitalismo sí podía ser manejado por los no blancos.

En el mismo orden acaeció la masacre de Wilmington, Carolina del Norte, a finales del siglo 19, que constituyó el primer intento de golpe de Estado en los Estados Unidos. El trágico evento tuvo lugar porque unos descendientes de esclavos, quienes fueron electos como representantes del poder local, pudieron no sólo vivir en paz, sino que propiciaron una economía que los hizo prósperos. En consecuencia, por supuesto, sus sonrisas de bienestar trajeron roncha. El pecado fue convertirse en adinerados y, además, limpiamente. Y si de narrativa y ensañamiento se trata, los negros americanos son una minoría que, no solamente soportaron condiciones infrahumanas cuando los traficantes de esclavos los secuestraron en África para traerlos al nuevo mundo, sino que, además, desde entonces han sido agredidos con un desprecio y repudio inaceptables. Hay que tener una enorme fortaleza física y mental para superar una violencia de esa magnitud y ellos la tienen, han sobrevivido. Ocurrió entonces que, de acuerdo con la lógica del supremacismo blanco de Jim Crow, pues no podían dejarlos vivir en paz y concordia, y fue así como los metieron a todos en una casa a la que le prendieron fuego para matarlos. No hay mucha diferencia con las cámaras de gas.

Ellos al igual que otros grupos humanos no sólo han sobrevivido a circunstancias semejantes, sino que se han fortalecido. Y no es de extrañar, hay una biología, una sabiduría que termina de poner la última palabra. Así es la vida.

Nota: Sobre el trato discriminatorio de las autoridades peruanas contra el equipo de la Vinotinto en Lima, ¿qué dice esta saña de los agresores? No le perdonan el que la Vinotinto se haya superado a sí misma. Nos querían ver eternamente en el último lugar. El problema es de ellos.

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