lunes, 23 de mayo de 2022

Historias del agua y de un corral de gallinas

¿Es posible generar la confianza que no existe con esos señores dirigentes que esconden sus ganancias grupales sin ningún tipo de desprendimiento con la gente destrozada por la dinámica de sangre del Arco Minero, en el estado Bolívar?

¿Es posible generar la confianza que no existe con esos señores dirigentes que esconden sus ganancias grupales sin ningún tipo de desprendimiento con la gente destrozada por la dinámica de sangre del Arco Minero, en el estado Bolívar?

@OttoJansen

Comenzamos el 2022; deseamos a todos que sea fructífero en lo personal y en lo colectivo; lo necesitamos más allá de las palabras. Una de las cosas que evidenciamos en estos días finales del año pasado es que dolorosamente en paralelo al juego de frases que tenemos en la opinión pública nacional, sobre los destellos de supuestas mejoras de la calidad de vida, por lo menos en nuestro estado Bolívar continuamos profundizando el horroroso abismo de precariedades que tiene como destino la ruralización (digámosle “ranchificación”) y la marginalidad extrema de los pueblos y ciudades de la región.

No se trata de ver el vaso medio vacío, regodeándose hasta el hartazgo desde una singular autoflagelación, exaltando las zonas más oscuras. Siempre hemos destacado la resistencia que a través de la innovación y las iniciativas ciudadanas en lo social y económico se manifiestan en Guayana, lo que ha sido el punto de apoyo a las fuerzas para la sobrevivencia y la fe de las comunidades en la recuperación, más temprano que tarde, de la gobernabilidad y los derechos. Sin embargo es evidente que la velocidad y la permanencia de tales esfuerzos no tienen el asidero que la pobreza y el feroz desmantelamiento expresa día tras días y con ello se hacen inherentes los abismos del fracaso, la ruina o las enormes dificultades que definen el avance. Así estamos y es el episodio que constatamos en diciembre, en medio de las alegrías que pese a los infortunios de la situación política venezolana y aunada a la pandemia fue posible en distintos grados por los guayaneses al cierre del difícil 2021, como secuela del paralizado 2020.

Cuadras de mangueras conectadas para distribuir el agua de pozos perforados por realizaciones de particulares contemplé en urbanizaciones llamadas alguna vez a ser la expansión del desarrollo urbano en Ciudad Bolívar. Cinco y seis años sin una sola gota por tuberías regulares en un número significativo de habitantes y comunidades, sin que ante eso no ocurra otra cosa que la indiferencia de las autoridades. Allí se establecen los límites entre el retorno a aquel campo plagado de pobrezas, enfermedad y carestías y la modernidad que parecía haber llegado para quedarse con el desarrollo que contó con inversiones faraónicas y obras públicas trascendentes, marco del nacimiento de generaciones convencidas de la promoción social como un hecho natural del progreso y de instituciones que funcionaban por sobre los escándalos de corrupción de una porción de la clase política. En los dirigentes era notoria su calificación personal, aun cuando las listas de partidos cobijaban a no pocos polizones de la estafa. En San Félix, de la gran Ciudad Guayana, también en esta navidad contemplé los conucos en las casas (que no son pintorescos huertos) que, junto a pequeños corrales con gallinas, son el mercado de los hogares cuando los malabares económicos para el salario, además de las fantasmales cajas del CLAP, se detienen por meses. En las comunidades de San Félix, con la pesadilla de la falta de agua en los hogares, resalta como una escara en el alma de los más jóvenes la lidia con la realidad de los compañeros de generación y familiares que inmigraron, quedando el vacío del presente y del futuro. Esto asocia aún más la tragedia con el sendero rural: la despoblación, ese campo con los cantos de las ranas y las luces de las luciérnagas bailoteando en la oscurana. 

Sobre pasiones, razones 

La sociedad que se asume en ciudadanía, por momentos, en esta extensa Guayana ha de encarar con absoluta responsabilidad el llanto del sufrimiento que conmociona; ha de abordar con realismo dejar la queja o la nostalgia como método de acciones y estamos obligados a darle a la juventud y a la familia de este territorio mágico, la voz firme ante la tentación del facilismo y un pretendido pragmatismo alegre, reflejo de la inutilidad para el porvenir. De esto no se ocupan, ni se ocuparán los piratas de los partidos políticos locales que tenemos; sus líderes mediáticos están distanciados de la organización popular y del cultivo de las ideas a las que estarían obligados. Y es por esa falta de sensibilidad con la impotencia social de las mayorías que se encuentran amputados para proponer el futuro.

El tan en boga por estos días estado Barinas reúne las razones de luchas y determinación que cuajaron en lo electoral y proporcionaron un cuadro motivador de victoria. Pero en ese panorama de lecciones, aprendizajes y revisiones podemos preguntar qué pasaría en una hipotética situación guayanesa similar. Preguntamos: ¿puede pasar algo con partidos mudos, vendidos a Rangel Gómez, a Noguera Pietri o a Marcano, con tal que les sean ofrecido beneficios a sus intereses pequeños? ¿Puede haber transformación, detener el atraso con sujetos ligados a los cálculos de la revolución desde hace años u otros adquiridos muy recientemente? ¿Es posible generar la confianza que no existe con esos señores dirigentes que esconden sus ganancias grupales sin ningún tipo de desprendimiento con la gente destrozada por la dinámica de sangre del Arco Minero, en el estado Bolívar? Se abre el 2022. Para que no se convierta en otro año más, tenemos que mirar bien y no engañarnos. Acompañar a levantar la voz por la democracia a esas comunidades con infinitas historias de penurias, falta de agua y gallineros que pueden ser símbolo de esfuerzos mas no del conformismo con la miseria.

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