sábado, 24 febrero 2024
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Conversaciones en la capilla milagrosa

Claro que hay obligación de la pluralidad y de las negociaciones, pero a estas alturas no supone ingenuidades y mucho menos semejar al tipo de políticas de las que la gente está harta.

@OttoJansen

Voy a un encuentro con un grupo de amigos venezolanos, al que hemos llamado el “Grupo de Lima”, en el Parque Kennedy de Miraflores, distrito turístico de la capital peruana que nos sirve de punto de encuentro, acortando las distancias de donde cada uno reside en esta gigantesca ciudad. Queremos darle un repaso al uso de las redes sociales y su aprovechamiento. El tema, por demás, encierra cualquier cantidad de detalles y trucos técnicos que hay que dominar, pero que como lo he escuchado en quienes saben, si no hay valoración de textos y contenidos, las publicaciones no pasan de singulares genialidades sin propiciar honduras.

Llego al parque; me inquietan las situaciones de violencia que se han presentado en comunidades de acá, derivadas de extorsiones de bandas antisociales venezolanas enfrentadas con mafias delincuenciales nativas, que otorgan el mejor pretexto para que el clima antiinmigratorio y fundamentalmente antivenezolano, muestre aristas de la incomprensión y de la tentación de los factores locales de meter a todos los ciudadanos, de nuestro vapuleado país, en un mismo saco. Pienso en la necesidad de una respuesta, que más que puntual sea una narrativa que no re victimice el papel del venezolano decente, trabajador, joven y altamente calificado que se encuentra haciendo vida en las tierras incas. Solo eso, pues no me da tiempo a seguir con las ideas al ser abordado por “influencers” limeños, que me proponen ser parte de sus videos en los espacios de esta plaza pública. Ahora, al deshojar las situaciones de la tierra lejana caigo de nuevo en los hechos de definiciones y esfuerzos frente a la tenaza dictatorial (tan veleidosamente atractiva a los ojos de los equilibristas) que se retuerce en estos días con el éxito de unas cívicas elecciones primarias, pero sigue aferrada al deseo de entronizar su existencia en el poder desde la tarea de encantar. Mediante la extorsión también a sectores de Venezuela. Desemboco mi pensar en el estado Bolívar nuestro, para cerciorarme que el asunto de “combatir los extremismos” que cada cierto tiempo es pregonado por alguna voz respetable, ha tenido sino nacimiento, si su mejor expresión en el estado más vuelto trizas, destruido, arruinado y empobrecido, desde el primitivismo del extractivismo minero por el modelo del socialismo del siglo XXI.

El caso del agricultor del municipio Sucre, de la extensa Guayana, Franklin Brito, declarado por la revolución “mentalmente inepto” por reclamar sus tierras despojadas, con firmeza y con la fiereza que le costó la vida (30 agosto de 2010). Ejemplo de la determinación por los derechos, por las convicciones, pero igual del grueso silencio que al menos en la región se instaló en la generalidad de los sectores guayaneses. Es el mensaje de advertencia contra la minimización de la realidad al invocar el diálogo con los demonios “que pululan por doquier” o más terrenalmente con los identificados truhanes bolivarianos. 

Me persigno ante el Señor de los Milagros 

Al lado del Parque Kennedy se levanta una preciosa iglesia, Virgen Milagrosa, “presenta un frente con dos torres campanarios que le otorgan gran personalidad. Interiormente las naves se encuentran separadas por una secuencia de arcos de medio punto, que se apoyan sobre columnas con bellas decoraciones”. Tomado de www.trpadvisor.com. Mi pensamiento continua debatiéndose -mientras me acerco al punto de encuentro con el “Grupo de Lima”- entre la coherencia y el  extremismo.

Bolívar fue el estado donde se dio inicio (para ese entonces con tecnología de punta) a la operación de intervención y compra de los partidos políticos opositores; estos asumieron que era menester hacer “política civilizada” y en las relaciones con el oficialismo terminaron hasta la fecha haciendo silencio ante la corrupción, la quiebra de las empresas, el olvido de gestión en salud, servicios públicos y el manifiesto desmantelamiento de la educación pública. Durante todo el proceso chavista ha quedado claro hacia lo que pueden concluir los intentos “distraídos” e impecablemente formalistas de impulsar “espacios democráticos”. En Guayana se extinguieron por acción deliberada los medios de comunicación impresos. Se han perseguido con cálculos fríos y deliberados la línea independiente y crítica de la prensa, se han amenazado con quemar sus sedes; a los periodistas, comunicadores les han intimidado con allanamientos. A trabajadores y sindicalistas los han perseguido, dictándoles sentencias fabricadas. A todo esto, a quienes se han mantenido en posiciones de principios se les ha aislado; puestos de lado por “extremistas”: es decir por no dejar de defender los derechos y la dignidad ciudadana. Mientras otros, incluso sentenciados, han conservado sus estatus de fieles intérpretes de la tolerancia.

Claro que hay obligación de la pluralidad y de las negociaciones pero, a estas alturas, no supone ingenuidades y mucho menos semejar al tipo de políticas de las que la gente está harta porque probadamente han servido para beneficios grupales, a la par de condenar iniciativas civilistas de luchas de las mayorías.

Me persigno pero no entro a la iglesia. Me resuenan las palabras del obispo sudafricano Desmond Tutu: “Reparar injusticias sin crear justicias siempre termina empeorando las realidades”. Los amigos con quienes intercambio sin pretensiones especialistas, acerca del vasto campo de la comunicación, me saludan y uno me pregunta si vi la figura del Señor de los Milagros; patrono del Perú. Pero nada, inmediatamente empezamos con las historias, los reels y los posts.