viernes, 20 de mayo de 2022

Aquí, con la ciudad y la región

El indicador de la temperatura y del ambiente de los días se coteja con la parodia que es el flojo quehacer público, la insulsa operatividad gubernamental.

El indicador de la temperatura y del ambiente de los días se coteja con la parodia que es el flojo quehacer público, la insulsa operatividad gubernamental.

@OttoJansen

Los días de Semana Santa transcurrieron en Ciudad Guayana y en cada rincón del estado con un calor bárbaro. Un sopor que acompaña esas trabas estructurales que paradójicamente son “normales”. Se trata de las dificultades de la involución social; de una economía que no puede levantarse debido a que las condiciones para el trabajo decente, el salario normal, el poder adquisitivo, la productividad empresarial o la circulación monetaria se encuentran vueltas hilachas o están en saldo rojo para una población que sencillamente -casi por inercia- hace maromas para la sobrevivencia y el “éxito” cotidiano.

El indicador de la temperatura y del ambiente de los días se coteja con la parodia que es el flojo quehacer público, la insulsa operatividad gubernamental central y del patio, el discurso oficialista atolondrado y estéril que se quedó congelado en las supuestas “épicas” políticas de la revolución bolivariana, 20 años atrás. En Venezuela, la dirigencia gangrenada por los fracasos y la espantosa corrupción que les involucra hasta con otros fuertes delitos vuelve a sacar aquel retorno del comandante, hoy muerto, luego del golpe de Estado. Es su única bandera de mitología socialista, en una dirección que no tiene asideros con el desarrollo material de las mayorías y la realidad espiritual de la gente.

En Guayana, las autoridades pavonean el desfile de conmemoración de la Batalla de Chirica, fecha local cada vez más ritual que tiene de singular el acontecimiento -no recordado- cuando al señor Maduro, en 2017, fue sacado a tomatazos de la única asistencia al evento. Pero lo primordial en la región es cómo va pasando la vida para todos y cómo la relevancia de la construcción de la sociedad grande no aparece ni figura en el horizonte. El alma de estos días está caracterizado por la distancia y la contemplación: una porción importante de los habitantes no se inscribe en esfuerzos particulares por la justicia, los derechos, la libertad y la república. Todos estos conceptos son percibidos como vacuos, intrascendentes o etéreos.

En las conversaciones que hago en el Live de la red social Instagram a través de la cuenta @aquiconottojansen (a finales de este mes de abril cumplimos dos años, con casi 200 programas y un número de invitados cercano a 110 personalidades), la atmósfera de los intercambios, en el ejercicio de las profesiones o iniciativas por la ciudad, de forma muy elemental acompañan alguna luz del pensamiento civilista en contraposición a la conducta de control político y la persecución del modelo político gobernante. La incertidumbre o la amenaza que nos atrapa a todos no propicia esos espacios de manera natural para alentar conquistas de los derechos que pueden estar derivados de los textos de ley o de la propia Constitución. Solo tenemos una especie de caldo de la inmovilidad, y cuando más el murmullo por lo bajo a un estado de cosas que no satisface a nadie.

Aniversario de aproximaciones 

En lo que permite la plataforma Instagram nos abocamos a conocer, en las voces de los invitados, lo que ocurre con las ciudades, los municipios de Bolívar o con los venezolanos en otras latitudes. Obtenemos de alguna manera trazos del propósito que nos hemos impuesto. Por ejemplo: gravita en nuestras sencillas entrevistas la devastación minera del sur del Orinoco, o la violencia por los predios del Caura. El tema gremial, en tiempos complicados para los profesionales que apuestan a la organización de sus miembros, es tema subyacente de la crisis del país, la práctica dictatorial con sus mecanismos de control social, permanentes violaciones a los derechos humanos o la regeneración democrática, que no termina de expresarse en el escenario guayanés y nacional; los dolores y triunfos de la inmigración criolla. Como también en la óptica mundial, desde algún comentario, salta la “papa caliente” de la guerra de Putin al pueblo ucraniano y sus trascendentes implicaciones para la voluntad soberana de los pueblos del planeta y orden internacional.

Inquietudes y reflexiones tenemos en la extensa Guayana; tal vez de manera dispersa y como lo manifestó recientemente el exdiputado Luis Beltrán Franco en entrevista a Correo del Caroní: “Hay un hartazgo de la gente con los políticos”. Pero la política -que igual lo expresó y lo reafirmamos nosotros-, la dinámica social activa, la solidaridad y la vocación de luchas por los derechos no están desaparecidas del panorama del estado Bolívar.

Nuestras conclusiones, basadas en dos años de la experiencia comunicacional del Live, la enlazamos con lo que abrimos esta columna: sopor, inercia, inmovilismo. Contemplación desde conceptos que nos sobrepasan y que consideramos vacuos. De allí que es menester derrotar la ignorancia para otorgarnos la sociedad de exigencias y de funcionamiento modernista. Es imprescindible inyectar en las generaciones que se abren paso la avidez por el conocimiento y el ejercicio ético. Los guayaneses tienen que asumir con determinación la noción de la tragedia social, económica e institucional que no es insignificante. En meses de pandemia y de propagación de espejismos de normalidad hemos visto morir a amigos, familiares, hombres y mujeres valiosos. Unos por el COVID-19, otros porque no pudieron con tanto embate de la cotidianidad adversa. Esa vida, nuestro terruño, tenemos que saber pelearla, asimilando que la dignidad y el hondo sentido del porvenir, para nosotros o nuestros descendientes, lo valen todo. Seguiremos.

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