sábado, 28 de mayo de 2022

Acoso en el ocaso de Domingo

El feminismo en estos tiempos del me too es excesivo, porque en nombre de la igualdad se profundiza la brecha entre el hombre y la mujer. Se fomenta un odio contra el varón que tendrá graves consecuencias en la juventud.

Los domingos ya no son tan plácidos para el tenor español, denunciado por la agencia Associated Press de acoso sexual. Un reportaje se convirtió en la guillotina, desde donde se pretende decapitar a esta figura de la música. El mismo que dirige filarmónicas en Europa o Estados Unidos, es figura central de la ópera al interpretarlas o dirigirlas, entona un bolero o una ranchera en solitario o a dúo, apadrina artistas emergentes o participa en una zarzuela, género en el que los padres de Domingo se destacaron tanto en España como en México, adonde llegaron en 1946, cuando él tenía cinco años.

Hasta este 2019 su vida había discurrido sin mayores escándalos, pero llegó el “me too” capitaneado por el feminismo talibán -con la hoz y el martillo en ristre- y mandó a parar, como el comandante de la canción de Carlos Puebla. En un reportaje nueve mujeres denuncian que fueron acosadas por el tenor español. La soprano que da la cara dice que aquello ocurrió hace 30 años, cuando ella cantaba, porque hoy trabaja en bienes y raíces. Un bisoño cursante de primer año de derecho sabe que la ley no es retroactiva, pero los tribunales mediáticos no se acogen a aquella irretroactividad y hurgan en el pasado hasta desenterrar la carroña, aunque esté prescripta. Lo importante para esta gente es acosar y acusar, lo que activa la hipersensibilidad de ese feminismo recalcitrante, que tanto daño está haciendo a quienes pone en su mira.

Cuando conversaba con unos amigos sobre el tema dije que un hombre como Domingo -con esa estampa, ese talento y ese poder- seguro había sido acosado por muchas mujeres. Estoy segura que esto fue muy frecuente, sin embargo, nunca se escuchó una queja o reclamo que trascendiera mediáticamente. Cualquiera de nosotras sabe que los recursos de la seducción femenina han sido usados, desde siempre, para alcanzar algunos propósitos. En todos los escenarios de la vida muchas acuden a sus encantos más visibles, pero si aquellos no son suficientes se valen de mañas y astucias, pero no se van con las manos vacías.

Eso ocurre en la cotidianidad de la existencia, pero también lo vemos en todo tipo de diligencias, en el mundo laboral, artístico y hasta en el académico, donde se produce un intercambio de acosos entre quien tiene el poder aprobatorio y quien requiere el favor, en especial si su desempeño no ha sido el mejor. Yo que he pasado casi toda mi vida en un aula de clase -como alumna y como docente- doy fe que he visto acosos de muy bajas estofas para conseguir notas aprobatorias por parte de mujeres que han obtenido títulos, reconocimientos y hasta ascensos con artimañas, intrigas y trampas. Pero de eso no se oye nada.

El feminismo en estos tiempos del me too es excesivo, porque en nombre de la igualdad se profundiza la brecha entre el hombre y la mujer. Se fomenta un odio contra el varón que tendrá graves consecuencias en la juventud. Por supuesto, sabemos que este feminismo encarnizado es una de las banderas de la izquierda, que necesita recuperar espacios en la escena politica mundial. Cobijarse con el feminismo ha sido toda una marrullería, pues nadie puede oponerse a una lucha tan justa, que reivindica los derechos de las mujeres.

Este feminismo ultroso busca la unanimidad global. Todos debemos arrodillarnos y aprobar, sin chistar, cualquiera de sus denuncias y acusaciones. Las juezas de este tribunal sentencian y condenan desde los platós de los medios de comunicación. Una vez que aquello ha sido difundido el acusado tiene pocas posibilidades de defenderse, debido a que muchos MCS son abiertamente feministas. Es lo que ha ocurrido con Plácido Domingo, quien ha expuesto sus alegatos a través de un comunicado de sus asesores. Lo que no evitó que sus contratos en Estados Unidos fueran suspendidos, y claro, ser expuesto al odio y al rechazo planetario. Pero cantó en Salzburgo, y fue ovacionado y vitoreado antes y después del concierto, lo que desató una andanada de consignas de brochas gordas por parte del feminismo inquisitorial.

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