domingo, 25 febrero 2024
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Américo Fernández: cronista vitalicio

Es un cronista en el más extenso y respetable sentido de la palabra. Le tiene tomado el pulso a la ciudad, a su gente. Sabe de cada calle y puede contarte la historia de cada una de esas casas que nos impresionan, cuando paseamos por sus angostas y empinadas veredas.

El regocijo -por el deber cumplido- no les cabe en el pecho a los munícipes del PSUV de la capital del estado, antes Heres hoy Angostura del Orinoco. Rodilla en tierra como corresponde, cumplieron el revolucionario mandato de destituir al cronista. Nada más y nada menos que al periodista e historiador Américo Fernández. Un investigador acucioso dedicado a su noble tarea, sin recibir emolumento alguno. Conocido y respetado por legiones de ciudadanos, tanto del país como del extranjero. Sus publicaciones son material obligado para historiadores, intelectuales, estudiantes, y para todo aquel que quiere conocer y ampliar sus conocimientos en torno a la variedad de temas que él ha estudiado. Aquí me atrevo a afirmar que Américo Fernández es de los cronistas más citados de y en Venezuela.

Como corresponsal de El Nacional -durante muchos años- nunca dejó de lado su vocación de cronista. De hecho, su oficina en Ciudad Bolívar era una hemeroteca y una fuente para todos aquellos que requerían información confiable. Cualquier investigador o periodista que necesitaba profundizar en un tema, recurría a los múltiples saberes de este oriental nacido en la isla de Coche, pero avecindado en nuestra capital, donde él sí es un verdadero patrimonio. No como los designados por los organismos burocráticos, que lo hacen para comprar lealtades e intentar capitalizar el trabajo creativo de aquellos que lo permiten.

Su formación académica ha sido una búsqueda esencial para nuestro sempiterno e “indestituible” cronista. Por eso también se graduó como comunicador social en la Universidad Central de Venezuela con mención Magna Cum Laude. Lo que refleja su compromiso con la tarea que desde siempre ha encauzado su vida, y que está en la tradición de un Enrique Bernardo Núñez, el primer cronista de Caracas.

Américo Fernández en la actualidad es vicepresidente de la Asociación Nacional Oficiales de Venezuela y socio correspondiente de la Academia Nacional de la Historia. Su libro Cronología de Venezuela fue declarado texto oficial por el Ministerio de Educación, tanto para primaria como para el ciclo diversificado.

De gran inquietud y curiosidad intelectual ha tratado multiplicidad de temas en los más de 25 libros que ha publicado. También colaboró en muchos medios, incluido Correo del Caroní, donde estuvo hasta hace muy poco tiempo. Escudriña la vida de figuras como Manuel Piar, pero no le resulta indiferente la microhistoria de otros personajes, que le dan vida y sentido a la cotidianidad de un conglomerado tan especial, como ese que tiene al Orinoco como parte de su paisaje.

Es un cronista en el más extenso y respetable sentido de la palabra. Le tiene tomado el pulso a la ciudad, a su gente, a los personajes. Sabe de cada calle y puede contarte la historia de cada una de esas casas que nos impresionan, cuando paseamos por sus angostas y empinadas veredas. Se esmera en la explicación y en el detalle. Lo que se confirma cuando leemos su trabajo, siempre hecho con esmero y con un trazo escritural, que refleja el valor que le da a nuestra extraordinaria lengua. Es un escritor, un intelectual, un pensador de mucha valía. Reconocido por tirios y troyanos, al que una destitución perpetrada por estos ediles del PSUV no debe ocasionarle mayores problemas.

Tengo para mí que estos cabilderos del oficialismo no conocían a Américo Fernández, jamás han leído ni sus libros ni sus crónicas, por eso muy obedientes se circunscribieron a cumplir órdenes de arriba. Pero no todos actuaron de manera tan vil y abyecta, por lo cual me gustaría conocer la trayectoria de Miguel Ávila, jefe de la fracción opositora, de Dayana González, Crismar Barrio, Ada Álvarez y Jeremy Santamaría, quienes rechazaron las arbitrariedades cometidas para destituir al cronista más valorado de nuestro estado.

Ya no me sorprende ver cómo la nomenklatura viola a diario la Constitución hasta convertirla en letra muerta. Por eso que estos concejales desconozcan y transgredan estatutos municipales vigentes, me parece muy propio de su lamentable ejercicio legislativo, como serviles de un autoritarismo parvífico. Pero, de todas maneras, valga recordar que existe una ordenanza desde 1990, que no ha sido derogada, que contempla que el cargo de cronista es vitalicio por su carácter académico e histórico.

Agridulces

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