miércoles, 24 julio 2024
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Familia y solidaridad: mensaje político libertario

Ese pilar en estampida por el mundo, en su sentir, expresa la lejanía con la acción política actual, tan extraña a sus urgencias e indiferente a lo que la familia representa para el futuro democrático.

@OttoJansen

Para la tierra arrasada de la extensa Guayana, que presenciamos con nitidez en calles y comunidades, por sobre espejismos que se han levantado desde los laboratorios del régimen en días recientes, la población tiene una disyuntiva concreta para afrontar la desesperanza y el insoportable sufrimiento: la espera de la acción política de las fuerzas democráticas que definan nacionalmente posibilidades inmediatas de cambios, por una parte, o la urgente construcción local y regional de las ideas que por su calidad y coraje tengan capacidad de convertirse en fuerza sustantiva para enfrentar las terribles problemáticas cotidianas, y además preparar el horizonte de plazos y etapas.

Debe haber por estos mismos días pronunciamientos de orden nacional en los factores opositores que conduzcan a definiciones y precisión de políticas que dibujen con determinación la resistencia democrática y permitan los deslindes con el vaivén de concesiones, que no son otra cosa que las posturas colaboracionistas en su acercamiento al gobierno de facto. Esperaremos la calidad de esos movimientos, que anhelamos los exista sin más demora, juegos de palabras o esa eufemística esgrima del discurso “político”. Sin embargo en el plano regional ya podemos adelantar que las definiciones de luchas no involucran a las organizaciones que se denominan de oposición. Los partidos políticos aquí no tienen el propósito de conquistar a tesón y con fiereza las trasformaciones planteadas, vista la destrucción y la corrupción generalizada del modelo socialista entronizado en Bolívar. El objetivo de las dirigencias, según vienen demostrando cada vez con menos pudor, es negociar posiciones y prebendas; es por ello que desde ya para los guayaneses la obligación está en constituir los debates y encuentros que desemboquen en un plan para la región. Esto es imprescindible, como lo es también hurgar en formas organizativas novedosas que incluso sean capaces de “contagiar” al espectro decadente de las organizaciones partidistas, vía su regeneración y reingeniería.

El contexto de Venezuela es grave y hasta aterrador; es la muerte por la inercia y condición vegetativa del cuerpo completo de la sociedad que puede durar muchos años, pero que va aniquilando cada día una a una sus funciones. La provincia que ocupamos tiene sus propias especificidades, pero si algo viene estableciéndose como simbología de la decadencia, igual que en el plano del país, es la demolición, no solo de los valores, de los alcances de la modernidad, sino de la familia como núcleo fundamental del gentilicio, elemento de la memoria histórica que se escabulle cotidianamente en el mar de sufrimientos y carencias. Ese pilar en estampida por el mundo, en su sentir, expresa la lejanía con la acción política actual, tan extraña a sus urgencias e indiferente a lo que la familia representa para el futuro democrático, el desarrollo material, el rescate del orden constitucional y en fin para todo el ánimo de luchas.

El alma de una propuesta

Al impulsar un movimiento de resistencia civilista con los matices que integran este estado Bolívar; matices presentes en cada pueblo, ciudad o caserío a la espera de convocatorias creativas y útiles, se hace menester también el requisito de la búsqueda e identificación; amalgamar colectivamente propuestas y sentimientos. Esto implica una cruzada amplia con propósitos de hacer visibles temáticas que ensanchan la esperanza. Para ello el acontecer del conocimiento local, los hechos que se mueven a nivel de la nación, así como en el mundo; manejo de la información y emboscadas a la libertad de expresión, con los sofisticados ataques a las plataformas de comunicación, son materias que no pueden estar separadas de la tarea política y social. Cuando el escepticismo ante posibilidades de cambios para esta región es realidad, conformar el lenguaje común no es trámite. Hay que imbuirse de las nociones de la libertad, de la nueva democracia con las rutas que hay que recorrer para que sea fuerte y lo más cercana al ciudadano. Para nuestras localidades hay que ir construyendo respuestas sobre el papel protagonista de los jóvenes, mujeres y vecinos en los desafíos de la futura gobernanza en un estado desmantelado, penetrado por mafias y factores de la ilegalidad. Son aspectos que tienen de fondo reivindicar la familia de Guayana, hacia su reunificación y fortaleza en el discurso de lucha por un futuro de normalidad.

No requerimos estructuras organizativas rígidas, ni atrincheradas en los patrones clásicos para ensanchar la cultura ciudadana; orientar la solidaridad en la intencionalidad de no rendirse, aunque las expresiones sean mínimas o elementales, es un valor que no puede ponerse de lado en tiempos de cerco permanente a los derechos ciudadanos. No en balde tenemos las sinuosidades de los que se dicen enemigos del totalitarismo, pero que acompañan y lanzan puentes al gobierno para esconder su falta de coraje y su ausencia de convicciones. Persistir en la creación de las ideas, en la formación y la experticia que impulse las acciones contundentes y verosímiles, de manera puntual en el estado Bolívar, en el combate firme que ataje el insostenible drama social que nos asfixia.