domingo, 3 de julio de 2022

Edith Salcedo: una vida consagrada al canto  

Viajó mucho y le cantó a los nacionales de aquellos países que visitó en nuestro maravilloso español, lo que le permitió mostrar su gran talento para la música.

Viajó mucho y le cantó a los nacionales de aquellos países que visitó en nuestro maravilloso español, lo que le permitió mostrar su gran talento para la música.

En estos tiempos de olvidos premeditados, de indiferencia por ignorancia, fanatismo o venganza, de intolerancia y de las más míseras e inenarrables mezquindades, estamos obligados a impedir que la amnesia del siglo XXI sepulte el recuerdo de los que han partido, y mucho más si los hemos conocido y re-conocido. Es el caso de Edith Salcedo, esa gran artista nacida en Ciudad Bolívar cuando la radiodifusión era -junto a la prensa- el medio de mayor penetración en los hogares de Venezuela. Entre el nacimiento de la radio (1926) y el de Salcedo (1937) sólo hay 11 años. La radio, en ese corto recorrido, se constituyó en expresión de modernidad y se insertaba -junto con el país- en el siglo XX, que se inicia después de la muerte de Gómez en 1935, como lo apuntó Mariano Picón Salas.

Los micrófonos amplificaron la voz de Edith Salcedo, que con apenas 4 años ya sabía que su vida estaría consagrada a la música. Uso el verbo “consagrar” de manera deliberada, porque fue una vocación rotunda la que le impuso esa entrega total al canto. Por esta razón, seguramente, ella nunca tuvo los desplantes de ese divismo posturoso y artificial, propios de esas vedettes de trajes ajustados con raja lateral, sobredosis de panqué y peinados batidos y enlacados, coronados con extravagantes copetes.

Ella sabía que tenía su espacio junto a otras grandes, como Magdalena Sánchez, Adilia Castillo, Isabelita Aparicio, Estelita del Llano, entre otras, quienes pisaban fuerte y firme en los escenarios nacionales. No se amilanó y además de triunfar en su propio patio, tuvo la confianza y la valentía suficientes para conseguir el éxito en países tan distantes y difíciles como Japón, Tailandia y Corea. Lo logró también en Italia, Francia y Portugal. México y Estados Unidos la escucharon, por primera vez en 1964, su gran año. Que también lo fue para Venezuela en la consolidación de la democracia, que abrió caminos y ofreció todo tipo de oportunidades a los venezolanos.

Viajó mucho y le cantó a los nacionales de aquellos países que visitó en nuestro maravilloso español, lo que le permitió mostrar su gran talento para la música. Que como se ha repetido hasta la saciedad es el lenguaje universal por excelencia, ese que no conoce barreras ni fronteras. Pero igual sedujo a los japoneses con una versión nipona de Moliendo Café, la conocidísima canción de Hugo Blanco.

Se la escuchamos en varias oportunidades en vivo y a capela. Porque Edith vivió muchos años en Ciudad Guayana. Aquí se aclimató hasta hacerse parte de la comunidad. Tuve el privilegio de ser su vecina, que fuera mi alumna y compartir con ella en innumerables oportunidades. Por cierto, no necesitó alcohol para mostrar su alegría y divertirse con quienes le rodeaban.

Se integró a la Casa de la Cultura piloteada por nuestra inolvidable Goyita Osorio, y se dedicó con ahínco a dar lo mejor de sí en la dinámica cultural que se desarrollaba en esta ciudad. En esta institución se ofreció un programa de “Promotores Culturales” acreditado por la Universidad Simón Rodríguez, y ella fue una de sus más animadas y comprometidas estudiantes. Allí tuve la oportunidad de dictar una materia, y puedo dar fe de su disciplina, entusiasmo y pasión cuando se trataba de hacer suyos conocimientos y saberes.

Nunca la escuché alardear de sus triunfos, pero sabíamos de estos porque fue una artista muy destacada y respetada. Quise escribir sobre ella, por eso vi una oportunidad cuando dos estudiantes de la UCAB -Estefanía Todisco y Jorge Osorio- me pidieron que les sugiriera un personaje para una semblanza. Les hablé de Edith Salcedo, quien les dio mucha información sobre su vida, trayectoria, éxitos, obstáculos. Como tutora de ese trabajo de grado hice el seguimiento de los avances, de los logros y supe de otras facetas de este personaje. Del que nunca se conocerá lo suficiente, debido a su riqueza existencial y a su multiplicidad de vivencias, cuya andadura se inició cuando apenas era una niña de 4 años.

Nació para ser artista y hubiese muerto feliz cantándole a la gente en algún escenario. Edith Salcedo fue íntegra, auténtica, genuina, cálida, dulce y generosa como persona y como artista, que lo fue hasta el último día de su vida el 14 de febrero de 2022.

Agridulces 

El IGTF debe ser para pechar las enormes riquezas que ha acumulado la cúpula, sus acaudalados cortesanos y la muy variopinta fauna de enchufados, militantes en el colectivo (VAGOS). Esto es: “Vanguardia Antimperialista Gamberra, Ociosa y Socialista”. Porque el 90% sólo puede hacer minúsculas y miserables transacciones con sus exiguos ingresos, que a duras penas alcanzan para mal comer.    

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