lunes, 4 marzo 2024
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Nueva proclama para movimiento obrero de Guayana

Los trabajadores no pueden ser unos convidados más en el caso de las primarias y de las elecciones nacionales. El recurso de una dirigencia fogueada o de algunos jóvenes trabajadores no puede circunscribirse a acompañar consignas partidistas.

@OttoJansen

“Cinco jubilados de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG) iniciaron este 16 de agosto una huelga de hambre en las adyacencias a la sede de la casa matriz del holding para exigir a la junta interventora, presidida por Héctor Silva Hernández, el pago de sus prestaciones sociales. Con una sábana blanca, zapatos rotos y, según sus palabras, prefiriendo morir de hambre en las calles que en sus casas, los jubilados se instalaron frente al edificio de la CVG en Alta Vista. Afirmaron que darán un plazo de 72 horas para obtener respuestas de la junta interventora, a la cual responsabilizan de cualquier cosa que pueda ocurrirles como consecuencia de la huelga de hambre”. La nota de la periodista Francesca Díaz, publicada en Correo del Caroní, permite ver la escasa muestra de sensibilidad de parte de los entes involucrados.

La cita del caso tiene que ver con la cadena de actuaciones de la revolución contra los derechos de los trabajadores, la sociedad en general y las continuas maniobras que niegan, por una parte, la realidad económica y social en Guayana, pero de igual modo arrinconan y persiguen a los que reclaman y protestan. Nada nuevo. Lo reciente fue la división de las movilizaciones con mesas de diálogo de mentiras y la posterior detención de la dirigencia.

El segundo episodio, el dictamen de condena de seis líderes de los trabajadores en el país por un exabrupto de 16 años, no existiendo como ha sido señalado por los especialistas, pruebas, ni causas. Estas expresiones, que se han suscitado en los 24 años de la revolución y que son cada vez más claramente distantes del debido proceso y respeto por normativa legal, debería ser la demostración de que si no existe reflexión y acciones que empujen la inercia de la conducta sindical ante los atropellos revolucionarios, los trabajadores quedarán definitivamente aniquilados en sus peticiones y en las garantías de sus vidas. Las experiencias proporcionan la veracidad que el patrón no es cualquiera, cosa que se sabe y se olvida, y que la democracia es inexistente como marco de las luchas por reivindicaciones y para un movimiento obrero que acompañe al país, a los sectores políticos (por demás, demolidos y penetrados por el régimen) en los escenarios de: exigencias de elecciones libres y justas, presencia protagónica en las elecciones primarias, como proceso de reagrupamiento, y en la creación de nuevas orientaciones sobre el futuro de la actuación gremial que no se detiene incluso dándose los cambios institucionales de Venezuela.

Salir del acto ritual y testimonial

¿Por qué la necesidad de un planteamiento político-sindical? Las estructuras económicas y productivas del país se encuentran en el subsuelo. En el estado Bolívar se alzan como monolitos las empresas básicas arruinadas y la desaparición del compendio de la pequeña y mediana industria -visibilizada en galpones vacíos- que se forjó en su perímetro. Esta dura realidad obliga al movimiento de los trabajadores que busca asideros a su razón de ser a redefinir su papel, a la elaboración de propuestas en función del apoyo al proceso de impulsar las nuevas concepciones del proceso productivo y de reordenamiento del modelo industrial. Por supuesto, tiene que alzar la voz por las leyes y las condiciones laborales de lo que va quedando y de lo que va naciendo.

Ante esto y conociendo las dificultades y los altos riesgos de la acción gremial que en las últimas semanas han tenido la huida forzosa de dirigentes para no ser apresados por la reciedumbre de sus planteamientos, la persistente movilización de los docentes pertenecientes a la administración pública, al igual que el gremio de enfermeras, recursos de primer orden para las tareas de defensa de los trabajadores. En este panorama, es necesario que surja la conformación de un planteamiento programático local y nacional que no es otra cosa que el mensaje político para los trabajadores que establezca brújulas para los escenarios que vienen que pueden ser mejores, pero también peores. Esta tarea debe estar haciéndose, pero la acotación un tanto entrometida es que debe apurarse el paso que haga conocidos los lineamientos ante la opinión pública que solo ve la valentía de los profesionales de la educación y de la salud, el arrojo de focos de la dirigencia siderúrgica, pero más allá, no parece encontrarse sino la posición testimonial sin fuerzas que no levanta la adhesión a unas luchas imprescindibles para los derechos democráticos de la sociedad venezolana en su conjunto.

Los trabajadores no pueden en los procesos políticos en desarrollo ser unos convidados más, como es el caso de las primarias y de las elecciones nacionales. El recurso de una dirigencia fogueada o de algunos jóvenes trabajadores que han entendido el papel de la dignidad no puede circunscribirse a acompañar las consignas partidistas. Los trabajadores deben tener su propia voz, propósitos y acciones que siendo coincidentes con el conjunto de factores de la sociedad venezolana hagan sentir sus objetivos específicos en un proceso engorroso donde no se tienen garantías de conquistas firmes con actores y conductas que más de una vez han conciliado con el poder político.

Los trabajadores deben hacer uso de su vocería política -incluso partidista por sobre líneas predeterminadas- para hacer valer el espacio autónomo que podrá lograr victorias en circunstancias adversas como las de ahora, cuando un grupo de jubilados pelea y arriesgando sus vidas en función de que se cumplan los  derechos, y de quienes la revolución simplemente se burla haciendo cabriolas o dejándolos morir.