jueves, 7 de julio de 2022

Brevísimo cuento

La barbaridad a la que está sometido el pueblo ucraniano no se justifica por nada y se explica por las desviaciones del talante político ruso desde la época en que se montó la dinastía Romanoff a conducir a esa gente.

La barbaridad a la que está sometido el pueblo ucraniano no se justifica por nada y se explica por las desviaciones del talante político ruso desde la época en que se montó la dinastía Romanoff a conducir a esa gente.

No conocer la repetición de la historia es ser ignorante de la historia.

Por eso parece muy bien que esta narcoanarquía gobernante le entusiasme ser el lavaperro del imperio ruso para cuadrarse alborozado al atropello en curso contra el mundo y un pueblo soberano que está dispuesto, según lo demostrado por la gente y sus líderes no de pacotilla, a no dejarse apabullar por ningún sicópata de baja estofa. Si a los lectores se les ocurre cualquier similitud a otras situaciones y personajes me eximo de responsabilidad.

En 1936, cuando la guerra civil española, unos traidores a la patria decidieron embarcar para la unión soviética (sic) la reserva de oro de España, 510 toneladas aproximadamente, con lo cual esos socialistas dejaron al país en la ruina; según costumbre y propósito. Stalin se apropió de los bienes para nunca devolverlos.

Estos aduladores deben tener mucho dinero malhabido en custodia de sus amigos rusos y necesitan estar en las buenas con ellos porque sienten que sus reales pueden están en pico de zamuro y van a ser birlados, debido a la costumbre histórica de los invasores. La verdad que en sana paz no es recomendable arrendarles las ganancias porque seguramente no las tendrán. Ni siquiera el capital, en caso de que la fortuna nos sonría a los venezolanos en ese sentido que muy poco nos beneficia, salvo por el fresquito.

Desde el zarismo, pasando por Lenin y Stalin los rusos siempre han tenido en su norte la rusificación de sus vecinos mediante métodos no precisamente pacíficos. No es cuestión de ideología sino de obsesión cultural en general, que incluye idioma y religión; los países bálticos sirven de ejemplo reiterado a través de los tiempos.

El macaco actual no está actuando de manera extraordinaria sino impulsado por la avidez territorial contenida en sus genes. La unión soviética (sic) estaba formada por quince repúblicas independientes pero obligadas a cobijarse bajo el manto ruso, región inconforme con tener la mayor extensión del planeta. Sin duda que la caída del muro y la disolución soviética dejan una huella de frustración e indignación a los cabecillas oligarcas de esa nación. El resabiado en ejercicio, cualquier semejanza es lucubración, es un actor buscando una especie de nuevo acomodo mundial a costa de la debilidad de occidente, que comienza por los Estados Unidos, abanderada por una figura de muy poca estatura y condiciones para dirigir un país de quinta categoría política, económica y militar. Mucho menos, la primera potencia del mundo civilizado y sus alrededores.

Se critica mucho a los Estados Unidos, y con razón a veces, pero estos nunca han tratado de imponer su idioma o colonialismo territorial en los sitios invadidos por ellos temporalmente por motivos innecesarios de ventilar en estas líneas. Los brasileños se mantienen en sus límites, sin exigencias lingüísticas ni culturales; y los demás países del continente no se dedican a molestar sistemáticamente a otros estados soberanos, a pesar de tener algunas controversias jurisdiccionales.

En sinopsis, la barbaridad a la que está sometido el pueblo ucraniano no se justifica por nada y se explica por las desviaciones del talante político ruso desde la época en que se montó la dinastía Romanoff a conducir a esa gente.

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