sábado, 24 febrero 2024
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Alcancías de la memoria

La disminución del presupuesto, la partidización, la indiferencia hacia la preservación del patrimonio y la constante política de arrase y refundación han sido más destructoras de bibliotecas que el fuego, el agua y los insectos.

@diegorojasajmad

Al personal activo y jubilado de la Biblioteca Febres Cordero, en Mérida

Las bibliotecas son alcancías de la memoria e incubadoras de la imaginación.

Sin ellas, la perspectiva de futuro se achica, el presente se amodorra y el pasado es cada vez más plastilina en manos del poder.

Pero en nuestro país, las bibliotecas son cada vez menos.

Según la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas, la cantidad ideal de bibliotecas sería la de una por cada tres mil habitantes, y la Asociación Internacional de Bibliotecas Metropolitanas recomienda la creación, en los barrios, de una biblioteca por cada quince mil habitantes. Si sacamos cuentas, veremos que en la Venezuela de hoy deberían existir aproximadamente entre dos mil y nueve mil servicios bibliotecarios, según la política que se adopte.

En Las cifras del libro y las bibliotecas en Venezuela se afirma que hasta 2002 existían 683 bibliotecas en todo el territorio nacional. Luego de 21 años, sin datos y en una situación de permanente acoso, saqueo y conflicto, es de suponer que la cifra ha disminuido drásticamente.

Varias bibliotecas han cerrado debido a que no lograron resistir a sus enemigos naturales: los insectos, el agua, el fuego… pero, de todos, el que más daño ha causado es el mismo ser humano, con sus desvaríos, exclusiones, censuras y fanatismos.

Dice Richard Ovenden en Quemar libros: una historia de la destrucción deliberada del conocimiento (Planeta, 2021), que la famosa Biblioteca de Alejandría -el centro del saber de la antigüedad que logró encerrar el universo en rollos de papiro- no desapareció en realidad por el fuego, como comúnmente se afirma:

“La causa última de la destrucción de la biblioteca fue la falta de supervisión, liderazgo e inversión que imperó durante siglos. […] Alejandría es un relato admonitorio del peligro que conlleva el creciente deterioro debido a la escasez de fondos, la falta de consideración prioritaria y la indiferencia general hacia las instituciones que conservan y comparten el conocimiento”.

Desde hace algunos años el mismo peligro acecha a una de las bibliotecas más importantes de Venezuela: la Biblioteca Febres Cordero, ubicada en la ciudad de Mérida. Esta está a punto de desaparecer por la desidia del Ministerio de la Cultura, la Biblioteca Nacional, la Gobernación y la Alcaldía. La disminución del presupuesto, la partidización, la indiferencia de esas instituciones para la preservación del patrimonio y la constante política de arrase y refundación han sido más destructivas que el fuego, el agua y los insectos.

Solo la mística, el compromiso y el amor del personal de la Biblioteca Febres Cordero han logrado contener momentáneamente el desastre.

Año tras año se veía en la Biblioteca Febres Cordero el lento trabajo de destrucción por la falta de presupuesto: las máquinas lectoras de microfilm se fueron dañando una a una, sin posibilidad de reparación. Robos nocturnos por falta de vigilancia. Bajos sueldos del personal. Ausencia de bombillos y, por último, una filtración que fue creciendo por el techo de la biblioteca. Luego de varios meses de solicitudes y promesas del ministro de Cultura, finalmente enviaron una cuadrilla de trabajadores que retiró el manto asfáltico y dejó el techo así, desnudo, sin protección. Han pasado varios meses más y ahora llueve a cántaros sobre los libros y sobre la red eléctrica de la biblioteca. De seguro vendrán más promesas y amagos de trabajos y de preocupación.

La Biblioteca Febres Cordero resguarda una colección valiosísima, de miles de libros raros y únicos, de cientos de periódicos de diversos estados del país, de decenas de hojas sueltas, cartas fotografías y manuscritos… Aquel monumento del saber que construyó Tulio Febres Cordero (1860-1938), y que luego su hijo José Rafael siguió alimentando durante el siglo XX, es nuestra Biblioteca de Alejandría. Así de importante es.

Salvemos esta biblioteca.

De perderse esa valiosa colección, sería un paso más hacia el abismo.

Otras páginas 

– Nave espacial, máquina del tiempo, maestro, amigo y puerta: “No es solo una biblioteca. Es una nave espacial que te llevará a los confines del universo, una máquina del tiempo que te llevará al pasado lejano y al lejano futuro, un maestro que sabe más que ningún ser humano, un amigo que te divertirá y te consolará y sobre todo una puerta a una vida mejor, más feliz y más útil”. Isaac Asimov.

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