domingo, 3 de julio de 2022

“La forma del agua”

Lamentablemente la revolución no funciona así y el empobrecimiento de amplios sectores, el hundimiento mayúsculo de la calidad de vida hará que nos encontremos con las personas convertidas en verdaderos humanoides.

Lamentablemente la revolución no funciona así y el empobrecimiento de amplios sectores, el hundimiento mayúsculo de la calidad de vida hará que nos encontremos con las personas convertidas en verdaderos humanoides.

@OttoJansen

Se trata de una agresión constante y de muchos años en desarrollo. Sin embargo, la falta del servicio de agua en Ciudad Guayana (solo hablaremos de la problemática de esta urbe y no del resto de los municipios, que es también de alarma), del que tanto se han ocupado las noticias y continúan haciéndolo cada día, se transforma en un monstruo que se agiganta y que va a despachar sectores enteros profundizando penurias; un cosmos agónico que existe en miles de formas en la vastedad de sectores de San Félix y Puerto Ordaz.

Lo primero a constatar es cómo el casco urbano de la ciudad, que fue orgullo de la primera expansión de aquel Puerto Ordaz moderno,  con nuevos edificios, espacios de tiendas, supermercados y cines, hoy son zonas casi en su totalidad que adolecen gravemente del servicio de agua. Son los casos de las populosas comunidades de Villa Colombia, Villa Central y los campos de Ferrominera, por hacer la cita de manera genérica. A ello se suma, además, el surgimiento del fenómeno del abandono de edificaciones y locales, determinado por el traslado del corazón comercial al sector Alta Vista y por la coyuntura del hundimiento económico de estos 22 años, que igualmente se ha despachado con la indiferencia de gestión de la municipalidad y la Alcaldía de Caroní.

La descripción del problema ya no soporta más explicaciones desde el enfoque de la racionalidad, lo que obliga a una especie de interpretación desde la metafísica o la ficción como lo hizo el cineasta mexicano Guillermo del Toro al contar su particular historia de amor, y nosotros encontrar otras aristas -si es que las hay- de una materia de significación para la modernidad o para la ruina total en el deterioro que se hace presente desde las propias entrañas de Ciudad Guayana.

Las gruesas y enmohecidas tuberías que deben cruzar el cuadrante de la “vieja” ciudad, desde el Centro Cívico hasta los predios del Centro de Entretenimiento Cachamay, en Castillito, habrán de ser, quizás, las primeras expresiones de un colapso potencial que se avizora en despoblación de esta parte de la ciudad y de sequía total, en meses o pocos años. Aquí subrayamos las condiciones de este sector, sin abordar lo que pueda pasar con los niveles de angustia que se viven en extensas parroquias populares de San Félix, Unare o el Core 8. Dicho de este modo puede sonar apocalíptico una problemática absolutamente capaz de corregirse técnicamente. Pero al revisar el paso de los años, donde lo común ha sido la inercia, la incompetencia y extravío de presupuestos de organismos de la revolución bolivariana, son amplias las posibilidades de continuar las conductas de gobierno, a la par que los guayacitanos empecinadamente esperan por “Godot” o quién sabe por cuál tipo de gestión pública, ajena a su pesadilla, que no tendrá fin, al igual que otros nudos que nos asfixian en la región y en Venezuela.

No vendrá fácilmente

La historia romántica de esta circunstancia de años en Ciudad Guayana es que el discurso oficial escuche a los ciudadanos que vienen mostrando organización para los reclamos y se hagan los anuncios de inversiones y lapsos para las obras imprescindibles que otorgarán normalidad a las comunidades. Lamentablemente la revolución no funciona así y el empobrecimiento de amplios sectores, el hundimiento mayúsculo de la calidad de vida, hará que nos encontremos con las personas convertidas en verdaderos humanoides. Un inframundo que tiene distinto a lo que imagina el cine ficción en que la gente agobiada por los trasnochos, la espera infinita y el surtido de miles de botellas plásticas de refrescos como recipientes del agua no vivirá de la condición líquida (caso del personaje de Del Toro) sino de otra forma, nacida de alguna de las nuevas pandemias que atacan a la humanidad, pero que en este caso será, una muy particular, nacida en Guayana, en la que la neolengua política de revolucionarios y pretendidos opositores copa la opinión pública y las irrealidades (o muy severas realidades) atropellan a los guayaneses.

El ciclo de luchas por los derechos y el bienestar no debería permitir llegar a mayores niveles de desahucio social; sigue estando planteado la organización y el compromiso de levantar la voz ante el desmantelamiento, sin seguir soportando argumentos “racionales” que solo suponen farsas mientras avanza la descomposición y la miseria. Esta es una tarea de todo el estado Bolívar; lo del servicio de agua toca el umbral de la vida o la muerte, que no puede dejarse al azar. No puede quedar en manos de los traficantes de la política, mientras la enorme población se hunde. Es menester el reclamo como sigue estando en las comunidades con obligada suma vecinal para que cobre concreción la ciudad que queremos.

Una apostilla: El fallecimiento reciente del profesor Miles Useche se lleva, silenciosamente, una etapa de la educación en los liceos de Ciudad Guayana y de una práctica gremial apegada a fundamentos. En la política, Miles Useche fue artífice inteligente de debates sobre el porvenir del cambio social, que luego devino en la nada trastocada, pero fue Miles, con su humor y sus conocimientos, elemento importante de aquellas sabrosas discusiones. Hasta siempre apreciado profesor.

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